Hacia una Gobernabilidad Alternativa realizado en el auditorio del Colegio Carlos Pellegrini

Expositores: Marta Maffei ,Secretaria General de CTERA, José Nun, politólogo, Mario Wainfeld, periodista del diario Página 12, Abraham Gak, Coordinador del Plan Fénix, Elisa Carrió, candidata a presidente de la Nación ARI.

Coordinador General: Fernando Melillo, diputado nacional del ARI.

Fernando Melillo:

Hay un párrafo del tango “Volver” que dice:

“ Tengo miedo del encuentro con el pasado que vuelve a enfrentarse con mi vida,
tengo miedo de las noches, que pobladas de recuerdos, encadenen mi soñar,
pero el viajero que huye, tarde o temprano, detiene su andar”

Nosotros en este Seminario nos queremos hacer cargo de algo que nos parece sustantivo: como sujeto colectivo, la sociedad argentina, es el viajero que huyendo detuvo su andar. Y, en esto, uno de los motivos centrales, como bien lo dice el tango, es el miedo.

Por eso, en este Seminario estamos planteando que hay que enfrentarse con el pasado, con la verdad, que hay que darse cuenta que esas excusas que los argentinos utilizamos como sociedad para encarar las huidas hacia adelante siempre tuvieron como una especie de falsa verdad, un mito, una falacia, que nos permitía engañarnos a nosotros mismos y encarar esa huída.

Hoy se está instalando un nuevo mito, el de que a este país solo lo pueden gobernar grandes aparatos partidarios, grandes esquemas de poder. Y nosotros queremos plantear que hay otra gobernabilidad posible, una gobernabilidad alternativa, que es posible e imprescindible.

Por todo lo anterior, para la primer parte del Seminario, hemos convocado a este panel de expositores, integrado por un politólogo como José Nun, que más allá de sus antecedentes académicos, en esta etapa crucial de la Argentina, se atreve desde su lugar a enunciar, generando polémicas interesantes, que necesitamos, entre otras cosas, pensar en un “nacionalismo sano”. Un politólogo que se compromete.

Convocamos a Marta Maffei, que ya demostró con su lucha en aquella gesta de la “Carpa Blanca”, que hay caminos para instalar a la educación pública como algo central, y que es protagonista de que también hay un sindicalismo alternativo posible, con la fundación y el desarrollo que tiene la Central de Trabajadores Argentinos.

También invitamos a Mario Wainfeld, un periodista comprometido, crítico e insubordinable al poder de turno en todas sus etapas. Además, el Profesor Abrahán Gak, rector de este Colegio Carlos Pellegrini, y coordinador del Plan Fénix, que demostró como se puede desde la Universidad Pública generar un pensamiento económico alternativo al dominante durante todos estos años.

Y, obviamente, por todo eso está aquí una personalidad política alternativa en estado puro como Elisa Carrió.

José Nun:

Buenas tardes, en torno al tema de la gobernabilidad lo primero que quiero subrayar es que en una sociedad capitalista el tema de la gobernabilidad no es ni un tema neutro, ni un tema meramente técnico.

En rigor, el tema de la gobernabilidad apareció en la agenda allá por los años 70 por razones muy distintas a las actuales. En ese momento, los grandes intereses capitalistas empezaron a preocuparse, con las dos crisis petroleras y el aumento de la inflación, por lo que consideraban era el poder excesivo que habían adquirido los de abajo.

Entonces, la crisis de gobernabilidad se debía, literalmente, a un exceso de participación, de igualdad, a que la gente se había tomado demasiado en serio la idea de democracia, y esto debía ser corregido. Esto es el preanuncio del reaganismo, el thacherismo y del ascenso del neoliberalismo.

Hoy en día, para tomarlo en una fórmula sumaria, la crisis de gobernabilidad se debe al exceso de poder de los de arriba, no de los de abajo. Precisamente de esto quiero hablarles, pero como el tema es muy amplio, voy a hacer una primera parte de diagnóstico sobre algunas cuestiones que me parecen centrales y una breve segunda parte sobre algunas soluciones que me parecen posibles para una gobernabilidad alternativa.

Argentina hoy no vive meramente una crisis de representación o representatividad, esto solo es la manifestación de superficie de una crisis mucho más profunda, una crisis institucional orgánica. En una sociedad democrática existe siempre un entramado institucional, social y político, que es el fundamento de la vida ética de esa sociedad y marca razonablemente las condiciones de posibilidad de la libertad.

Este entramado institucional es el modo en que la sociedad pone en práctica sus ideas rectoras. El Sistema Educativo pone en práctica la idea de creación y circulación de conocimiento, el Sistema Judicial pone en práctica la idea del respeto a la ley y protección de los derechos; el Sistema de Salud pone en práctica la idea de que la población cuando está enferma debe ser atendida. Hay un entramado institucional que habla por la sociedad, habla acerca de las ideas que rigen la vida en común.

Cuando este entramado institucional entra en descomposición, como ha ocurrido desde hace años en la Argentina -cuyo símbolo es la gente que no se atreve a ir a hacer una denuncia en la comisaría porque teme que quien lo atienda sea quien lo asaltó- esto es crisis institucional, descomposición institucional. Y cuando sucede, el lenguaje que supuestamente hablan las instituciones pierde sentido. La gente no se reconoce, no entiende nada, se resigna, se repliega, busca alternativas en las adicciones, en las prácticas esotéricas. Así llenan estadios los predicadores que vienen a decir que lo único que hay que hacer es estar 4 horas orando para conseguir trabajo.

La Argentina vive una profunda crisis institucional, esta es la causa de la desesperanza, la fuga, la alienación de amplios sectores de la población. Y es también el estímulo para que muchos sectores busquen crear sentidos alternativos a partir de nuevas formas de solidaridad.

Si el primer tema es la desinstitucionalización de Argentina, el segundo, vinculado al primero pero no idéntico, es la desconstitucionalización. En la Argentina casi ha dejado de regir la Constitución, no hay controles constitucionales y hay distorsiones como la del “Fallo Swift” de la Corte Suprema, una medida cautelar desnaturalizada absolutamente.

Pero si no hay vigencia de la Constitución por traición de los representantes, la Constitución misma es deficiente. Por eso me parece que en este diagnóstico debe entrar la idea de que Argentina necesita un nuevo marco constitucional, porque el marco vigente no es ajeno a las crisis institucionales que ha tenido el país.

Yo le comentaba a Lilita que el decano de los politólogos americanos, Robert Dhal, en el año 2000, al cumplir 85 años, ofreció una serie de conferencias brillantes sobre si acaso es democrática la Constitución de los Estados Unidos. Llegó a la conclusión de que la Constitución norteamericana ni quiso serlo cuando se dictó, ni es hoy democrática.

En este momento hay en el mundo 22 democracias representativas que se han mantenido estables por más de 50 años. El único caso en América Latina es Costa Rica. Al hacer el análisis de estas 22 experiencias exitosas hay una sola que tiene régimen presidencialista: Estados Unidos. Nosotros, no sólo hemos copiado ese sistema, sino que lo hemos empeorado considerablemente, no sólo tenemos un régimen presidencialista, sino que tenemos uno hiper- presidencialista. El Presidente de Estados Unidos no puede declarar el estado de sitio, no promulga leyes, las leyes se aplican como salen del congreso, no existe el veto parcial, que sí puede aplicar el Presidente argentino.

Otro rasgo importante, sobre el que en los Cursos de Instrucción Cívica no se ha dicho nada, es que de esas 22 democracias representativas solo 4 tienen sistema bi-cameral: Estados Unidos, Alemania, Australia y Suiza. El Senado es una institución que ha perdido sentido, si alguna vez lo tuvo, en todo el mundo. A nosotros en la escuela nos contaban una mentira, nos decían que estaba creado como contrapeso, para que sea el lugar de la reflexión, de la maduración. Mentira, el Senado es producto de una negociación de poder.

Si sumamos la población de la provincia de Buenos Aires y la de la provincia de Córdoba tenemos, más o menos, el 47 % de la población de Argentina: tienen tres senadores cada una. Si sumamos la población de la provincia de Tierra del Fuego y la de Santa Cruz, tenemos, más o menos, el 0,8% de la población de Argentina: tienen tres senadores cada una.

Sobre lo anterior es importante darse cuenta que esta desigualdad en la representación, que hace que el voto de un santacruceño a la hora de elegir senador valga 80 veces más que el de un porteño, no es un emergente no querido. Para legitimar la representación desigual existe el senado, porque fueron relaciones de poder, tanto en el caso de los tres estados originarios de Estados Unidos, como de las 14 provincias en la Argentina, las que se comieron una negociación donde las provincias más chicas no querían perder poder frente a las provincias más grandes.

El resultado de todo esto es que si en Estados Unidos, como explica Dhal, la representación es desigual, en Argentina, Rusia y Brasil es infinitamente más desigual. Por eso el Senado es controlado por las provincias más periféricas, no para defender los intereses de las minorías postergadas, sino para defender los intereses de las minorías poderosas. No es casual que estas provincias periféricas sean las provincias semi-feudalizadas de Argentina.

Entonces, el Senado es una institución que no tiene más sentido que el de defender intereses creados, por eso se quedaba tan corto Chacho Álvarez cuando no veía que la corrupción es inherente al funcionamiento del senado. Que el “peaje” es inherente a este tipo de articulación institucional.

El tercer tema que quiero mencionar es la desnacionalización. Hoy en la Argentina lo único que nos queda de nacionalismo lo representa el deporte, por eso la gente se enloquece con deportes que ni conocía como el hockey femenino. La Patria se ha reducido al deporte.

Ahora bien, aquí se ha producido una confusión que me gustaría aclarar: hay un punto donde el neoliberalismo y el estalinismo se parecen como dos gotas de agua, los dos son un feroz determinismo económico, que hace que en ambos casos se llegue a la conclusión de que si se deja operar en uno a la planificación centralizada y, en otro, al mercado, se llegará a la meta de la felicidad colectiva y que en nombre de esa meta vale la pena sacrificar una, dos o tres generaciones. Eso hizo el estalinismo y eso está haciendo el neoliberalismo. En los dos casos se dejan de lado los elementos políticos, sociales, religiosos y se supone que la economía funciona por sí misma.

Estudios historiográficos de reconocida seriedad muestran que el verdadero espíritu del capitalismo es el nacionalismo, desde el año 1600 comienzan a aparecer en Gran Bretaña prédicas sobre la necesidad de construir la Nación inglesa. No hay ningún país capitalista exitoso que se haya desarrollado sin un proyecto nacional. El error es asociar capitalismo e individualismo, esto es accidental, capitalismo e individualismo se han asociado desde el siglo XVIII en Gran Bretaña, Estados Unidos o Australia, pero no ha sido así en Francia, Alemania, Japón y, mucho menos, en los países del sudeste asiático. Y ese individualismo es un individualismo remodelado en función de un proyecto nacional.

Los países que no tienen proyecto nacional son aquellos donde domina el capitalismo de los aventureros, los piratas, los saqueadores. Es el caso de la Argentina, un país donde es candidato a presidente un señor que ha optado por poner las reservas de su provincia en un país extranjero. Cuando uno advierte en lo que se ha convertido nuestro país no puede más que darles la razón a los que muestran la evidencia histórica de que sin un proyecto nacional, colectivo, de desarrollo, es imposible el funcionamiento de un capitalismo exitoso.

Desinstitucionalización, desconstitucionalización y desnacionalización, podría hablar de muchos otros temas, pero por razones de tiempo, centrándonos en estos tres, qué podemos decir en términos de gobernabilidad alternativa.

Hay dos formas de imaginar las elecciones: una es la forma en que la imaginan los grupos de poder, es decir, una válvula de escape. Cada cuatro años o cada dos le permitimos a la gente que destile su bronca para que todo siga igual. La otra es que las elecciones se transformen en un momento de entusiasmo colectivo, que permitan una refundación nacional. Esto tenemos que apostar a que ocurra con las próximas elecciones en la Argentina, porque si eso sucede el problema de la desinstitucionalización, que es el problema de la reconstrucción de la vida ética, de lo que Lilita llama cultura moral de los argentinos, será posible. Será posible a través del Ingreso Ciudadano, a través de una reformulación del Sistema Educativo y de Salud, a través de la creación de fuentes de trabajo, de la regulación.

Si lo anterior es así, el problema de la desconstitucionalización se puede afrontar a través del cumplimiento de las pautas constitucionales, que permiten acusar de mal desempeño a los miembros de la Corte cuando aplican mal las llamadas medidas cautelares auto-satifactivas, porque están violando la Constitución.

Entre tanto, hay que ir planteando un gran debate nacional tendiente a la reforma de la Constitución. Pero hasta tanto se debatan temas como los que mencioné, a los que se suma la democratización de la Constitución con la revocatoria de los mandatos y otras iniciativas, el tiempo debe ser usado para cumplir rigurosamente los criterios constitucionales que hoy son sistemáticamente violados.

Un último punto sobre el tema de la desnacionalización. Las elecciones que nosotros queremos son elecciones enlazadas a la construcción de un proyecto nacional de crecimiento con equidad. Ese proyecto es posible en la Argentina, un proyecto integrador, que parta de una reforma fiscal progresista, que asegure un ingreso ciudadano universal, que fomente la industrialización, que fomente la producción orientada al mercado interno, sin por eso descuidar las exportaciones. Todas cosas que sabemos, que desarrolle un sistema de ciencia y técnica que nos permita explotar las innovaciones para nuestras ventajas comparativas. En definitiva, que una trabajo, ciudadanía y democracia.

Yo creo que todo lo anterior es posible, pero tiene como condición básica que logremos que las próximas elecciones sean un momento catártico, un momento de entusiasmo colectivo y no solo una negociación de componendas circunstanciales, que se resuelven en internas mafiosas. Dios quiera que así sea. Muchas Gracias.

Mario Wainfeld

En primer lugar quiero agradecer la invitación. Como encuadre de mi exposición voy a mencionar dos cosas que hoy me planteaba, en primer lugar, qué haces vos, Mario Wainfeld, como expositor en una mesa en la que también están Marta Maffei y Elisa Carrió, dos políticas de las más inteligentes que hay en la Argentina. Esto me da un poco de pudor, ellas saben que yo pienso así. Trataré de que nadie se dé una respuesta rápida de qué es lo que hago yo aquí, intentando disimular la respuesta que me imagino.

En segundo lugar, cuando a uno lo invitan a estos lugares no esperan que uno diga: la verdad, esta consigna no va muchachos. La mayoría de las veces se espera que uno acompañe y, realmente, yo creo que es posible una gobernabilidad alternativa en la Argentina, y, también, que esto tiene su complejidad, sus dificultades, sus taras. Algo de esto trataré de decir.

Después de escuchar a Nun, hablando de cómo se empieza a tratar el tema de la gobernabilidad en el mundo, yo pensaba cómo fue que esto mismo pasó en la Argentina, cómo fue que se empezó a hablar en forma pública de este tema. Y, por lo menos en los últimos años, en forma pública, la palabra gobernabilidad apareció fuertemente planteada durante el gobierno de Alfonsín, utilizando esa metáfora que hablaba del sistema político como un sistema eléctrico, donde una sobrecarga hace saltar los tapones, y si los tapones saltan nos quedamos sin luz y nos pegamos todos.

La gobernabilidad, entonces, no resiste un sistema excesivo de demandas y, como señalaba Pepe, por demandas entendemos demandas populares, todo lo que se debería pedir, todo aquello a lo que uno tiene derecho, pero que no se puede pedir porque sobrecarga y salta.

Quien planteó esto como figura política fue Saúl Ubaldini, en un momento la discusión sobre la gobernabilidad era un gran diálogo público entre Raúl Alfonsín y Saúl Ubaldini. Alfonsín decía: estamos construyendo la democracia. Ubaldini decía: Queremos comer bife de chorizo. Y Alfonsín contestaba: Usted tiene razón, pero si hacemos todo rápido nos quedamos sin sistema, vuelven los milicos, estamos mal.

Fue una linda discusión, una pelea a varios rounds, que tuvo como dato interesante que la ganó Carlos Menem. Es decir, el gran ganador fue un tercero, que suponíamos no estaba, pero estuvo y encontró otra forma de ganar el tema. Menem logró instalar por una serie de variables algo más complejo que sencillamente frenar las demandas: estableció un consenso público importante para montar un sistema que iba desmontando la belicosidad de determinados actores a los que iba debilitando de a uno. Esto es algo que creo debemos pensar.

La llegada del neoliberalismo a la Argentina de la mano de un partido popular, un dato que me parece sumamente potente y conflictivo, es decir, las cosas horribles que nos han pasado a los argentinos, los sucesivos ajustes, los giros a la derecha, las concesiones del poder sindical, el vuelco al individualismo en una sociedad que había sido más o menos solidaria, la desaparición del estado benefactor, no vinieron de la mano de Thacher ni de Reagan, vinieron de los partidos que legaban la tradición de Perón, Alem e Irigoyen.

Lo que acabamos de mencionar es un tema nada menor, que alude a la complejidad de ciertas tramas futuras, porque los responsables de todas estas cosas son también los que urden las redes para paliar los efectos que sus políticas macro generan. El peronismo y el radicalismo son fuerzas complejas y difíciles de desestructurar en ese terreno.

Entonces, lo que consiguió Menem es la imposición de un pensamiento único, un discurso único, algo que pasó acá y también en otros lugares, pero que en la Argentina vino ligado a una práctica, una medida económica que se proyectó de manera tal que pasó a ser el alfa y omega de todo como fue la ley de convertibilidad. La Argentina fue un país de discurso único, pero aparte fue un país que ligó toda su política a un manejo monetario, casi por definición, contingente y transitorio, que se transformó en el curso de su historia y en algo enormemente más vasto que una ley económica determinada.

La ley de convertibilidad por definición anulaba la política monetaria, y ligada a la desaparición de la política monetaria rápidamente vino la desaparición de la política económica. En definitiva, la política económica bailaba al vaivén de esa política de caja, una caja muy poco adecuada para una sociedad compleja, que tenía demandas múltiples y escalonables y, en forma paulatina, si bien no desapareció del todo, quedó muy limitada la política en general, no ya la política económica sino la forma de hacer política.

Un poco el pensamiento económico y una regla de coyuntura achataron e hicieron infantil el pensamiento de muchos políticos, de importantes sectores de la sociedad, sino de todos nosotros. Así, en la mezcla de este nivel de ingenuidad, de intereses inmediatos, de una lógica de coyuntura, la sociedad argentina se adormeció lo suficiente como para no discutir la premisa mayor, sin advertir que esa premisa iba aboliendo la política económica y luego la política estricto sensu.

Otro error importante de un contingente altísimo y mayoritario de la sociedad política fue que se llegó a atribuir a los economistas liberales una capacidad no ya de regir este tablero, que es muy acotado- porque en definitiva regir un país con la ley de convertibilidad no es para tipos que hacen política económica sino para aquellos que hacen manejo de caja- una eminencia conceptual que fue básicamente un error. Un error que al costo del sufrimiento, del dolor y el hambre de muchos argentinos ha sido develado casi totalmente.

La idea de que quienes manejaban la economía entendían algo del país, de la política y aún de la política económica se reveló una idea enormemente errónea.

SE INTERRUMPE LA CINTA

Algo que no se termina de contar es que Álvarez creyó en el diagnóstico de Machinea sobre la Argentina, no ya en su política, no ya en la necesidad de que sea ministro de economía, sino en la idea que tenía Machinea allá por el año 97 o 98 sobre lo qué iba a pasar en la Argentina

Y recordemos como para reír, aunque no tiene mucha gracia reírse de la desgracia propia, que en ese momento Machinea creía en una especie de crecimiento acumulativo al 3 o 4% desde el 97, 98 hasta el 2003. Algo que tal vez precedió a algunas reglas de acumulación política y a algunas hipótesis sobre las pasiones o sentimientos de la sociedad

Entonces, uno advierte que tamaños saberes, capacidades, han quedado desbaratados por la tremenda fuerza de los echos. Nadie puede creer hoy que la vulgata neoliberal sirva para la Argentina, ni que sus partidarios sean tipos muy esclarecidos que entiendan, no ya que tengan una receta adecuada para resolver los problemas del país, sino aún que sepan qué diablos va a ocurrir en este país durante los próximos años.

Todo eso se ha desmadejado y también se han desmadejado buena parte de los agregados que tenía este predicamento: que había que estar muy atado a los lineamientos de los organismos de crédito internacionales, que no era posible vivir sin el flujo de créditos del exterior, que el MERCOSUR era una pavada de la que debíamos salirnos, que la sociedad argentina estaba desmovilizada.

En los últimos dos años, todos estos fenómenos, que supuestamente eran un freno para una gobernabilidad democrática en serio, porque para tener una gobernabilidad democrática uno debe tener gente activada en la calle, algún proyecto de integración, algún sector político que marque como van las cosas y antagonistas, todas estas cosas aparecen claritas.

Así uno podría decir la banda neoliberal está en problemas, los que fueron sus líderes, los que fueron sus seguidores están mal, complicados, el mundo les ha cambiado, la Argentina les ha cambiado, los criterios de la gente de la calle han cambiado. Carlos Menem tuvo un proyecto de poder compartido, que podía tener apoyos populares, y complacer a los sectores de poder económico y ofrecer un proyecto que más o menos los contenía a todos.

Hoy la derecha argentina no sólo no tiene un programa para el país, que mayormente nunca lo tuvo, sino que tampoco tiene un programa conjunto para los grandes grupos de poder económico. Algunos ganarán y otros perderán.

Hasta acá todo pinta bien, uno diría que es fácil decir que estos proyectos de integración al mundo de manera subordinada, menor, sin historia, están francamente en tren de fracaso. Pero aún en esta etapa hay un par de historias axiales de quienes piensan que se puede hacer política de forma distinta. Uno, es que se ha planteado en la Argentina un tema, creo que el único tema fuerte que se ha planteado en términos de política económica, que es la idea del shock redistributivo, la idea de que la economía se dinamiza, no desde las fórmulas tradicionales pensadas por las elites y a partir de las elites, las fórmulas de derrame, sino la idea de un shock redistributivo que impacte en los sectores carenciados, y que esto redunde en beneficio general de la economía y no sólo que sea un paliativo de la pobreza extrema.

Este planteo tuvo incluso un atisbo, malo, parcial, capcioso, pero existente, de respuesta en este gobierno. Algo se hizo, mal, poco, pero lo importante es que este tema se ha instalado en la sociedad. La riqueza no llegará porque los más ricos se hagan más ricos y luego algo derrame la copa sino que hay un camino diferente, que hay que trabajar pero que está al alcance de la mano.

Lo que me parece más complejo en términos políticos es la victoria electoral contra algunas fuerzas políticas en especial, y muy especialmente, contra el peronismo, cuya capacidad de adaptación y cuya capacidad proteica de respuesta a las crisis, es muy alta.

Sobre este punto me interesa pensar qué tienen Duhalde y Menem en común como gobernantes. Al reflexionar sobre esto pensaba dos cosas: tienen un registro de las pasiones de la sociedad en la que viven, entienden las pulsiones de la sociedad, no ya para complacerlas, pero sí para tomarlas en cuenta y, sobre todo, entienden muy bien sus miedos.

Me da la sensación de que si uno tuviera que decir algo, diría que Menem entendió muy bien el miedo a la hiper, y en una etapa propicia construyó todo un escenario y un tinglado de larga duración. Y que Duhalde encontró en el miedo a la disolución nacional, que precedió el inicio de su mandato y aún tres o cuatro meses iniciales del mismo, una forma de no sé si conseguir consenso, pero sí menos odio, temor y urgencia de que se vaya de la que tenía la sociedad en su momento.

Entonces, Duhalde y Menem tienen en común el entender algo de la sociedad y que algunas cosas, desde una lectura sumamente conservadora también común, saben manejar. Además otra cosa en común que no es menor es que Duhalde y Menem bajaron y subieron. Con esto quiero decir que hay una capacidad de adaptación del PJ como fuerza gobernante que es muy difícil de replicar y que, justamente, alguna fuerza alternativa tiene que registrar, de manera muy compleja, porque la tiene que registrar en muchas medidas con objetivos prolijamente inversos a los que el PJ suele practicar, por lo menos durante los últimos 20 años de su historia.

Lo anterior creo que es muy complejo porque lo que el PJ registra y administra, para mi gusto muy mal, es que esta es una sociedad muy compleja de gobernar, pero que en la Argentina se puede hacer política económica. En algún sentido minimalista, tortuoso, interesado nada más que en el acuerdo con el FMI, Roberto Lavagna lo hizo. Se puede hacer más, mejor, fijando otros objetivos, pero me parece que hay que registrar que en la Argentina hacer política y hacer política económica es un arte complicado.

La sociedad argentina es compleja, con demandas muy frustradas, con un nivel de responsabilidad cívica fenomenal, pero también una sociedad bastante jacobina, protestona, con intereses cruzados, donde ahorristas y deudores ocupan las mismas calles, se dejan cortar por el mismo tramo social y, en general, a la hora de sentarse a la mesa son difíciles de contentar. Tiene urgencias, viene con afrentas muy grandes, y de cara a un gobierno popular y representativo va a venir con un pliego de condiciones nada menor, difícil de satisfacer en el corto plazo, que es en general en el único que estamos dispuestos a negociar o dialogar los argentinos.

Entonces, para ir terminando, creo que sí es posible lograr otra gobernabilidad, creo que la sociedad lo pide, que la sociedad está diciendo más solidaridad, mejor distribución, más MERCOSUR, menos mirar hacia el norte, vivamos con lo nuestro. Es decir, cosas que en algún momento sólo decían voces preclaras y nobles, pero también minoritarias y no siempre con una réplica callejera importante. Hoy eso está dicho, está para hacerse.

En segundo lugar, creo que es difícil la construcción estrictamente política de una fuerza que pase a tener la capacidad y presencia territorial que tienen los partidos mayoritarios, en especial el PJ. Por último, recogiendo algo que dijo Pepe Nun, creo que uno no puede aportar mucho sin hablar del poder. Yo creo que la construcción de poder en la Argentina, para lograr consenso, dialogar, poder pedir tiempo a los buenos, a los que tiene sobrados derechos, que también habrá que pedírselo. Y, más que nada, para pelear con los poderes fácticos, que han hecho de la Argentina un territorio asolado, donde prácticamente se gobernó para ellos durante una época. Todo esto alude a una construcción de poder que es muy trabajosa. Y la movilización democrática en un período electoral es un tema nada menor, pero creo que la construcción de un poder consistente en ese período de elecciones es sólo un primer paso.

Muchas gracias.

Marta Maffei

Yo quisiera plantear la dimensión política de la gobernabilidad. Yo creo que hay que recuperarla porque esa dimensión se ha deteriorado y se ha perdido. Evidentemente, quienes gobiernan o quieren gobernar quieren conducir el estado y la sociedad en virtud de un proyecto político-ideológico y construir detrás de ese proyecto pisos de consenso, pisos de fuerza, pisos de hegemonía. Es decir, construir hegemonía para poder gobernar.

Durante los últimos años se ha hablado de la gobernabilidad y del gobierno tratando de despolitizar y desideologizar. Recuerdan el planteo de Menem de que se habían terminado las ideologías, se había terminado la historia, es llevado a la política como un planteo tecnocrático, alejado de lo que tiene de ideología y de lo que tiene el ejercicio de la política como opción.

Yo creo que la gobernabilidad es una especie de sintonía entre gobernantes y gobernados que se recupera cuando hay una aceptación por parte de los gobernados de la direccionalidad política. No es solamente aceptar los echos concretos, hay que aceptar la dirección, el para dónde vamos. Para eso uno debe sentir que el Estado lo comprende, lo contiene y que los problemas y las conflictividades sociales tienen contención a través del ejercicio de la política, y que no son solo los problemas, las presiones e intereses de los sectores dominantes los que tienen cabida dentro de la resolución.

Lo anterior es importante, porque si uno mira lo que ha pasado durante el neoliberalismo, es claro que el neoliberalismo realmente tecnificó la política, la vació de contenido ideológico, pero además le dio un contenido gerencial. Ser político era ser eficaz, eficiente y, por consecuencia, los tecnócratas de la política son intercambiables por los distintos gobiernos. Pueden estar con este gobierno o con el otro, porque parecería que nadie tiene que discutir el proyecto ideológico contenido atrás, además de si las personas son capaces de llevar adelante ese proyecto.

Algo que sí hizo la política en los últimos años es incorporar intereses hegemónicos, y vean ustedes como es clara la relación entre los grupos tecnocráticos y los grupos económicos que subsidian las fundaciones en que estudia la tecnocracia. Los mismos grupos económicos que subsidian a los tecnócratas y a los especialistas son los que después ven reflejados en las políticas de estado la contención de sus intereses.

Habría que estudiar largamente como esos grupos influyen y direccionan el proyecto social-político y el proyecto cultural. Acá hay una hegemonía de los grupos económicos por la vía de las fundaciones, los recursos, el financiamiento. Hay una hegemonía muy fuerte del imperialismo para direccionar el proceso de conocimiento alrededor de la guerra y la informatización. Sobre esto quiero hacer un fuerte llamado al conjunto de la población que cree que el conocimiento social no es neutral, pero cree que el conocimiento científico y tecnológico sí es neutral. Y aquí no hay ninguna neutralidad.

Otra idea que transmitió esta supuesta neutralidad es la idea del economicismo dentro de la política, entonces, la economía que es una ciencia social, que es la ciencia de la distribución del ingreso y la riqueza, se convirtió en una ciencia exacta en la que el mago de Merlín decía lo que hay que hacer y el resto de nosotros, ignorantes, no sabíamos y no podíamos desde la política desbastada cambiar la direccionalidad de la economía.

Los anteriores son conceptos fundacionales, si nosotros no entendemos que esto está detrás de la trama de la dominación, no hemos entendido lo que ha hecho el neoliberalismo para lavarnos la cabeza y para hacer que desde el conjunto de la sociedad no la podamos emprender contra un proyecto que parece, por como está presentado, inconmovible.

Si ustedes miran, como decía Melillo en un comienzo, la epopeya de la Carpa, la pelea por un presupuesto educativo, infructuosa, insuficiente, porque para dar la pelea por el presupuesto educativo hay que sentarse con el FMI, porque la decisión de cuánto se invierte en materia educativa la tienen los grupos económicos y de poder y, obviamente, los organismos de crédito.

Ahora, a nosotros nos dicen: no, si el gasto en la Argentina se aumentó indebidamente. Y agregan: producto de la corrupción. Yo no dudo que la corrupción ha incidido, pero el gasto público en la Argentina aumentó fundamentalmente porque el Estado asumió como deuda estatal la deuda privada y porque durante años ha venido subvencionando y pagando las deudas de las empresas y los bancos.

Además de la deuda externa los otros dos elementos que incidieron el aumento de los gastos del Estado fueron el balance de la balanza de pagos, el déficit permanente en un país que se abre totalmente a la exportación, destruye la industria nacional, y donde no alcanza con los saldos de lo exportable para cubrir todo lo que se importa. Así, reiteradamente, cada año, hay que pedir cinco mil, seis mil, siete mil millones de dólares para cubrir la balanza de pagos que es totalmente deficitaria. Entonces, hemos tomado permanentemente deuda no para mantener una paridad cambiaria, si no esa paridad cambiaria del 1 a 1, que nos sirvió para viajar a Cancún, que nos sirvió para llenarnos de basura y ahora nos mata de hambre en la realidad concreta que hoy tenemos.

Ese Estado, que gasta mucho más, pero no para nosotros, porque no gasta en educación, salud, etc. Ese estado, que yo sigo diciendo que es benefactor, porque aunque algunos dicen que no, lo cierto es que cambió el signo del beneficiario pero el estado benefactor no terminó para nada. Ahora el Estado trabaja para beneficiar a los grupos económicos.

Obviamente, ese Estado se replegó en las funciones que debía realizar, se acabó el servicio público, el transporte, la actividad industrial, la planificación de la educación y la salud. Pero eso no ha sido lo único porque vaciado de contenido político el Estado ha dejado de cumplir su función esencial que es la de garantizar el estado de derecho. El derecho como garantía se ha terminado. Yo puedo enjuiciar a la Corte Suprema, pero para hacerlo efectivamente tengo que construir el poder social necesario para que los diputados y los senadores tengan la posibilidad de iniciar el juicio.

Entonces, el estado y el gobierno nos vaciaron de legalidad, nos vaciaron de regulación. Yo no dudo que habría que hablar largo sobre el tema del petróleo, de los recursos naturales, que son las cosas por las que vienen ahora los Estados Imperiales. No dudo que habría que hablar largo sobre la gobernabilidad internacional, del imperialismo, por qué hablamos de Estado de Bienestar y dejamos de hablar de Estados Imperiales, de Estados Autoritarios, de Estados nacionalistas que también son carniceros.

Concretamente, el Estado se desinstitucionaliza porque las instituciones dejan de cumplir las funciones que tienen que cumplir. La Suprema Corte de Justicia, y no sólo la Corte, están para atrapar a los ladrones de gallinas, mientras los delincuentes, los evasores, los criminales están sueltos. El poder judicial no funciona. El Poder legislativo no funciona, hace cuánto que no escuchamos un debate en el Congreso sobre problemas de la sociedad.

Si me confundo les pido que me corrijan pero yo entiendo que cuando el pueblo renuncia a su autonomía y a su individualismo para tomar venganza por su propia cuenta, lo hace en función de un Estado que por la vía de la democracia representativa representa los intereses de la sociedad. Pero resulta que acá se han dejado de representar los intereses de la sociedad, se representan intereses de grupos minúsculos, corporativos y capaces de presionar al Estado nacional.

Entonces, cuando hablo de las instituciones que no cumplen más su función debo hablar de todas, de la escuela, el hospital público, etc. Una escuela que da de comer no es lo que nosotros queremos. Queremos una escuela que enseñe, que recupere las cuatro horas pedagógicas como mínimo y que sirva para distribuir con justicia el conocimiento social, que es la única alternativa que tiene los pobres para dejar de ser pobres.

Un hospital donde, como me contaban unos médicos hace algunos días, el principal medicamento que distribuye es la comida, porque la mayoría de las enfermedades de los pibes se deben a la desnutrición, a la parasitósis por falta de alimentación adecuada. Pero, en realidad, el sistema de salud no es para curar de la enfermedad, sino para prevenir, para evitar que la gente se enferme, para que la gente viva bien.

Las instituciones están vacías, se ha desideologizado a la política, los fines del estado y los objetivos del estado no están más en discusión. Los fines los fija el FMI y los grupos económicos y la economía mundial dicen lo que el estado debe hacer. Finalmente, se ha despolitizado la competencia del estado por diversas cosas, por incompetencia, por corrupción, por desconfianza social en su funcionamiento.

Esto último es grave porque no sólo se desacredita al funcionario sino también a los partidos políticos, que son el espacio donde se debe dar el debate y donde se debe generar la sustitución del modelo. Y también se deslegitima el régimen democrático y se hace correr a la democracia la misma suerte de los partidos: el desinterés, la falta de compromiso, de participación, etc. Por supuesto, lo anterior implica, como lo demostró la última elección, que los mismos grupos dominantes continúen gobernando.

Finalmente, no podemos dejar de mencionar la incidencia de los medios de comunicación que han colaborado a que la política se despolitice más. Los políticos argentinos no dan más explicaciones, muestran imagen. No tienen que hacerse cargo de nada, no tienen que explicar nada, muestran imagen, se muestran con sonrisas, con sus mujeres. Así estamos terminando con una política absolutamente vacía de contenido. “Tiene dos minutos, conteste: cómo va a hacer para sacar al país adelante”.

El ejercicio de la política en los medios son las encuestas, complacer a la audiencia, mostrarse seguros, tener presencia. Esto implica que si uno sabe de la vida privada de los políticos le da transparencia a los actos oscuros de la vida política. Entonces, lo que ocurre en la vida política en realidad aparece oculto. Así todavía estamos esperando para saber las cláusulas secretas que Lavagna firmó con el FMI. Lo mismo que las cláusulas secretas que se van a firmar para el 31 de mayo con la Organización Mundial del Comercio para poner en venta el sistema educativo, seguir avanzando en las patentes medicinales. En definitiva, para seguir avanzando en convenios secretos, que tendrán resultados dentro de unos años, cuando los responsables de todo están ya a muchos kilómetros de distancia.

Bueno, pero cómo se hace en este maremágnun, que ha generado una crisis política de dimensiones inéditas, una crisis económica, social y cultural de dimensiones. Es decir, una sociedad como la nuestra, que está estructurada alrededor del empleo, donde no hay empleo, donde más del 50% de la gente trabaja un tiempo insuficiente, sin seguridad, donde todos estamos aterrorizados porque no sabemos cuánto nos va a durar un contrato, un plan trabajar, es una sociedad que se desestructura.

Porque acá no sólo se desestructuró el estado, se desestructuró la Iglesia, la familia, etc. Y por supuesto esto implicó el avance del consumo de drogas, de la violencia, etc. Y, en todo esto, para nosotros la cultura es fundamental y el dominio de los medios de comunicación de masas por parte de los grupos económicos, como también de los medios alternativos como Internet, por parte de los mismos grupos, con una visión cultural absolutamente hegemónica y homogénea, que trata de imponer a todo el mundo los mismos parámetros, valores, la misma ética, va generando una inhibición de las culturas locales y una desacreditación de las mismas como culturas viejas, inútiles.

Yo creo que los medios han colaborado mucho en esto, incurriendo en falsedades, en arbitrariedades. Recuerdan el recitado del menemismo, todo eso de que había que desechar al estado para agrandar la Nación, que nos íbamos al primer mundo. Ustedes recuerden todo lo que nos hemos tragado, que había que vender todo para invertir en educación, salud y seguridad, todo eso fue muy elaborado estratégicamente por los medios de comunicación.

Si a lo anterior le agregamos la defección de los intelectuales en la argentina, por lo menos de los académicos, que no ofrecieron resistencia, no construyeron alternativa y salieron explicando porque había que flexibilizar. Con respeto, pero fue así en el seno de las universidades argentinas. El otro día escuchaba por ahí que la República argentina es el país con menos cultura nacional de América Latina, yo creo que es así, nos falta la identidad más arraigada, con más fuerza. Todos estos elementos juntos se han conjugado para producir la peor crisis de la historia de la República Argentina, una crisis de dimensiones, de tragedia.

En el último Foro Social Mundial se decía claramente: la Argentina muestra el fracaso del paradigma neoliberal. El neoliberalismo, como leía en el editorial de Clarín hace unos días, dice igual permanentemente: no sé pude seguir distribuyendo alegremente planes sociales, asistencialismo, hay que incrementar la producción. Yo me pregunto, qué me viene con que hay que incrementar la producción si la Argentina produce 70 mil millones de toneladas de grano por año e igual los chicos se mueren de hambre. Acá el problema no es el aumento de la producción, esta es una cuestión de injusticia. La cuestión es la distribución del ingreso, de la tierra, del conocimiento, de la riqueza.

Sin embargo, muchos dicen: cómo vas a ir contra la globalización, si eso ya está. Y claro, lo que está es la globalización de los mercaderes, las empresas han globalizado sus derechos. La gobernabilidad de ellos es que se magnifique la ganancia, que no haya pérdidas, que se mantengan los privilegios, pero cuál es la nuestra, cuál es la globalización de los derechos del trabajador, cuál es el piso mínimo debajo del que no hay dignidad humana, cuál es el trabajo decente que tenemos que tener. Esta es la otra gobernabilidad que tenemos que construir.

Obviamente, no creo que sólo alcance con construir poder político sin construir poder social. Miremos a Chávez, por ejemplo, votan, vuelven a votar, sacan el 80% de los votos y no pueden gobernar. Porque se quiera o no hace meses que Chávez no puede gobernar. Viene conteniendo golpes, conflictos, la corrupción interna. Entonces, debemos construir simultáneamente un movimiento social, político y cultural que permita cambiar la cultura de gobernar y no sólo a los gobernantes.

Estamos muy interesados en cambiar, necesitamos cambiar, si no cambiamos la cultura de gobernar, votamos una vez y nos volvemos a casa y no hay control social, no establecemos una democracia participativa y no reconstruimos un entramado social distinto, no hay posibilidad de cambio sólo desde el poder político, el espacio del poder político por parte de los grupos económicos, del FMI, etc. ha quedado muy acotado. Entonces, recuperar poder político es recuperar un entramado social que permita la integración de los movimientos sociales también.

Yo sigo pensando que la gran frase de Eva Perón fue: “donde hay una necesidad hay un derecho”. Es así, pero no un derecho natural, tiene que haber un derecho objetivo, hay que transformar las necesidades en derechos objetivos y para eso hay que organizar a la sociedad.

Comparto con Mario lo que dijo sobre el partido Justicialista, pero quiero agregar que el PJ también tiene otra cosa que debemos aprender a mirar: el justicialismo ha demostrado que tiene capacidad de contener a la sociedad, no de mejorarla, pero sí de contener. Esto debe enseñarnos que no alcanza con que a la sociedad le vaya muy mal, ni con que el enemigo esté partido en tres o cuatro bandas, si nosotros no tenemos la capacidad de desestabilizar organizadamente, con objetivos comunes, aunque salgamos todos los días a la calle con las cacerolas no los vamos a vencer. Hay que tener la capacidad de construir una organización alternativa para poder tener realmente una gobernabilidad alternativa.

Abraham Gak
Buenas tardes. Me siento muy complacido de estar en esta reunión por muchas razones. En primer lugar porque es una tradición en esta escuela que ante eventos de tipo político vengan las personas que dirijan los distintos equipos a exponer sus ideas. Lamento que no estén aquí los alumnos, porque me parece importante que los chicos vayan pensando como ciudadanos sobre el destino del país.

En segundo lugar, como miembro del Plan Fénix, también estoy muy contento de que me hayan invitado a debatir frente a un público que tiene una orientación determinada. me alegra mucho porque nosotros como universidad no nos hemos embarcado en ningún grupo político, pero sí tenemos ideas muy definidas. Nosotros no entendemos a la economía como ajena a la política, ni a lo social, todo lo contrario.

Entonces, al hablar en distintos foros estamos cumpliendo también con nuestra tarea de ir creando una conciencia de que hay alternativas al pensamiento único, porque la ausencia de un debate serio en el país ha permitido esa hegemonía que aún el pensamiento único posee en la mente de muchos argentinos.

Hablar del Plan Fénix después de haber escuchado a quienes me precedieron me parece irrelevante, me parece que hoy el nudo está acá, en saber qué nos ha pasado y por qué. Y, por supuesto, que hay una solución que tiene que estar únicamente apoyada en un consenso de poder que pueda enfrentar la potencialidad de nuestros adversarios, que tienen una ideología muy particular, la del dinero, de la renta y que caminan sobre cadáveres propios y ajenos.

En un mundo que se va encaminando hacia una guerra espantosa y miserable, que se sustenta sobre objetivos económicos, los argentinos no podemos dejar de mirar esto. No implica discutir aquí el tema de la guerra, pero sí debemos tener claro que lograr que Argentina se pronuncie por la paz no es una tarea menor.

No sé si aún el consenso de toda la población mundial, de América, Europa, Asia puede ser capaz de doblegar el deseo del imperio. Pero le debemos quitar toda legitimidad, mostrar que es absolutamente una acción ilegítima. Esto no nos es ajeno, nos va a influir y afectar.

Recapitulando, al iniciar el Plan Fénix la idea que teníamos con alguna gente de la universidad era esencialmente instalar un debate diferente, fuera del modelo de acumulación financiera. Un debate de equidad en el crecimiento y en la distribución.

Nuestra mirada original estaba ligada al mediano y largo plazo. Nos preocupaba qué pasa con nuestra Argentina que no tiene una mirada estratégica para dentro de 10, 20, 30 años. Lamentablemente, la coyuntura nos ha obligado a trabajar también sobre el día a día, pero no queremos perder ese impulso inicial de elaborar juntos lo que podría ser un proyecto estratégico de país. Pero la marginalidad, la exclusión, la indigencia, no nos permiten desentendernos de estos problemas.

Coincido con lo que se dijo antes sobre la gran responsabilidad de la intelectualidad argentina que no ha sabido leer el hoy en cada momento. Pero hay gente que ha estado leyendo, escribiendo, publicando sin ningún eco. Así hoy aparecemos nosotros, juntando a parte de esa gente y tenemos un cierto consenso. Y esto se debe simplemente a la toma de conciencia de gran parte de la sociedad de que el sistema neoliberal ha fracasado y es necesario reemplazarlo.

Seguramente vamos a disentir en muchas cosas, pero si logramos privilegiar las coincidencias, erradicar momentáneamente nuestras diferencias y armar un proyecto del sector popular, quizá también podamos lograr el consenso social necesario. Esta tarea es difícil, compleja. Los argentinos estamos acostumbrados a apoyarnos en las diferencias, en los conflictos, a privilegiarlos y ponerlos por encima. Pero si vemos que esto no nos da resultado y vemos que hay que cambiar ya esta Argentina, que el cambio no solo es necesario sino también urgente, tendremos que aprender a encontrarnos en todas las mesas y, a lo mejor, algún día haya una gran mesa donde aquellos que pensamos razonablemente qué camino seguir para la argentina podamos acordar principios básicos.

Seguramente no sólo hablaremos de principios básicos económicos, sino también políticos, todos sabemos que esta democracia necesita cambios significativos, donde la participación ciudadana tiene que encontrar mecanismos para ser mucho mayor, donde la transparencia en el accionar del Estado tiene que ser clave. Donde debemos ser conscientes que se debe recuperar la función del Estado, pero hablamos de un estado que fue sistemática y cuidadosamente destruido durante más de 25 años, y cuya recuperación va a demandar tiempo y gran esfuerzo.

Entonces, la complejidad de la situación es grave, se va a tener que tener mucha paciencia, pero también debemos tener objetivos claros. Debemos crecer, un país que no crece no puede reconstruir su estado. Pero no podemos crecer de cualquier manera, tenemos que crecer con equidad.

Justamente, releyendo el acuerdo recientemente firmado con el FMI hemos llegado a conclusiones preocupantes. Tal vez tengamos algún crecimiento, pero apoyado todavía en los bajos salarios y porcentajes tremendos de desocupados. Este no es el modelo de crecimiento que queremos, porque si la Argentina no crece al doble del 3% pautado, al menos por dos años, no vamos a lograr justicia en la distribución del ingreso, vamos a seguir chapaleando en el barro como hoy. Tal vez no empeoremos, pero esta realidad es ya inadmisible.

Yo sostengo, predico, y es una obsesión nuestra, invitar a buscar coincidencias con los distintos sectores. Hace poco he tenido el gusto de asistir al congreso de la CTA en Mar del Plata, la escuché a Marta Maffei, lo escuché a Víctor De Gennaro hablando de la creación de un movimiento que, obviamente, va a exceder a la propia CTA y me pareció muy positivo. Veo movimientos populares de distinta envergadura que se están desarrollando en el país. No los veo desde la inmediatez de la elección que viene ni tampoco desde la inmediatez de los próximos cuatro años de un gobierno que también será de transición, y al que también habrá que torcerle la mano. Porque lo que viene es más de lo mismo. Esto es lo que a nosotros nos tiene que doler, por qué no somos capaces de construir el gran movimiento social que modifique, cambie y tuerza la mano de los distintos gobiernos que hemos tenido hasta ahora.

Al analizar el acuerdo con el FMI, al ver las condiciones que está imponiendo, surge claro que esas medidas, en el caso de cumplirse, nos impedirán cualquier proceso de desarrollo equitativo. La obligación de tener un superávit fiscal del 2,5 o 3%, cuando tenemos un estado de indefensión tan importante, es una limitación significativa. La limitación al crecimiento de nuestras reservas también es importante. El superávit fiscal que nos piden se va a conseguir a través de la reducción del gasto y, como se dijo ya aquí, el gasto del Estado no creció, esta es una de las grandes mentiras que nos han instalado los medios apoyados por distintos colegas míos, que han aportado los números, confeccionado cuadros y estudios, en muchos casos falsos. Es preciso remarcar que ha habido mucha mentira en las cosas que se han instalado.

Realmente, poco puedo aportar yo a lo que ya se ha dicho y, especialmente, con el fervor con que estos oradores se expresan, pero sí quiero decir que estoy convencido que otra Argentina es posible en la medida que logremos juntarnos, dejar de lado las diferencias y acordar en los grandes caminos.

Nosotros queremos que Argentina tenga su moneda, un país sin moneda no es soberano. Nosotros queremos un Estado que pueda manejarse con autonomía, una Argentina que pueda integrarse a América Latina y que de ahí salga al mundo; queremos un mercado interno fuerte, con una demanda sostenida por parte de los sectores que consumen. Aún más, queremos que ese mercado interno sea el MERCOSUR, que nuestras fronteras se ensanchen, porque en un mundo de integración, de bloques, los países individualmente tienen poca fuerza.

Obviamente, tendremos que estudiar qué está pasando con las negociaciones secretas del ALCA, qué está pasando con la OMC, no podemos olvidar lo técnico, no podemos mirar por encima. Pero, sobre todo, hace falta un grupo mayoritario de argentinos que quieran un país diferente. Nosotros no queremos un país exportador de productos primarios para 10 millones de argentinos. Nosotros queremos un país activo, que incorpore la tecnología y el conocimiento y para esto hace falta la educación. Comparto lo que aquí se ha dicho: la escuela no puede ser un comedero, tiene que cumplir con un rol sumamente importante.

Entonces, quiero exhortar a todos para ver en qué medida podemos acordar puntos básicos que signifiquen una Argentina diferente, no podemos tolerar más la urgencia, el hambre, los índices de extrema pobreza que tiene la Argentina.

Hace poco miraba el informe de la PNUD sobre desarrollo humano en la Argentina, me sorprendían los datos sobre los niños que trabajan, el nuestro es el país de América Latina con mejor desarrollo humano. No sé que arrojarán los nuevos estudios que analicen las últimas cifras, pero se me ocurre que dentro de América Latina aún seremos de los países que están en mejores condiciones. Entonces, cómo no pensar que también en América Latina hace falta una visión conjunta. Debemos trabajar también sobre esto, encontrarnos con estas situaciones y problemas diferentes. Estoy convencido que hay enormes posibilidades de modificar esta situación y, sobre todo, de que el futuro de la Argentina está atado al de América Latina.

Elisa Carrió:

Voy a tratar de hacer un doble nivel de exposición, el rol de profesora universitaria en este panel y por otro lado mi condición de candidata de esta fuerza. Lo cual no es fácil pero me parece que es indispensable en este seminario la idea de que podamos tener las herramientas discursivas, pero además teóricas, para poder contrarrestar el conjunto de falacias que imperan entre la banalidad de la pregunta, la banalidad de la respuesta y el universo de nivel simbólico -absolutamente reducido en la Argentina- a esta cuestión que en realidad esconde un enorme poder.

Lo cierto es que si uno tiene que dar clase en una universidad lo que tendría que decir es: a pesar de que se dice: “hoy el poder lo tiene un solo partido”, el sistema político se desarticuló y el principal partido se balcanizó. ¿Cómo es posible que si hizo big-bang el sistema político argentino y el sistema institucional argentino, con esquirlas y con un proceso de balcanización, la respuesta que impera sea : “solo puede gobernar en la Argentina el poder faccioso”?

Poder faccioso que además, es el poder que condujo al saqueo de la Argentina. Si uno le preguntara a un niño de una escuela primaria “este señor robó y te saqueó la casa, ¿vos lo invitarías a que se adueñe de nuevo de tu casa para darte de comer?; el chico respondería que es mejor que no sea un ladrón, es mejor que no sea el que me robó”.

La respuesta en la Argentina es: ¿vamos a seguir poniendo a los que nos saquearon el país?, porque sin saqueadores no podemos vivir. ¿No podemos nosotros, la gente normal, la gente de la universidad, de los movimientos sociales, la gente que tiene cara de vecino?. ¿No estamos en condiciones de gobernar la Argentina y de establecer una gobernabilidad, no para el mantenimiento del poder faccioso y del saqueo, sino precisamente para una construcción de un poder alternativo que cambie ese poder faccioso, que distribuya ingresos, etc.

La cuestión no es menor porque no es sólo un problema de debate académico de los que estamos acá. En primer lugar, es ésta una cuestión que debe debatirse comunicacionalmente, institucionalmente, etc, en esta dirección.

El segundo elemento de este debate es que más allá de todas las propuestas, de todos los ánimos, de todas las intenciones, es que esta fuerza política -por miserias propias y por miserias ajenas-, (y por cualquier otra razón que no tiene porqué explicarse acá, y que será un problema del futuro) tiene una doble responsabilidad enorme en esta coyuntura, pero que puede marcar el mediano y el largo plazo del país.

Cuál es nuestro deber hoy a 90 días de una elección, que si bien es una coyuntura puede condicionar los próximos 4 años de un proceso de cambio en la Argentina, en un momento de 60 por ciento de pobres y a punto de privatizarse el Banco Nación. Tenemos dos responsabilidades: Una responsabilidad mínima que es preservar el espacio de la oposición en este país, aún de aquellos que no participan, que no desean participar, que se abstienen, que esperan para después. Pero también tiene el deber irrenunciable de, en esa disputa, garantizar el espacio para que la Argentina no viva un paccionalismo, es decir, el pan-pejotismo.

Ese objetivo de mínima, tiene un objetivo de máxima –que es una responsabilidad y un deseo-, que es que nosotros como fuerza tengamos el poder para disputar la presidencia de la nación y ganarla. Para abrir el espacio de esa participación ciudadana y de esa alternativa de gobernabilidad. Es decir tenemos dos responsabilidades: participar y preservar hoy el espacio de la oposición, y en segundo lugar, ganar la presidencia.

¿Y en qué condiciones? En condiciones de una complejidad absoluta. En condiciones de poder faccioso, de poder comunicacional cerrado, de financiamiento ilegal y espurio de todas las campañas políticas y nosotros con la prohibición de financiamiento empresario. Con la ridiculización y la subestimación que se hace de aquellas fuerzas que quieren garantizar gobernabilidades alternativas, porque la gobernabilidad de lo faccioso dice “violadores hay sólo de una estirpe, no hay de otra”.

Y es altamente complejo en un proceso de fragmentación social, de fragmentación política, de mucha frustración por la traición de la Alianza, con herencias kármicas indecibles, dónde a cada lugar que va a uno le preguntan: no será parecida a fulano?, pero nadie pregunta porque no sos parecida a López Rega. Pero éste es el proceso que nos toca asumir, por eso me pareció muy importante este seminario.

La otra dificultad, el tercer problema es que además no tenemos una candidatura fácil entre los estereotipos de la Argentina: si una es mujer tiene que tener esposo. Tiene que ser la “esposa de”. Pero no, resulta que es señora de nadie. Ese es un primer problema enorme. Segundo problema: es una persona que perteneciendo a la centro-izquierda es de comunión diaria. O sea, ni llena a los de comunión diaria, ni llena a la centro-izquierda, porque finalmente no entra en el estereotipo de nadie porque es quien es. No está dispuesta a renunciar a ser lo que es.

Este es un tema que no es menor, porque rodea a todo esto todos los problemas de estereotipo y banalización con que algunas amigas tuyas te decían el año pasado: “-ay que divino votar a Clemente!”, cuando finalmente votaron a lo peor del estado.

Y con un criterio que hemos tomado todos: la decisión colectiva de caminar desarmados. Este es el cuarto problema. Que es de principios pero es sumamente complejo: en una Argentina mafiosa con poder faccioso, nosotros decidimos dar una pelea que excede incluso la cuestión del discurso. Es dar una pelea por la ética de las convicciones, sin atajo, frente a la organización del atajo que está del otro lado.

Este es un escenario absolutamente complejo y nosotros no nos podemos engañar al respecto. Pero también está claro, que en este escenario complejo y de incertidumbre, nosotros vamos a pasar a la segunda vuelta y vamos a disputar la presidencia de la Nación. Hay que tener conciencia de la fuerza de nuestras convicciones no es para deprimidos. No es para escépticos. Competimos en las condiciones que estamos. Después analizaremos porque estamos en el marco de la centro-izquierda en la Argentina, y de los movimientos sociales y de los movimientos políticos, porqué estamos dónde estamos. Pero uno tiene que saber que cuando se queda embrazada no se tiene que preocupar de cómo hizo el amor, tiene que hacerse cargo del chico, eso que es “accountability”, que es algo que después tendríamos que hacer: seminarios y debates de cuáles han sido nuestros comportamientos efectivos, conducentes, de cómo ha sido el testimonio y no el discurso.

Está planteado un escenario de una enorme debilidad aparente y de una enorme fuerza escondida. En general yo molesto a todas las alternativas, molesto a quiénes propugnan a López Murphy, y a quiénes propugnan a Kirchner, ese globo que se instala ahí. Un partido que se instala ahí peleando y molesta. Hay que asumirlo con enorme dignidad, con enorme serenidad, pero sabiendo que es el momento de la acción.

Desde ese lugar que mezcla el análisis de la complejidad, que yo lo tendría que simplificar en algún discurso público, pero también el discurso de la convicción, yo voy a tratar de poder desarticular algunas de las falacias. Sobre todo para que tengamos una discusión en serio acerca de algunas palabras que hoy rigen a la Argentina. Ya que la verdad que si uno está en la Universidad le diría al chico: “vuelva dentro de cuatro meses”, como yo escucho a veces algunas preguntas en televisión que si fuera mi alumno le digo que vuelva el año que viene. Pero, bueno, son las preguntas y hay que hacerse cargo.

Primero lo que decía Pepe Nun, es un proceso muy claro, que es el tema de la desinstitucionalización, desconstitucionalización y la desnacionalización. Estos son datos muy obvios que la Argentina, más allá de la crisis de representación, tiene un proceso fenomenal de anomia institucional y que todo el mundo lo percibe: que no tenemos instituciones, que no es respetada la constitución. Ahora el tema es cómo salir, yo voy a plantear frente a estos interrogantes algunos modos de respuesta. Nosotros hablábamos bastante con Fernando Melillo en la reunión de los diputados y militantes del ARI que organizamos este seminario, que el tema que a mí me parece que está muy confundido en la Argentina, incluso por nuestro propio campo, es el tema del poder y de la autoridad. Hay que distinguir poder y autoridad.

Cuando hubo en el mundo procesos de fragmentación, procesos de guerra, procesos de anomia y procesos de luchas muy fuertes contra grandes aparatos, no lo hizo el poder, porque siempre el poder que se enfrentaba al poder hegemónico era débil. En la Argentina esto es muy claro, yo creo que hubo complicidad, pero suponer que el poder de un partido como el radicalismo podía oponerse al poder hegemónico del PJ… No, terminó siendo funcional. Porque si vos contás, en términos de poder te gana el que tiene más poder. En esto ha sido así la historia. Vamos a ver la historia Argentina, lo único que puede discutir el poder hegemónico, cuando es faccioso, cuando es concentrado, cuando tienen instrumentos económicos y comunicacionales, es la autoridad.

Y la autoridad siempre tiene fundamento moral, la autoridad se basa en el testimonio público, en la historia. Vamos a poner un ejemplo acá: Martha Maffei yo no sé si tiene poder en términos de la constelación de fuerzas de la que hablo, pero es una mujer que tiene autoridad en la Argentina, porque ha dado testimonio. Los partidos con autoridad, los movimientos con autoridad, o las personas con autoridad, han sido en realidad los que han podido demoler regímenes.

¿Quién hizo bajar el poder en Catamarca? ¿El poder, la oposición del Frente Cívico, del Radicalismo? o un grupo de mujeres y una monja. ¿Qué había ahí? Autoridad. ¿Quiénes desafiaron a la dictadura militaren la Argentina? ¿Los partidos políticos? No, si estaban reunidos todos frente al Congreso. Desafió la autoridad que provenía del testimonio de amas de casa con pañuelo blanco. ¿Pero de qué estamos hablando? El problema es que el poder en la Argentina costó, el problema es que los que fueron autoridad en Argentina fueron usados para llegar al poder y fueron sacados del poder para mantener el mismo poder anterior. Pero esta es otra cuestión.

En consecuencia, lo que demuele una constelación de poderes en términos hegemónicos nunca es poder alternativo, siempre es autoridad capaz de construir poder alternativo. Vamos a poner un ejemplo en la sociedad Argentina: Duhalde tiene poder pero nadie va a decir que tiene autoridad, el pobre quisiera tenerla pero no la va a tener nunca. Lo que la gente busca en ese proceso de desinstitucionalización del que hablaba Nun, es que el policía además tenga autoridad. Como la desinstitucionalización quiere decir que sólo quedaron las máscaras, porque ahí no hubo una ética del cumplimiento de la ley y del cumplimiento de la función que hablara que además del poder que se ejerce hubiera autoridad.

El primer objetivo de una gobernabilidad alternativa en la Argentina es construir autoridad y la autoridad se funda en el testimonio moral y jamás en la acumulación partidocrática, tecnocrática o como se llame. No es la suma, es el testimonio. Y en esto sí, en lo que hay que ser muy fuertes es en interpelar a la sociedad a testimoniar. Digo, tenemos que testimoniar, no nos toco el mejor momento seguramente.

Seguramente si yo hubiera tenido divertículis, hubiera sido maravilloso. Entonces vos preservás el 60 o 70 por ciento de imagen pública, estás con problemas de prolapso de útero y pasás. Esa no es la cuestión señores, la cuestión es hacerse cargo y discutir estos temas: yo le pido a la militancia, pero también a la sociedad, que puedan replantear en el casa a casa estas cuestiones, porque no es menor lo que se está jugando y no es por nosotros, a ver si se entiende, es por todos.

Entonces ahí me parece que el primer punto es decir cómo hacemos: tenemos que construir autoridad, la autoridad va a construir poder alternativo. ¿Cómo se construye el poder alternativo? Con la participación popular, de los movimientos sociales y con la participación ciudadana. Lo que nosotros tenemos que decir entonces, en términos de gobernabilidad es que una persona que llegue con autoridad, que no es sólo la autoridad del poder del voto, sino la autoridad del testimonio, puede habilitar la participación popular para que en realidad todos sean participes de lo que por diversas razones no fueron antes.

Habría un proceso de consulta popular con todos los postulados por ejemplo de la CTA, más otros de contendido nacional que nosotros tenemos, habilitar la posibilidad de que organizaciones sociales también pregunten si es necesaria la reforma constitucional, porque el presidente no lo puede hacer pero las organizaciones sociales si, y ver si por la reforma constitucional se da el gran debate nacional acerca de la recomposición institucional en la Argentina.

Al poder faccioso, participación popular. Con serenidad, con tranquilidad, organizando la participación pero abriendo la jugada. Hay un ejemplo histórico que yo no me quiero comparar pero que es muy claro: De Gaulle no tenía poder, tenía autoridad. No estaba en ningún lado, Francia estaba ocupada, estaba absolutamente tomada. Cuando De Gaulle llega al poder lo que hace es habilitar la Quinta República y el referéndum popular, y el gran beneficiario de esto fue Francois Miterrand. De Gaulle, reinstitucionalizó Francia, de alguna manera concilió la Francia Imperial con la Francia Republicana y miren dónde fue Francia, la cohabitación es el mayor éxito de De Gaulle.

Es decir, que bajo el imperio de la constitución de la Quinta República con referéndum popular, finalmente la cohabitación entre conservadores y socialistas es el gran éxito de aquellos que en algún momento tuvieron autoridad y construyen poder alternativo no para ese partido sino para ampliar un espacio de Nación, de capitalismo nacional que lo hiciera posible. Este tema hay que discutirlo en todos lados. La gente lo entiende y constituye una falacia decir que más poder faccioso nos puede asegurar la paz.

Lo segundo, que me parece tiene que ver con algo que decía Mario Wainfeld, es el tema de la ficción, el peso-dólar es mucho más que el peso-dólar. En lo que dice Mario se juega la identidad Argentina. El peso dólar es la ficción de ser otro distinto de lo que somos. Cuando vino Lula lo dijo: nunca un peso puede valer un dólar o un real podía valer un dólar.

Pero hay algo más que el poder de compra, que es en realidad la cuestión eterna de las máscaras: “yo parezco ser del primer mundo”. Todos sabíamos que esto tendría el precio de un derrumbe generalizado en el mediano plazo. No es cierto que mucha gente no sabia, los grandes beneficiarios de esto, que fueron las clases medias de la Argentina no podíamos desconocerlo. Me incluyo porque ya había pasado con la tablita de Martínez de Hoz. Lo que se hizo fue comprarse la ficción sabiendo lo que se venía. Y la ruptura de la convertibilidad peso-dólar puso en el tapete de la elección la cuestión de nuestra identidad moral.

También tenemos que decir que los argentinos tenemos dos corazones, que hay un corazón que ama y se fascina con que se puede tener un hijo a los 72 años. Esto es así, tenemos que sincerarnos. Yo sé que esto está en los medios y, obviamente, que los asesores de marketing a esta altura están desesperados. Pero también es cierto que en la misma persona convive la otra parte, la que quiere la ley, la que quiere la distribución del ingreso, la que quiere la justicia.

Tenemos que resolver estas cuestiones de identidad profunda que pasan por el proceso de acumulación y distribución. ¿ Porque? Porque tienden a legitimar procesos de acumulación con concentración del ingreso por el bienestar a corto plazo. El famoso juego de suma cero, que en el nivel económico es: yo transfiero de sector a sector y después perdemos todos. En el nivel particular es la cultura del saqueo. En el nivel personal es yo me compró la ficción, después pierdo y compensó, total ahora no tenemos hijos. Es decir, el hijo está afuera, pagando la bombacha importada, así puede volver al país.

Esto es fuerte porque recoloca en la escena electoral esta cuestión. Y no hay que plantear como que hay buenos y malos en la Argentina, o como que estás de un lado o de otro. No, hay que plantear que en cada uno de nosotros conviven dos ideas de nación, que deben ser resueltas y que deben ser resueltas en lo mejor de la construcción de una nueva nación.

Esta idea de la ficción no estaba en Alberdi y Sarmiento. Esta idea se instaura en la dictadura del 76 en la Argentina, que es donde se produce ese cambio cultural. Tenemos que fijarnos cómo volver a la cultura de nuestros abuelos, que es volver a decir volvamos a la cultura de la no ficción, de una idea de progreso que no tiene que ver con la cultura de la ficción, de la tablita, del “por algo será” ni del “roban pero hacen”, que se instauran claramente con el proceso genocida del año 76 en el Argentina.

El tercer tema es sobre algo que decían Mario y Martha, que el partido justicialista, y yo les diría no sólo el partido justicialista sino los gobernadores de cualquier signo político: el que tiene el aparato estatal gana las elecciones. No podemos poner el ejemplo De la Rúa porque es trágico, digamos, es un accidente nefasto de la historia. La pregunta que hay que hacerse es ¿por qué los que detentan el aparato estatal en la Argentina mantienen el nivel de contención y el número de votos? La respuesta es muy clara: porque las políticas sociales focalizadas tornan a las personas rehenes. Pero no basta con eso, porque esa no es una buena respuesta. La buena respuesta no es la crítica.

Cómo contener a las personas, independizarlas de la política y construir ciudadanía alternativa: con políticas sociales universales y con la Ingreso Ciudadano para la Niñez. Porque el Ingreso Ciudadano hay que explicarlo bien, y hay que explicárselo bien a la militancia, porque la gente lo entiende muy bien los que no lo entendemos somos nosotros.

El Ingreso Ciudadano para la Niñez es una política de redistribución, de shock distributivo, pero es la gran reforma política de este país, porque torna ciudadano al que es rehén. Cuando la madre con una cédula familiar pueda cobrar el seguro, pueda tener un sistema de ahorro comunitario, aunque sea con sus 20 pesos, y con esa cédula pueda ver a una organización de ahorro comunitario que le solucioné sus problemas más graves. Pueda acceder a la salud, y además también con esa cédula, no administrada por los bancos privados sino por un sistema alternativo, le pague al pequeño y mediano comerciante: A esa señora la vamos a tener que respetar y cuidar mucho, porque habrá dejado de ser una subordinada de la política para ser ella, sus hijos, su marido y todos, ciudadanos de una Argentina distinta.

Hay otra pregunta que acá se expuso que a mí me parece muy interesante: ¿qué hay que desmontar? Nosotros terminamos en una tragedia, que me parece que tiene que ver con el 45, porque se empezó a determinar una cultura política antinómica, donde pareciera que de un lado estaba la ley y la impotencia y del otro la falta de límite, de ley. Esa, básicamente, fue la sociedad de la antinomia entre el peronismo y el radicalismo. Hay muchos datos, como De la Rúa y Menem, para simbolizar esta cultura.

Esa es otra gran falacia de la Argentina que hay que desmontar, porque en realidad nos pone a los argentinos en una dicotomía perversa: que la gente de principios no puede tener decisión y que la gente que tiene decisión necesariamente no tiene principios. Esto atenta contra un campo y contra el otro. Esta cuestión tiene que ser resuelta, porque en realidad la salida de la Argentina tiene que ver con peronistas, radicales, frepasistas, independientes, lo que sean, que sumen la enorme decisión de aplicar los principios por los que pensaron, creyeron y dijeron. La enorme decisión, la perseverancia y la resistencia para aplicarlos.

¿Qué supone esto? Supone tener una cultura en contra de la guerra y por la paz, cualquiera sean las presiones imperialistas de Bush. Supone sostener el Ingreso Ciudadano para la Niñez, no obstante cuáles sean las presiones de determinados sectores empresariales, que no quieren que mejoren las condiciones de negociación del mercado laboral. Me parece que todas estas cuestiones son debidamente internalizadas y discutidas por nosotros. Pero también para eso hay que desmontar el aparato comunicacional. Arturo Illia no se va porque lo que no puede hacer, se va por lo que hace. Sin embargo, fue tomado por el paradigma de la tortuga. Pero se va por los decretos que no les quería firmar, incluso a los ministros economía del propio radicalismo, y por las propias internas y pedidos de soborno que hacían sectores del propio radicalismo vinculado al poder. Entonces, me parece que desmontar este tipo de cosas es importante.

La otra es el tema de cultura. Me parece muy importante: los que tiene principios son impotentes y los que tienen decisión no tienen principios. Ni una cosa ni la otra. Yo creo que hay en el peronismo extraordinarias personas que tienen principio y decisión, y hay en el radicalismo, o en el frente, o en el socialismo, o en la universidad, o en los independientes, tipos con principios y decisión. También hay tipos inescrupulosos, esos siempre tiene decisión, y la ética no es propiedad de nadie.

Pero nosotros lo que sí podemos reestructurar en el sentido común de la Argentina es unificar aquello que de la cultura del sentido común se rompió en el 45. Hay que unir capacidad de transformación, capacidad de resistencia con una ética inclaudicable. Unir la reivindicación social de Eva y la capacidad de sostener esa reivindicación, con el espíritu republicano y la capacidad para sostener esa pelea que tuvo, por ejemplo, Leandro Alem. Yo siempre digo: una cosa es Alem y Eva, y otra cosa, señores, son Irigoyen y Perón. Porque los que abrieron los caminos son precisamente los que pudieron sostener el nivel de las convicciones, casi a veces a un grado de locura. Es la convicción lo que finalmente les rompe la estructura a los inescrupulosos. Y ese es un espejo en el que no se pueden mirar.

Paso al tema de la gobernabilidad. Se acuerdan que en los 70, en los 80, el tema es que los problemas de gobernabilidad se presentaban por una explosión de las demandas que no podían ser procesadas por el sistema político. La respuesta es: en el proceso de América Latina, no es que vos podes suprimir el reclamo, lo que tenés que entender como gobernabilidad alternativa es establecer un proceso de aversión de decisiones y de ejecución de las decisiones, que sea compatible para el procesamiento de la demanda, para la toma de la decisión y para la accountability en la ejecución de la decisión del estado y de los grupos involucrados en la decisión.

¿Cómo decimos que hay una gobernabilidad alternativa? Cuando los grupos, los sindicalistas, las pymes, los indígenas, las mujeres, o quien sea, se reúnen, participan, se discute claramente cual es el nivel de recursos que tiene haber, con racionalidad, y a partir de ahí se toma la decisión conjunta. La decisión no es del estado, la contabiliti es de todos. Es decir: decidimos juntos, procesamos la demanda, tenemos conciencia de los límites de coyuntura que pueda haber y somos todos responsables de la ejecución.

Toda la teoría del proceso de adopción de decisiones es un mecanismo de gobernabilidad alternativa que sustituye con la participación social el asalto particularista del Estado y de los amigos del Estado, que son los capitalistas del mundo. Y esto es lo que podemos hacer.

Lo otro que me pareció interesantísimo es el tema del saber. Yo creo que esto hay que replantearlo claramente. Miren, el saber es fálico, tecnocrático y machista, en los términos de un cientificismo muy ligado al neoliberalismo. Esto de “los que saben”, fue muy típico en los 90. La verdad, que uno habla con esas personas y dice gente más inculta no vi en mi vida, por ejemplo, ese Roque Fernández era de una incultura feroz. Uno lo ve a Mondino, el que le hacia la investigación a la Fundación Mediterránea, y ese chico parecía salido de un zoológico. A ese chico hay que mandarlo a leer algunos libros de literatura, pensaba uno.

Ahora la discusión en los seminarios de universidades de otros países era: Estos son los que saben en la Argentina. Es dramático, porque la vergüenza ajena ha sido enorme. Si ha habido un saber lobbista, profundamente unido a los peores intereses del saqueo, tecnocrático de apariencia solo por hacer un curso de tres meses en una universidad extranjera, como se vendían los títulos de la academia Pitman. Yo creo que esto es de lo peor que nos pasó en los últimos 10 o 20 años. Frente a ese saber hegemónico, tecnocrático, banal, que después siguieron los comunicadores sociales y los analistas políticos, uno se pregunta ¿qué plantearon?. Dijeron: Frente a los que sabemos, que somos nosotros, están los que no saben.

Es muy bueno identificar a “los que no saben”. Los que no saben eran los campesinos y los pequeños y medianos productores, que no sabían cómo se modernizaba el campo y por eso les saquearon la tierra con las cédulas hipotecarias y el endeudamiento. “Los que no saben” son los maestros para la reforma educativa, que por eso era hecha por “los que saben” en el ministerio de Educación, en el Palacio Pizurno. “Los que no saben” fueron los médicos de hospitales y “los que sabían” son los que sabían del negocio de la salud, por ejemplo Mazza.

Y así se condenó al no saber a toda una sociedad y se dijo no sabe lo público, se dijo no sabe el empleado publico, no sabe el profesor universitario de Universidad pública. Alguien me dijo: Lilita vos para tener más prestigio, tendrías que ser titular de una universidad privada. No bastaba ser titular de una universidad pública. A esta distorsión, esto es lo perverso, esto es semiótico, se la compraron millones de argentinos.

En consecuencia, el proceso de democratización pasa por decir: la adopción de decisiones en el país pasa por los que saben. Pero los que saben son: los maestros, los campesinos, los médicos, los trabajadores. Esta es una gobernabilidad alternativa.

Me parece que trabajar estas cosas nos va a permitir, ahora ya hablo como candidata, estar galvanizados para salir a la pelea. Yo sólo voy a terminar con una cosa: uno tiene que estar desprovisto del resultado de la acción, uno sólo tiene que pelear por la convicción más profunda. El proceso es complejo, la pelea es mafiosa, ustedes tienen que estar preparados, no teman, van a decir barbaridades para intentar que no pasemos a la segunda vuelta. Y después, evidentemente, por todas estas condiciones de las que yo hablo tenemos que estar todos preparados, con la serenidad de saber que lo que somos en nuestras conciencias permanece intocado para las mafias.

Podrán con nuestra apariencia. Nunca, nunca tienen que poder con nuestra conciencia y esa es la condición de la victoria.