Hay restricciones a la libertad de prensa

Bueno, muchas gracias, buenas noches. Yo voy a tratar de no ser extensa, para que todos podamos comer, porque no hay cosa peor que estar esperando. Pero me gustaría hablar de este tema, de la libertad de expresión. Y perdónenme, yo no voy a estar como Mariano Grondona, pero voy a tener que hablar de los griegos -porque parece que están monopolizados-. Pero me parece interesante hablar de esta relación conflictiva entre la verdad y el poder, que incluso es el eje del Instituto que nosotros creamos. Porque creo que esta relación conflictiva entre verdad y poder es una relación que excede la Argentina, que está atacando profundamente a Occidente, de la que en todo caso los editores de la prensa escrita son las primeras víctimas. Porque la indagación y la verdad se han convertido en entretenimiento y espectáculo. En consecuencia, es muy difícil la verdad en esta relación de conflicto con un poder, que también se ha convertido en entretenimiento y espectáculo.

Lo segundo que me gustaría decir, es que voy a remontarme allí para poder explicar de qué manera hay una sola forma de enfrentarse al poder, que es el testimonio, y no hay otra. Que no hay mecanismos corporativos cuando una cultura se cierra. Que sólo se abren las culturas cuando entre lo que se dice y lo que se obra hay una absoluta coherencia. Y que la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace es lo que rompe la cultura autoritaria.

Lo tercero, es que los países, sin darse cuenta, se levantan un día en dictadura. Que, en consecuencia, si no hay hombres y mujeres en esos países que adviertan a tiempo y con testimonio, un día todo un país se da cuenta de que ya nadie puede hablar. Y esto, me parece que se está iniciando, en la Argentina, de manera peligrosa. Lo digo con todas las letras, porque además no tengo nada que esconder. Pero, posiblemente, si los mecanismos no operan, cuando nos demos cuenta ya sea demasiado tarde.

Quizás el concepto más claro de lo que es la indagación, que es la fuente de la libertad de expresión -es decir, el testigo, el que vio, el que puede describir-, esté en el “Edipo Rey” de Sófocles. Porque ahí estaba Edipo, que era un rey en exceso, un tirano: exceso de poder, exceso de mujer, exceso de hijos; que para poder mantener su poder tuvo, de alguna manera, que castigarse a sí mismo. Entonces, entre el nivel de la profecía, que era Tiresias, que le decía que finalmente él había matado a Layo, y el pastor del Citerón, que es quien dice que le entregó a Polibio, ese pastor es el que finalmente prueba que es él, el hijo de Layo y matador de su propio padre.

Esto era absolutamente impensado en Grecia. Porque, en realidad, la verdad no se dirimía por quien vio y quien puede testimoniar, y quien describe lo que vio, sino que el pleito siempre era ganado por el que hablaba mejor, pero no por el que daba información sobre qué hecho ocurrió y quién lo cometió. Ahí nace, en realidad, la libertad de expresión como libertad de información, como deber de informar. Y también surge, por esa misma época, que después va a ser totalmente oscurecida hasta el siglo XIII ó XIV, una noción que a mí me parece importante, para los griegos de ayer, pero sobre todo para nosotros hoy. Es el concepto de parresía.

Cuando en una de las tragedias Yocasta habla con Pollinice, que es uno de sus hijos, la madre le pregunta a su hijo “¿Qué es lo que más perdiste en el destierro?”, y él dice “la parresía”, que es la posibilidad de hablar. Porque en el extranjero no se puede hablar. La parresía es poder hablar, poder decir, y sobre todo decir la verdad. La parresía tiene un concepto positivo, que es decir la verdad. Y un concepto negativo, que es ser charlatán.
Pero decir la verdad, en la parresía, no es decir “Argentina es un país que está en América del Sur”, porque es una verdad sin un riesgo. La parresía implica decir la verdad frente al poder. Y decir la verdad frente al poder, implica asumir el riesgo de la persecución por parte del poder. En tercer lugar, consiste haber decidido, en su vida, que es más importante como obligación moral, decir la verdad que asumir el riesgo. En consecuencia, no hay víctimas para los perseguidos por la libertad de expresión, porque en todo caso hay un deber moral que es inexcusable, que es superior a la posibilidad de la cárcel.

No creo, en consecuencia, y yo agradezco profundamente que me hayan invitado acá, pero no me siento víctima, porque como dice Kierkegaard, “yo decidí qué hacer con mi vida”. Yo decidí que no me iba a entretener, y que en todo caso tres años de cárcel es mucho menos que perder la dignidad frente a crápulas y canallas. Es así de simple y de sencillo.

Ahí nace, en realidad, la libertad de información, y de alguna manera, la libertad de expresión y de prensa. Y la vocación. El periodista es una parresiasta, si asume el riesgo que tiene que asumir. En el fondo, en la vocación de cualquier periodista nato, de los cuales debe haber muchos de ustedes, otros no, está ese asumir el riesgo, porque el periodismo fue eso siempre. Por lo menos el periodismo vocacional.

La modernidad va a retomar esto, y la modernidad va a hacer, en todo caso en la época republicana de la libertad de expresión, su estandarte, recuperando la parresía griega: la libertad de poder expresarnos. Esa era la garantía de la república. Esto está en juego en Occidente, digámoslo con todas las letras. Porque en realidad, de una modernidad basada en la libertad de expresión y en la búsqueda de verdad, hoy el malestar profundo de Occidente es también su cinismo. La libertad de expresión se ha convertido en un negocio capitalista más. Los medios de comunicación masivos, básicamente la TV, se han transformado en el espectáculo público por excelencia, que hacen espectáculo de la tragedia de la vida cotidiana, un espectáculo de la política, y un espectáculo de las miserias de la comunidad. Pero no hay información. Hay entretenimiento brutal para la pérdida del sentido de la vida en que ha caído Occidente.

Ese divorcio, que ustedes escuchan hablar muchas veces, que hay entre la verdad que hay que decir y la pragmática que hay que tener con el poder, ha enviciado la democracia, ha enviciado la república y ha enviciado la modernidad. Primero se hicieron acuerdos en aras del pragmatismo político. Había que acordar con presidentes, con gobernadores, y finalmente los políticos se convirtieron en empresarios. Si no, pregúntenle a Manzano. Algunos empresarios se convirtieron en presidentes, si no pregúntenle a Berlusconi. Ambos respondían a una misma pragmática del poder, pero en el medio se perdió la verdad y se enviciaron las vocaciones.

Entonces, de repente -aunque no de repente- aquella descripción maravillosa de Maquiavelo de lo que era antes de la modernidad, pero que fue tomado como realidad en la modernidad, nos obligó a un doble discurso. Discurso de las libertades públicas, discurso de la razón, discurso del progreso. Por el otro lado, el pragmatismo de la realidad, de los negocios, de los acuerdos, de las entregas, de las concesiones. Así el poder se empezó a medir, y también la pérdida de la verdad, no tanto por lo que se decía -ustedes lo saben bien, son editores- sino por lo que se escondía. El poder no está en lo que se dice: el poder está en lo que se esconde y en lo que no se dice.

Entonces, ese mismo cinismo en que en definitiva cayeron muchos, terminó también no sólo privando de libertad de expresión a las propias vocaciones periodísticas, sino privando del derecho a saber en que se fundan las sociedades democráticas modernas. ¿Cómo es posible que los pueblos decidan si lo que tienen que saber no pueden saber, porque no se puede publicar? O si cuando se tiene que publicar, en realidad es tarde. Porque tanto en Occidente como acá, el juicio es de residencia, es posible hablar de la verdad del poder que se fue y que cayó, y no es posible hablar del poder que gobierna.

Yo he perseguido a Menem eternamente. Pero, en realidad, esto es juicio de residencia. ¿De qué vale juzgar a un presidente cuando ya todo sucedió? Es casi como juzgar a Hernán Cortés después de que liquidó a todos los indígenas de América. Por eso es preciso decir antes, porque ya no estamos en juego nosotros. Yo no sé si nosotros vamos a ver otro país y, si en todo caso, vamos a ver otro Occidente. Pero seguramente alguna vez nuestros hijos han de decir que alguna ética, que alguna vergüenza nos quedó.

La figura del crápula, que en este caso, con perdón de las opiniones diferentes, representa el ex-presidente Menem en la Argentina, es un figura que opera como comodín de los cínicos. Porque cualquiera es bueno frente a un crápula. Entonces, los que roban menos, creen que son honestos porque alguien robó más. Algunos creen que son elegantes, porque es muy fácil ser elegante frente al juicio de residencia del poder que se fue. Esto es lo que acontece en la Argentina hoy. Lo que acontece en la Argentina hoy, es que parece que son decentes porque se enfrentan a un crápula, sin analizar si ellos mismos son decentes y si hay contrato moral. La pregunta puede seguir siendo la verdad: si han robado o no han robado. Y no cuánto robaron, ni en qué dimensión.

La situación no es fácil. No es fácil porque los medios están endeudados. No es fácil porque los medios de provincia dependen de la propaganda oficial, y si no, no hay medios. Porque, en definitiva, muchos editores del interior se han constituido en corsarios que tienen que pagar patentes de corso para seguir subsistiendo, y tienen que acordar, porque si no, no subsisten empresarialmente. Es muy difícil en las provincias argentinas. Sobre todo, cuanto más chicas, más difícil es la libertad de expresión. Y ya la libertad de poder mantener un medio sin depender del gobernante de turno.

Es difícil en el país, porque los grandes medios están profundamente endeudados, y también se han convertido en corsarios. Como un ex-presidente del Banco Central, cuando yo investigaba la comisión del lavado de dinero, que decía “nos convirtieron en corsarios”. Él pertenecía al Banco Río, saben a quién me estoy refiriendo. Lo dicen los prestadores del PAMI: “nos convertimos en corsarios, y terminamos pagando coimas”. Y si alguien dice lo que no corresponde, quitan la propaganda oficial. Hoy otorgan propaganda oficial para condicionar medios, para condicionar audiciones. Y ustedes ven ya las diferencias en propagandas y aportes que se hacen con algunos medios, sobre todo de comunicación masiva.

La expresión de Yoma es muy clara. En realidad, hay una mecánica del poder muy clara: van a extorsionar, y van a vaciar tanto como sea necesario, para poder dominar. Porque la voluntad de dominio es superior a la voluntad por la república. Es así de simple y de sencillo. Porque la disputa por el poder, es superior a toda vocación por la libertad. Entonces, para mí, sólo hay dos alternativas. Una, que no la van a hacer ni los gobiernos provinciales de turno, ni el gobierno nacional de turno -salvo un nuevo contrato moral en la Argentina-, que es poder separar las propagandas oficiales, y que vayan a un fondo estatal no gubernamental, para que sea repartida equitativamente. La solución no está en quitar financiamiento, porque no subsistiría la libertad de expresión. Pero sí está en un fondo estatal no gubernamental, que reparta equitativamente los fondos estatales a los medios, sobre todo en las provincias. En algún momento eso va a tener que llegar, lo cual va a permitir la independencia del medio respecto del gobierno de turno, y la posibilidad de financiamiento estatal.

Mientras el contrato moral en la Argentina no vuelva, esto va a ser imposible, porque es contrario a los intereses del mantenimiento en el poder de cada gobernador, cualquiera sea su signo político. Sólo una reacción colectiva muy fuerte va a cambiar esto. En términos nacionales, sólo basta investigar el origen de los fondos de los grandes medios. Es imposible que un país civilizado no sepa de dónde viene el dinero que se invierte. Es imposible que tengamos medios de comunicación, sobre todo en materia de TV, que nadie pueda responder. Yo puedo responder de si ustedes me gustan o no me gustan, si uno es más o menos malo, pero no sé de dónde son ni de dónde vienen. En la Argentina no sabemos dónde están los fondos, ni de dónde vienen los fondos. Ojalá que no estemos siendo financiados mediáticamente por el narcotráfico, pero es sólo una expresión de deseos. Parece que la realidad es distinta.

La otra salida es el testimonio. Hace 6 ó 7 meses, nosotros venimos hablando de la lenta pero clara restricción a la libertad de expresión en la Argentina. Bastaba hablar con los periodistas, para saber que una coma era corregida, que cada funcionario hablaba, y había periodistas que hasta se congraciaban de que el presidente les hablaba después de una entrevista, para hacerse amigos. Eso es mentira, eso es presión. Yo lo puedo decir acá, porque todos saben que yo jamás hablé a una editorial o a un periodista para que corrija una información. Y ustedes saben muy bien las operaciones a que fui sujeta, la difamación a la que fui sujeta, donde “loca” y “mística” fue lo menos que se me dijo. Sin embargo, nunca hicimos un reclamo. Porque la otra decisión que habíamos tomado, era la de que era más importante la libertad de expresión, aún en el abuso, que la queja. Que la queja podía ser tomada como una forma de presión a los medios. Por eso puedo hablar con esta tranquilidad ahora: nunca pagué a un periodista y nunca llamé a un medio, en diez años de vida política.

Muchos de ustedes saben que tampoco recibo a lobbistas de empresas. Pero que si tengo que defender la libertad de expresión en el Parlamento, no me tiembla la mano para defender la libertad de expresión de esos mismos medios, y no sus negocios, que son otra cosa. Hay que hacer parresía, y hay que dar testimonio. Porque si no dan testimonio ustedes, aún en la persecución y con riesgo, nos vamos a levantar en una dictadura. Parece que soy apocalíptica, pero no es así. Porque las dictaduras de hoy no son las dictaduras de ayer, y el poder no aparece brutal. Simplemente, no se informa, simplemente se entretiene. Simplemente, no aparecen los grandes negocios. Pero esto va a ser como Brecht: algunos van a creer que no les toca a ellos, hasta que un día nos toque a todos. Y es preciso defenderlo con mucha fuerza, no por nosotros, no por nuestros medios, sino por la posibilidad de la existencia en libertad.

Vienen tiempos no fáciles para la Argentina. Yo no quiero decirlo más, aunque siempre tuve razón. A lo mejor, ahora, a la vuelta de la vida, más de uno que me tildó de apocalíptica y loca cuando decía que el gobierno de De La Rua se caía y se llevaban los ahorros, no va a poder negar que finalmente aquello era cierto. El proceso argentino sólo se entiende desde un pensamiento paradojal. ¿Qué quiero decir con esto? Que nosotros vamos a un lento y doloroso cambio del sistema cultural y político, que no tiene que ver, y no es producto del grado de civilización con que estamos operando las reformas, sino precisamente por el grado de barbarie. Donde la disputa por el poder es tan dominial, feudal, mediocre, baja y mafiosa, que va a terminar por implosionar por contradicción. O vamos a tener una larga y lenta agonía, que pagará esta generación y la otra generación.

Cualquiera de los dos caminos no es fácil. Pero ya no hay lucidez para darse cuenta de que sin cultura, el poder se muere por esclerosamiento. Ya no hay lucidez para darse cuenta de que sin un poco de verdad los países se asfixian. Ya no hay lucidez en la clase dirigente para darse cuenta de que en esta transa y retransa que ahora pone a millones de pobres como ejércitos en la lucha por el poder, no hay destino.

El caso de San Luis es escandaloso. Pero es un espejo que hay que mirar. En el caso de San Luis se enfrenta a la sociedad, y se toma en nombre de la inclusión social a ejércitos de pobres para enfrentar a las clases medias. Se dictan leyes con los viejos delitos de imprenta. Cuando esas cosas vuelven, vuelven para quedarse. Intentan una vez, intentan dos veces, y después lo hacen. Yo no estoy preocupada, si estamos dispuestos a dar una pelea frontal, más allá de las diferencias ideológicas. Este país merece un sistema político más sano. Pero eso depende de su clase dirigente, y su clase dirigente no es sólo política. Necesita un contrato de decencia y un contrato moral. En la lucha de patotas no se puede vivir. La opresión de los pueblos es la mentira, como dijo el cardenal Bergoglio. Hay algo de la dignidad, hay algo del honor. Hay algo del relato de nuestros abuelos, que nos tiene que surgir de algún lugar. Y no es cuestión de criticarnos. Es cuestión de sacar lo mejor de nosotros.

En algún lugar de nuestra historia, en algún lugar de la historia de nuestros abuelos, o de nuestros padres, debe haber un poco de dignidad para preservar lo poco de república que nos queda. Muchas gracias.

Pregunta: Desearía preguntarle sobre un tema que a mí personalmente me dejó muy frustrado. Cuando usted era parlamentaria, estuvieron importando de los EEUU decenas de cajas sobre supuestas pruebas de lavado de dinero del régimen presidencial anterior, y todo eso quedó, a mi juicio, en aguas de borrajas. ¿Qué es lo que ocurrió? Usted tiene responsabilidad en eso ¿Cuál es la respuesta? ¿Qué aclaración me puede dar en ese asunto?

Dra. Carrió: Primero, nosotros hicimos un informe de lavado de dinero contra todo el gobierno y contra todo el sistema financiero argentino. Lo hicimos, exclusivamente, cuatro diputados nacionales. Las conclusiones, en la más absoluta soledad, y en medio de operaciones de contrainteligencia de todos lados, con la sola ayuda de los EE.UU., pero no de la embajada de los EEUU sino del Senado, porque también teníamos en contra a la embajada de los EE.UU.. De modo tal que ustedes imaginen que yo soy gorda, periférica, provinciana y marginal. Las conclusiones de ese dictamen fueron las siguientes. Primero, que el banco que había lavado el dinero de la corrupción en la Argentina era el Banco General de Negocios (BGN). Citamos todas las causas donde estaba el BGN. Después determinamos el tema del BCCI, y el lavado del narcotráfico, el caso del banco Velox, el caso del Banco Galicia. Conforme a eso, hicimos una denuncia penal. Eso fue el 18 de noviembre del 2001. Hicimos la denuncia penal, habíamos hecho las escuchas del BGN, habíamos mandado la información a la justicia. Se detuvo a uno de los hermanos Rohm.

Es decir que, consecuencia directa de la investigación, es el cierre del BGN y la prisión preventiva -todavía hoy- de uno de los Rohm. Esto fue el 30 de enero. Cuando se iba a ir por otros bancos, la otra información es el cierre del Banco Velox, con orden de captura internacional para los Peirano de Uruguay. Paramos las inversiones de Mullford y de los Peirano en Uruguay, que se iban a apoderar de todos los medios de comunicación de Uruguay.

Esto determinó, además, la investigación del Banco Comercial y del Banco de Montevideo. Que eran, además, del BGN de Escasany. Digo, para que se vean las consecuencias hasta allí.

Viajamos hasta Suiza, y allí determinamos las cuentas del ex-presidente Menem, que hoy se están investigando: son las cuentas que nosotros trajimos de Suiza. Como no había ley de lavado de dinero, nosotros fundamos la denuncia en la de subversión económica, que era la única ley que permitía por vaciamiento hacer esto. Esto fue el 30 de enero, que detienen a Rohm. El 20 de febrero, el FMI pide la derogación de la ley de subversión económica. Ese pedido de derogación estaba destinado a que no se siga investigando la denuncia de la comisión de lavado de dinero, y estaba hecha a pedido de los bancos. Porque el BGN no es de los Rohm, es del Chase Manhattan, del Credit Suisse, y del Dresner Bank. También se produjo la caída del presidente del Credit Suisse de Suiza.

Digo, ¿sabe lo que a mí me preocupa en este país? Que uno es una leyenda en América Latina, porque somos los únicos que hicieron caer bancos y descifraron el sistema financiero, que denunciaron que se llevaban todos los ahorros en la Argentina ¡cuatro meses antes!, y todavía en la Argentina tenemos que seguir dando explicaciones de lo que hicimos cuatro diputados nacionales en la más absoluta soledad, sin ayuda de nadie, y bajo las más terribles operaciones de deslegitimización que yo haya conocido.

Además, nosotros no teníamos el rol de administrar justicia. Yo era diputada de la nación. Hicimos la denuncia en los EE.UU.. Conseguimos la intervención del Senado de los EEUU. Conseguimos que el Senado de los EE.UU. secuestre la documentación e investigue al City Bank. Hoy el City Bank está siendo investigado en EE.UU.. Conseguimos traer las pruebas a la Argentina. Conseguimos incorporar pruebas, por ejemplo, las pruebas al caso de las armas, todas las cuentas, todas las operaciones de las coimas en Uruguay, que son las que permitieron avanzar en el caso de las armas.

En el caso de la operación de contrainteligencia, aquella que me acusaron de mentirosa, yo voy a dar una explicación. Nosotros no teníamos claro si era cierto o no. Cuando nosotros viajamos, yo me asesoré en distintas partes del mundo: podían ser cuentas swift. La única posibilidad de saber era que llegue un exhorto a Suiza. Nosotros trabajamos en secreto, y alguien se tenía que jugar. ¿Saben quién se tuvo que jugar? Nosotros. Yo tuve que poner la firma para que llegue ese exhorto a Suiza, y ese exhorto fue el que posibilitó la aparición de las cuentas. Si yo no firmaba ese escrito, el exhorto no llegaba. Por supuesto que lo siguen haciendo mal los jueces dos años después, y las cuentas no aparecieron.

Entonces, es muy difícil explicar qué es lo que se hizo en la Argentina. Dicen: “Carrió hizo esto, y no pasó nada”, y desvincularon las consecuencias judiciales. Es decir, nadie dice en la Argentina que las cuentas de Menem son las que nosotros encontramos. Nadie dice en Argentina que el cierre del BGN es la consecuencia directa de la investigación del lavado de dinero, y que ellos están presos por esa denuncia. Nadie dice que lo que dijimos sobre el Banco Velox determinó que no hiciera entrar a los Peirano en Brasil. Entonces, yo les preguntaría a ustedes: ¿por qué no conectaron? Les voy a dar la respuesta: si conectaban, yo era presidente de la república. En consecuencia, me parece que estaba dentro de las reglas de poder que yo acepté, que no dijeran.

Fueron dos campañas muy claras. Que no habíamos hecho nada en la comisión de lavado. La pregunta que yo les hago es: ¿qué legisladores de América Latina, o de Argentina, hicieron algo? ¿Qué gobierno hizo algo? Yo peleé contra mi propio gobierno. Cuando nosotros acusamos a Cristian Colombo, jefe de gabinete de la Alianza, de tapar la investigación de lavado de dinero, y de estar asociado al City Bank, me dijeron que era mentirosa, y me acusaba el jefe de gabinete en todos los diarios, y salía mi cara. Hoy es el socio de Willy Stanley en la compra del Havana, gerente de relaciones exteriores del City Bank.

El problema, entonces, es que es imposible hacer un relato cuando el relato se fragmenta. Nosotros éramos diputados nacionales, que hicimos todo lo que pudimos hacer, con muchos errores. ¿Sabe una cosa? A veces yo no sabía ni sumar ni restar, porque en todo caso era una académica. Cuando con Gustavo Gutiérrez, que está acá conmigo, nos llevaron las pruebas, decidimos si éramos cómplices o no éramos cómplices. Y tuvimos que aprender. Nadie nos ayudó. Porque hasta los que nos “ayudaban” vendían información. Fuimos a una comisión de lavado, que ahora se sabe, eran informantes directos de Moneta, caso Scioli. Otros, tenían intereses en Mercado Abierto, que recién me entero ahora, y en consecuencia no firmaban el dictamen.

Hicimos lo que pudimos, en el marco de lo que aprendimos. Y avisamos a un país que se llevaban puesta a la Argentina. Que se llevaban la república, y que se vaciaban el país en 5 meses. Nos dijeron que estábamos locos. Tres meses después vino el corralito, se llevaron puesta a la Argentina, se vació la Argentina, y cayó el gobierno de De La Rua. Es injusto recorrer los países del mundo y ser tratada como la persona que logró algunas cosas, y venir a la Argentina y que te sigan preguntando qué pasó con las cajas. Si, en todo caso, no preguntan a los jueces qué pasó con la justicia en la Argentina, no les preguntan a los gobiernos qué pasó, y no les preguntan a los directores del Banco Central qué hicieron con el Banco Central y con el control de los bancos.

En todo caso, mal o bien, le preguntan a los únicos que hicieron algo, y eso es una injusticia. No por mí. Es porque, en todo caso, nadie va a querer hacer nada, si éste es el costo. En ese camino, yo perdí familia, perdí bienes, y perdí todo. Además, me fui del partido de mi padre, y de la Alianza. Hoy ya no importa. También me enfermé. Porque no era fácil tener que investigar en un departamento, porque teníamos escuchas telefónicas en todos los lugares. Porque no teníamos recursos ni medios. Porque caminábamos a veces llorando, porque ya no teníamos dinero. Donde Gustavo Gutiérrez, que está aquí sentado, fue acusado de todas las cosas que se puede ser acusado, que se le cerraron todas las cuentas, donde le quebraron la empresa, donde lo persiguieron familiarmente, donde amenazaban a nuestros hijos. Además, nos pedían que estuviéramos prolijos, y que nos pusiéramos tailleur. ¿Qué se creen? ¿Qué cuando uno está en la trinchera está prolijo? ¿Qué uno puede cuidar la estética cuando se está enfrentando a los mafiosos?

Ahora sí tengo tiempo, y tengo tiempo de decirles esto. Porque me duele mucho que gente informada, en este país, todavía no reconozca esto. ¿Saben por qué? Porque si un hijo suyo quiere hacer lo mismo, quizás no lo haga, si nadie reconoce a los que hicieron antes.

Pregunta: La pregunta mía venía específicamente a saber cuál fue el resultado práctico de todo esto.

Carrió: Por eso le digo. El resultado práctico son cinco bancos cerrados, presos, uno que salió y murió -que es Pando-, otro que goza de protección de los EEUU y vive en Miami; caída del presidente del Credit Suisse; cambio del directorio del Banco Galicia, y reestructuración, porque si no se caía el sistema financiero argentino. Cierre del Banco Velox. Cierre del Banco Comercial y del Banco de Montevideo, e impedir en Uruguay que avancen los negocios de Mullford. Digo, y las cuentas de Menem en Suiza. Ya es bastante.

De todas maneras, vuelven todos, no se preocupe. González Fraga ya está, Moneta está en canal 9, vuelven todos. Parecen no tener muerte nunca. Y la causa de Moneta que no se puede cerrar porque la tiene Galeano, cuyo íntimo amigo es el representante de Moneta.