Discurso de Elisa Carrió en la presentación del libro La concepción del poder desde las mujeres en el Palacio Legislativo de Uruguay

Es importante contar el origen de estas reuniones, que fue hace unos cuantos años atrás cuando mujeres políticas de América Latina éramos convocadas desde Washington por el Diálogo Interamericano a participar de distintos eventos donde, en todo caso, el objetivo final era normalizarnos y que compartamos los principios del Banco Mundial, del Banco Interamericano, etc.

Ahí empezamos a darnos cuenta algunas de las que participábamos que éramos definidas como revoltosas, que no admitíamos la normalización, entre ellas Piedad Córdoba de Colombia, Beatriz Paredes de México, entre muchas mujeres del continente, que en uno de esos encuentros de hace unos seis o siete años, invitadas por el Banco Interamericano de Desarrollo emitimos un documento contra el BID. A partir de ahí, decidimos empezar a convocarnos desde las mujeres de América Latina, para que seamos nosotras y desde América Latina y con un arco absolutamente plural, quienes fuéramos fijando las cuestiones en debate de una agenda común que empezara por nosotras, no que empezara por los otros. Sino que empezara por el replanteo profundo hecho por nosotras sobre qué concepción de poder teníamos, de cuáles eran nuestros mayores problemas, porque se cuenta la vida de los liderazgos pero no se cuenta el dolor que hay detrás de cada liderazgo de mujer en los sindicatos, en una organización social, en las escuelas o en la política. Y así empezamos a hablar de esas cosas que el poder prohíbe hablar.

Y de esto surgió el Primer Foro de Mujeres Líderes Latinoamericanas que, con el apoyo y parte del financiamiento de IDEA, que es una organización internacional que promueve la democracia en América Latina, nos pudimos reunir en Buenos Aires en noviembre de 2004.

Quiero presentar a las dirigentes que viajaron hoy desde Argentina y que han formado parte de este grupo inicial: Patricia Walsh, la mejor diputada que ha tenido la izquierda argentina y que además es la autora de la nulidad de las Leyes de Punto Final y Obediencia Debida; Teresa de Anchorena, diputada de la Ciudad de Buenos Aires y ex secretaria de Cultura de la Ciudad; la diputada Elsa Quiroz, que es la Secretaria General del ARI, que es el partido al que pertenezco; la ex diputada de la Nación y ex ministra Patricia Bullrich a quien todas ustedes seguramente conocen y la diputada de la Ciudad de Buenos Aires, María Eugenia Estenssoro.

En ese marco del que participan la diputada Beatriz Argimón y la Senador Mónica Xavier, y otras mujeres latinoamericanas hablamos de la concepción del poder. Que es esta cuestión, que durante muchos años daba en la Universidad con el ejemplo de Sherezada en Las mil y una noches. No se puede entender la pelea por el poder, me parece que la humanidad no pudo entenderla, como una disputa entre unos y otros, cuando esto no es lúdico, sino que cuando se trata del poder la cuestión es cómo me enfrento. Toda la política contemporánea y moderna es tributaria de aquella concepción del poder, finalmente aniquiladora para la sociedad, en que todo se transforma en una mera disputa por los cargos, no en una discusión sobre los valores, el objetivo es destruir al otro para imponer una posición de poder.

De qué manera esto está vinculado a una concepción del poder por largos siglos establecida no lo sabemos. Lo seguro es que es la concepción dominante. Hasta lo lúdico se ha transformado en una cuestión de negocios y en una cuestión de poder. Si había algo de lo lúdico nacional donde se podía jugar con el juego limpio, con el fair play, sin otro interés que el propio del juego y de lo lúdico era el fútbol y, sobre todo, el fútbol rioplatense, aunque hubiera pelea.

De modo tal que todo el ámbito de la modernidad termina reducido a una concepción donde alguien tiene que ser profundamente derrotado y donde alguien tiene que tener su éxito. Frente a esto, Michel Foucault, decía que todas las formas de poder y política tienen que ver con la muerte. Si es la continuación de la guerra en términos simbólicos, tiene que ver con alguna forma de la muerte. En ese texto, decía algo así como “hay un sólo discurso que se salva de la muerte. Hay uno sólo que puede ser trasladado a la política que nos salva de la muerte, nos defiende de la muerte y nos pone en la vida que es el relato”. Es el poder de un relato que en vez de incluir la disputa, permite la historia. Son los viejos relatos de los mitos, que fundaban la unión de las sociedades primitivas, eran historias heroicas que involucraban a ese pueblo pero a la vez los unían. Esos mitos iban uniendo las tradiciones. A través de esas historias de esos relatos se iban construyendo las identidades y también las diferencias. La mejor explicitación de esto es Las mil y una noches, donde Sherezada no tiene fuerza física ni el poder a su disposición. El Rey que es el que expresa todo el poder, que es lo masculino, había decidido acostarse con una doncella de ese reino todas las noches, violarla y matarla a la madrugada hasta que la próxima noche tenga a otra doncella.

Scherezada era la hija del Visir y una de las mujeres más lindas de ese reino y ofreció su cuerpo y su vida para salvar la vida de otras mujeres, es decir ella se podía defender. Y cuenta con un único instrumento: la palabra. Sólo cuenta con el instrumento que fundó el mundo, la palabra como productora de sentido. El único instrumento era la palabra, que en general es el que tenemos las mujeres. ¿Qué hace? Le empieza a contar un cuento todas las noches y lo deja con la intriga para la otra noche, no termina el cuento y lo seduce con ese final. Salva el poder y la vida de otras mujeres con el relato. Esta es una alternativa de auténtico poder que parece débil, sin embargo usar las historias –como estamos haciendo acá y que es poco importante a los ojos de muchos- es muy importante como historia para nuestros respectivos países.

Esta es la contribución que nosotras tenemos que hacer desde nuestros lugares. Aquí venimos desde Argentina personas que pensamos distinto pero que ese pensar distinto no nos impide construir un relato donde podemos estar juntas, a partir justamente- del reconocimiento de nuestras diferencias.

El segundo tema que tratamos es el de la relación de las mujeres con los medios de comunicación. De que modo las mujeres son miradas por los medios de comunicación en la lógica del parecer, de cómo los políticos tienden a querer parecer para conquistar y donde en este querer parecer violan el ser. Cómo construir una política que tenga una autenticidad enorme y que tenga sentido, que podamos estar gordas un día y flacas otro día y nadie tenga que juzgarnos.

El otro tema que se trató es cómo se sostiene el liderazgo de las mujeres, porque siempre digo que al lado de un hombre exitoso hay una mujer de taullier, pero al lado de una mujer exitosa no hay nadie. Cómo sostener un liderazgo, cómo mujeres que sostienen peleas políticas no ahuyentan a los hombres y cómo se permite que las mujeres puedan sostener sus vidas privadas y las públicas, porque a veces las mujeres cuando salimos a militar en política siempre está el planteo de la culpa, el planteo de porque el bife no está listo. Esa vieja historia de cómo sostener las situaciones de soledad que viven las mujeres en la militancia política hay que tratarlos, de eso no trata el poder normalizador, porque nos quiere solas.

Las mujeres tenemos que armar una red para poder sostener a lo largo del tiempo aquellas políticas de otras mujeres sin el costo que hayamos podido tener nosotras por haber pertenecido a otra generación o, simplemente, por incomprensión colectiva e incluso familiar. La pelea de las mujeres no es sólo la incomprensión profunda en el ámbito de la política, también viene de la familia, porque hay que ser muy hombre para bancarse una mujer distinta. Este tipo de cosas se tienen que tratar no por nosotras, sino por nuestras hijas y nietas, para que ellas no tengan que pasar, en el camino de ingreso a lo público, los problemas, las humillaciones y las soledades que hemos pasado nosotras, las mujeres que hemos tenido que empezar a abrir ese camino.