Discurso de Elisa Carrió en la Asamblea Nacional del ARI

Ésta es una oportunidad para que todos podamos discutir y profundizar algunas bases de lo que fue el camino del ARI durante estos cinco años. Nuestros dirigentes a partir de ahora van a tener que tener una mayor profundización de pensamiento y acción. No se puede caminar sin profundizar la reflexión. Estamos todos juntos y es una oportunidad para profundizar esta reflexión, desprendida de las prácticas electorales, de las estrategias y de las preguntas de coyuntura, de esa mediocridad lacerante de la coyuntura, que impide mirarnos a nosotros, mirar la historia y la Argentina desde el porvenir y no desde la tapa de un diario. Me parece que la mejor estrategia política es poder pensar. Sólo las personas que pueden pensar y reflexionar pueden actuar de otra manera.

El otro día tuvimos una sesión muy difícil por los sujetos que participaban, muy difícil por ese raro entramado de víctimas y victimarios que existe en un solo partido como es el Partido Justicialista, frente a una situación de alguien elegido por el pueblo pero que era un confeso torturador. Sentí que alrededor nuestro, de los pocos diputados que estábamos ahí, de los trece diputados, sabíamos por qué estábamos, había luz ahí, no nos tocaban ya como antes los ataques, ni siquiera de los otros partidos, pero además cuando sin pensar, sin coordinar, sin haber articulado, tanto el discurso de Carlos Raimundi, como la excelente intervención de Eduardo Malacuse como la mía parecían intervenciones acordadas de antemano como una táctica para el recinto, cuando en realidad era la madurez de un proceso de conocimiento, pero también de pensamiento entre todos, que puede amalgamar no sólo conductas sino también pensamientos profundos, donde ya no es necesario tener que hablar demasiado para que cada uno conteste sobre la misma música, con la misma orquesta y con la misma partitura. No por un problema de disciplina sino por un problema de principios.

Cuando Eduardo citaba a la escuela de Frankfurt, cuando pudimos hablar y levantar la estatura de un nivel de debate tan mediocre, sentí que estos cinco años fueron intensos.

A veces una férrea disciplina es lo único que pudo evitar los coqueteos con el poder en la transversalidad, en la nueva hegemonía. No es fácil construir un partido sin recursos, con muchos compañeros que hoy no están, y no es fácil sostenerlo en el tiempo sin que a veces haya que gritar un poco, no para condicionar a nadie, solamente para que se den cuenta del peligro en ciernes que significa comprarse un discurso, una charla o una ambición. Les pido disculpas, pero sepan que esto lo logramos a partir de una reflexión profunda, de caminar la República, pero también de advertir los enormes peligros que un sistema político perverso y degradado moralmente nos ofrece a cada paso con cargos y posiciones.

Los primeros que tuvimos que evitar ese peligro fuimos nosotros mismos y particularmente yo. Tuve que evitar que me ganara la ambición de ser ministro, jefe de gabinete o juez de la Corte, o de integrar una transversalidad mayoritaria. Otros compañeros no resistieron, y por ahí andan muchos judas que traicionaron por izquierda y cobraron por derecha, como dijo el cardenal Bergoglio.

Ese tiempo ya pasó, fue un tiempo duro, difícil, y ahora queda el otro, de una campaña electoral, que no es electoral, es cultural.

No importa el resultado de la elección del 2007, que puede ser antes o en el 2007, que será después, pero de lo que nadie puede dudar es de la victoria final de un modo de pensar y de actuar. No se preocupen si a veces nos encuentra el fracaso, porque quizás ésa es la mejor señal de que todavía tenemos que seguir formándonos, preparándonos, casi artesanalmente Porque gobernar es saber, pero también ser consistente y serlo todos los días, y poder salir del diálogo chato, de la táctica electoral futbolera, de esa lacerante mediocridad que nos mata y que nos cruza, que cuando se junta con la violencia y la prepotencia, dan como resultado la decadencia moral de una nación.

Me gustaría plantear para la discusión, no una cuestión como una receta de aspirina, que seguramente el poder va a exigir diciendo: la oposición no tiene propuestas, y muchos periodistas van a replicar que no existe la oposición Tenemos que poder transitar una etapa distinta para la nación.

El 25 de mayo marca una bisagra y hay dos miradas sobre ese 25. Para algunos es una muestra del mayor poder de la Argentina contemporánea. Algunos diarios dicen que es la mayor manifestación de fuerza, de poder, lo cual es cierto. En consecuencia, esto se ve, para una mirada, como invencible.

Ésta es una mirada. Frente a esta convocatoria de aparatos (nombre profundamente fálico). Una parte de la nación, y no mal intencionada, nos habla del poder de los aparatos y de que el poder de los aparatos es invencible. Por la acumulación de fuerzas, de poder, de tácticas, los Moyanos, los Barrionuevos son invencibles.

Los aparatos se reciclan, son las mismas caras que muestran distintos discursos. La tesis de esta mirada es que los aparatos son invencibles. Es la mirada de la resignación histórica más colosal de la Argentina degradada. Que una mirada pueda decir que el uso, que la prepotencia, que la violencia del poder, básicamente el uso de los pobres, aún constituida como simulacro, es invencible, no marca la fuerza del que ostenta ese poder, sino la profunda resignación histórica del que mira desde ese lugar. Vence aquel que impide al otro mirar desde la conciencia, aquel que, al que tiene mirada de conciencia, le dice: no vas poder. La derrota consiste, no en una derrota electoral, sino la de una mirada que mira desde el sujeto, un sujeto que mira con conciencia, que quiere ser libre, que mirando, desde el porvenir y no desde el pasado, quiere construir otra historia, y nos niega en nuestra más formidable esencia que es ser humanos.

Si los sujetos nacieron para ser dominados por los aparatos, no hay sujetos, y menos sujetos donde repose algo del espíritu y de la condición humana. Si los hombres hubieran nacido para la esclavitud de la mentira, del uso, de la pobreza, de lo antropológicamente disvalioso, y esto fuera invencible, en realidad el sujeto carecería de sentido. Que estemos hoy juntos acá, que nazca un hijo, que haya un nieto y una familia, tampoco tendría sentido. Frente a la absoluta obsolescencia en consecuencia de una consideración de la condición humana vacía de sentido, para poner donde no hay sentido, sólo aparato, poder, violencia y prepotencia, no hemos nacido. Por eso lo primero que debemos considerar es una filosofía del sujeto, y en segundo lugar una filosofía de la historia. Porque si no podemos recomenzar una campaña electoral con un discurso que genere, por sobre la esclavitud de la mentira y de la ausencia de lenguaje, que elimina el pensamiento y lo aniquila, la verdad es que con sólo recetas de aspirina no se cambia una nación.

Si nosotros no nos podemos constituir en un partido capaz de actuar, pero también de pensar distinto y de indagar sobre las propias miserias de nuestros propios conocimientos, si cada uno de nosotros quiere seguir atado a algún pensamiento que en el pasado le dio identidad, pero que no mira a la Argentina desde el porvenir, nosotros no podemos dar cuenta de otro gobierno ni de otra nación. Porque seguiremos esclavos de las apariencias. Se puede ser en apariencia más decente, pero no basta.

El primer planteo que quiero hacer es acerca de lo que es el sujeto. Porque pareciera ser que a principios del siglo XXI, ni en la Argentina, ni en Sudamérica ni en Europa, se entiende bien qué es el sujeto.

El sujeto fue considerado en las dos doctrinas emancipatorias que dieron fundamento a la modernidad, en una relación, no con el tiempo que lo hacía sujeto, sino con el trabajo. Esta sociedad basada exclusivamente en la cultura del trabajo, pero en la de un trabajo que es el trabajo industrial. Es la sociedad del trabajo industrial, ésta es la sociedad moderna, que discutió durante más de dos siglos que la emancipación del sujeto y del hombre pasaba, no por el modo del trabajo, si era antropológicamente libre o no, sino que pasaba exclusivamente por la discusión de quiénes detentaban la propiedad de los medios de producción.

En consecuencia, el sujeto iba a ser libre para unos si era igual, en tanto todos fueran propietarios de los medios de producción, colectivamente, comunitariamente, en la tesis marxista. Lo cierto es que el final de la historia puede comprobar que el sujeto de la fábrica está alienado, aunque el titular de los medios de producción sea el estado. Porque el trabajo, antropológicamente considerado, no está allí y porque el tiempo del sujeto es enajenado. En ambos casos, la plusvalía tampoco le pertenece al obrero. La prueba de que la plusvalía no estuvo en el obrero, es que hoy los grandes empresarios rusos son los viejos líderes del Politburó. En la apariencia de poner la emancipación en la titularidad de los medios de producción, se llevaron puestos millones de europeos del este, y se calló la masacre de los Gulag, en aras de una ideología igualitaria y emancipadora.

No hay frase más maravillosa que la del relato y la anécdota de Maurice Duverger, en Lo bueno y lo malo de la ciencia social de Marx, un libro que les recomiendo, que se llama Los Naranjos del Lago de Balaton y que puede resumir esto. Los líderes del Politburó mandaron a plantar naranjos en los Lagos de Balaton y consultaron entonces a los ingenieros agrónomos. En clara interpretación de la doctrina marxista entendieron que los naranjos iban a brotar en el Lago de la Balaton. Convocados los ingenieros agrónomos dijeron que esto era imposible porque con la primera helada se iban a quemar los naranjos. Finalmente, en fiel interpretación de la doctrina marxista, se plantaron los naranjos que se quemaron en la primera helada. Los ingenieros agrónomos fueron condenados por traición al Partido Comunista y a la ideología marxista.

La doctrina emancipatoria, que decía que el sujeto libre, en la libre competencia con los otros sujetos, iba a construir el progreso ilimitado, que en definitiva es la doctrina emancipatoria del liberalismo, no otorgó libertad, sino que dio esclavitud a millones de personas. Porque finalmente unos usaron la libertad de los otros en beneficio propio. En consecuencia, se fueron construyendo sociedades cada más libres para algunos y cada vez más esclavas para otros, hasta finalizar en el proceso de exclusión, con hombres y mujeres superfluos, a lo largo y a lo ancho del territorio de la humanidad, sin trabajo, sin futuro, sin sentido.

Lo que ya advertía la escuela de Frankfurt -pero ya lo hacía antes Weber- era que la emancipación y el progreso eran una trampa que iba a terminar en una cárcel de burocratización, se está dando en una plenitud nunca vista, a lo largo de todo el espacio de la humanidad.

Pero no menos cierto es que la racionalidad instrumental, que fue la abanderada del ciclo de la modernidad, tuvo su paradigma más extremo y más brutal en el uso de la racionalidad instrumental para la constitución de los nazismos y de los fascismos, que terminaron en el aniquilamiento de millones y millones de personas, eso sí con la nueva tecnología moderna de las cámaras de gas. De modo que el Holocausto no es algo más en la rara historia de azares y tragedias de la humanidad, sino que es el punto en el que la modernidad mostró que los medios cuando no tienen contenido ético, puestos al servicio de cualquier fin, sirven a la matanza generalizada y no a la liberación. Pero si en ambas doctrinas emancipatorias hoy se advierte una amputación enorme, en términos emancipatorios, no es menos cierto que el camino de la democracia fue tan sinuoso como el propio camino de esas doctrinas.

Debemos analizar muy profundamente qué concepto de democracia tenemos, porque en un partido donde venimos de distintas identidades, la cuestión teórica de la democracia no es una cuestión menor, ni en la Argentina que viene ni en los males de la Argentina del pasado. Porque parece que no entendemos lo mismo cuando algunos hablamos de democracia.

La noción de democracia de un presidente como Kirchner es sustancialmente opuesta a la noción de democracia que nosotros damos. La noción de democracia de un Díaz Bancalari, si la tiene, está denotando una antítesis. Pero ambos hablan de la misma palabra connotando significados opuestos. Es preciso analizar teóricamente esta cuestión, porque el ARI no puede tener, en estos temas neurálgicos desde donde brota la práctica diferencias profundas. En el concepto de Hannah Arendt, es mi idea lo que genera mi práctica. No puede acá haber, aunque se ven muchas discusiones, una diferencia tan profunda que nos lleve a entender cosas distintas con una misma palabra.

La noción misma de democracia es difícil, porque los institucionalistas la han puesto en las reglas, e incluso algunos analíticos la han vaciado de contenido, diciendo que finalmente la democracia sólo es un conjunto de medios procesales, de reglas, para canalizar el debate de ideas. Con lo cual esta visión procesal de la democracia vendría a ser una noción institucional vacía que es el lugar parlamentario donde se procesan las decisiones, pero que no hace referencia –y en esto tiene mucho que ver la visión positivista- a la condición humana, al sujeto, al contenido ético. Basta que haya una regla del proceso para que estemos en presencia de una democracia, como la visión de estado de derecho sujeto a normas de Hans Kelsen, pero precedido por un escepticismo ético gravísimo. Hay otros que consideran otra cosa con la democracia que la resumiríamos en una poesía de Borges. Para otros la democracia es un abuso de la estadística, que consiste en que cualquier mayoría, contando numéricamente cuántos somos, determina la decisión democrática y la misma mayoría legitima el contenido, es decir, está relevada de dar razones porque somos mayoría. Efectivamente tiene su origen en teorías como la de Rousseau, mal interpretadas, porque Rousseau tiene que resolver el tema del contrato social, que no se inscribe en ningún lugar.

Es como cuando se pregunta por el contrato moral. No se entiende que hay procesos teóricos y prácticos que son procesos sociales, y en todo caso en algunos casos son niveles teóricos y de análisis. El gran problema de Rousseau es decir: nosotros transformamos los sujetos en estado de naturaleza, entreguen sus derechos naturales a ese contrato social que le son devueltos en términos de derechos civiles, derechos protegidos. El problema es quién decide cuál es la voluntad general y ahí viene el problema de Rousseau. Él dice que la voluntad general es la que respeta el interés general, es la que coincide con él, y después dice que necesariamente tiene que ser mayoría. Y es cierto. Pero esta teoría democrática, de sustancialidad democrática vía voluntad general que necesariamente tiene que ser mayoritaria, terminó en una mayoría que nunca tuvo que dar razones. Esta visión democratista mayoritaria es la que funda los regímenes más tremendos para la humanidad. En una dictadura está claro que hay un usurpador, pero un régimen avalado por la mayoría y donde ésta se siente relevada de dar razones en función del abuso de la estadística, es la peor de las dictaduras porque son las dictaduras de la mayoría, que son las que llevaron a la cámara de gas a los judíos. Es preciso tener clara esta concepción porque en la Argentina hay una profunda confusión acerca de esto. Por ejemplo, y bajando un poco el nivel discursivo y el sujeto, en la Convención Constituyente Nacional, Adelina Dalessio de Viola decía: porque somos la mayoría podemos aprobarla. Lo hacía obviamente en nombre del justicialismo. Esta tesis mayoritaria de abuso de la estadística tampoco considera el sujeto, la conciencia, la razón, ni la condición humana.

Hay una tercera posición respecto de la democracia que pone antes de la regla de la mayoría, la vieja tradición de la mejor razón moral y de los derechos humanos de todos, no sujetos a ninguna regla de la mayoría. A derechos humanos que están antes, por constructivismo moral o por iusnaturalistas. Que cada cual, de acuerdo a sus convicciones, use la teoría que quiera. Habrá algunos que estarán con los constructivistas, otros con los iusnaturalistas, otros con los estoicos de los griegos, y yo que estaré con los mandamientos judeocristianos. No importa, lo cierto es que en esta concepción de la democracia primero están los sujetos, la condición humana, los derechos que emergen por sí mismos de esa condición humana, de esa razón de historia y de sentido. Después está la regla de la mayoría, como medio al servicio de la protección y desarrollo de esos derechos humanos.

En consecuencia, no hay mayoría que pueda ponerse por encima de la condición humana, y no de la condición humana de las mayorías, sino de las minorías. Porque en esta concepción de la democracia, el objetivo final de que los derechos humanos precedan a la regla de la mayoría es la protección básica de aquellos que no están representados en la mayoría. Es la única concepción que nos protege de la exclusión indígena, del pobre, del diferente, del que tiene creencias religiosas diferentes, de la mujer, del niño, del anciano. Es la que pone el contrato moral como núcleo de la condición humana, antes y no después de la regla de la mayoría.

Ni nosotros, ni los justicialistas, ni los liberales, ni los republicanos, ni los de izquierda, ni los de derecha, pueden decidir más allá de la condición humana y de los derechos que están allí. En consecuencia la regla de la mayoría es la regla que permite un debate acerca de la protección y el desarrollo de esos derechos, pero nunca puede servir al aniquilamiento de esos derechos en nombre de la mayoría. Por eso la necesidad republicana de una articulación donde la regla de la mayoría, condicionada por la parte de derechos y libertades de una constitución republicana, pueda gobernar pero al mismo tiempo existan tribunales independientes que garanticen que nunca la regla de la mayoría pueda violar ninguno de los derechos que son anteriores y superiores a esa regla.

Esta es la República, es la concepción republicana de división de poderes, que no tiene sentido aristocrático como algunos creen, sino que tiene un profundo sentdo de protección a las minorías. El desprecio por esta concepción democrática y republicana es la que ha traído la tragedia a la nación. Es cierto que hay algunos republicanos que creen en la república aristocrática pero no estamos hablando de esto. Estamos hablando de la democracia republicana que pone esta condición para asegurar estos derechos y si no tenemos claro esto no podemos gobernar una nación, porque la tentación mayoritaria nos viene de la concepción de Roca, de Yrigoyen, adquiere su climax en la concepción de Perón, y se ve en el espejo del simulacro vándalo de Kirchner.

En esto no podemos crear diferencias en el ARI, porque la tentación mayoritaria es el peor riesgo que puede tener un partido, que quiere para sí monopolizar la opinión, las ideas, construir la historia, porque aniquila y anula la diferencia. Solo reclama los derechos de la minoría mientras es minoría pero el día que es mayoría reclama los mismos derechos de la vieja mayoría trágica. En consecuencia, no podemos caminar ni transitar un cambio de cultura de la nación sin que cada uno de nosotros estemos seguros de que los derechos de las minorías deben ser asegurados por sobre todo y no sólo cuando somos minoría.

Hay un libro que se llama La conquista de América y la cuestión del otro, donde se expone lo que Cortés decía: o idénticos o eliminados. Es interesante esa frase. Claro que los indígenas tienen que estar con nosotros, pero cristianizados. Es una especie de concertación plural de lo idéntico, porque había una imposibilidad de reconocer en el otro una diferencia de dioses, de tiempo, de circularidad. Esa es la matriz cultural de América Latina: o idéntico o aniquilado. Es eso lo que a veces decimos, amar la diferencia es poder estar, no con el otro que piensa parecido a mí, sino con el que piensa distinto de mí pero que respeta esta regla del camino.

Hay una segunda cuestión que quería debatir, pero sobre la cual tampoco puede haber diferencias en este partido, porque hace al núcleo, al corazón de lo que le tenemos que proponer a la nación. No ahora que somos minoría, el desafío es ofrecerle a la nación este modelo democrático cuando seamos mayoría. Cuando la tentación mayoritaria asoma es cuando las miserias de los hombres requieren de lo idéntico para no sentirse amenazados. Hay que estar muy seguros de los propios valores pero también de la diferencia para poder sostenerse, no en la prepotencia sino en la razón, la pluralidad y en la tolerancia.

El pluralismo no puede ser confundido jamás con el relativismo ético y cultural, tampoco con aquel que elige cualquier posición, aunque sea válida porque es subjetiva, porque la dice un sujeto por azar, por capricho o por razón. Porque el escepticismo ético, junto con el positivismo, han hecho demasiado daño a la modernidad, para generar pragmáticos al servicio de la acumulación y no sustancialistas al servicio de los derechos humanos.

Pluralismo no es renuncia a estas categorías morales previas, sino que sobre estas categorías de condición humana y morales previas, se pueda articular el debate de la diferencia, pero manteniéndola. Porque existe un yo y un tu es que existe un nosotros. El pluralismo no existe cuando digo: como hay gente que está conmigo, aunque vengan comprados de otro lugar, soy plural porque yo soy el centro del pluralismo. Lo plural supone esta diferencia entre el yo y el tu que permite el nosotros. Que no se confunda el pueblo de la nación entre el sistema de cooptación brutal, por quiebre de conciencias, con el pluralismo. El pluralismo es la explosión de la diferencia que enriquece a partir del profundo respeto a los principios de la condición humana. Y excluye la voluntad de dominio, pero no excluye la firmeza de las convicciones.

Algunos entendieron que renunciar a la voluntad de dominio sobre una idea era no pelear por las convicciones, ahí hay que recordar a uno de los más grandes liberales de la historia, que es John Stuart Mills, que dice: yo no pienso como vos, pero daría la vida para que vos puedas expresar ese pensamiento, pero no en el relativismo de discutir y renunciar a mi convicción, sino poder dar el debate claro por razones y por argumentos. Para que haya diálogo y debate, tiene que haber fundamentos morales de un nuevo diálogo. Y esos fundamentos morales de un diálogo son tácticas, son conductas. Los fundamentos morales de un nuevo diálogo que precede a ese acuerdo de conductas de los que piensan diferente, es no mentir, no usar, no trampear, pero no es lo idéntico. No me tiene que asustar el otro si estoy segura de mis convicciones. Asusta el diferente, genera miedo de contagio. Sólo temen contagiarse los que son débiles de espíritu para sostener sus convicciones.

El otro punto, además del concepto de democracia, que me parece que tendríamos que discutir para transitar este camino, es cuáles son las categorías de nuevos paradigmas, fracasada la modernidad en su espíritu emancipador y su doctrina marxista. El problema no es cómo dejar la vieja historia, sino cómo construir la nueva y cómo plantear el devenir. Hay algunos pensadores con posiciones prácticas, que han anticipado esto.

Me parece muy interesante un lingüista como Noam Chomsky. Es alguien que podría ser considerado en Estados Unidos como un liberal de izquierda. Un liberal de izquierda es alguien que cree en la pluralidad, en la diferencia, en la libertad, en la igualdad y es de izquierda porque plantea determinadas posiciones de justicia. Noam Chomsky quería ser usado por la ideología de izquierda –estas categorías en Estados Unidos no son claras-. Estas categorías vienen de Francia, del modo en que se sentaban los diputados, son otras categorías en Estados Unidos. Cuando queremos trasladar las categorías, estamos muertos. Miren quiénes están sentados a la izquierda en la Cámara de Diputados de la Nación y se van a dar cuenta. El problema que tiene Noam Chomsky es que él va tomando posiciones por fuera de las ideologías, que son posiciones sustentadas en un liberalismo de izquierda pero en un razonamiento con toma de posición de justicia en cada caso. En unos casos, los americanos dicen: Chomsky se corrió a la derecha, y en otros, cuando se corrió a la derecha, otro dice: no, siempre fue de izquierda. ¿Qué es lo que pasa con Chomsky? Él pide como práctica los nuevos paradigmas, no cree en aquellas categorías emancipatorias. Se dio cuenta, estudió y en consecuencia se guía por paradigmas de justicia, es decir, por posiciones de razón de justicia frente a este liberalismo en cada caso, defendiendo a las minorías, a cualquiera, a muchas, no sólo a las minorías queridas por la izquierda.

Si ustedes toman a Michel Foucault, un filósofo francés, se van a dar cuenta que, ya no en el campo de las condiciones de justicia, sino en el campo de la misma ciencia, de la filosofía, construye la genealogía y comienza la ruptura de la jerarquía de los saberes. Para que ustedes entiendan sintéticamente, entre el saber de un especialista en técnicas disciplinarias en una prisión y el saber de alguien que ha pasado por la prisión, es más importante el saber técnico. ¿Qué es lo que hace que el saber técnico sea superior al saber del dolor de haber pasado la cárcel? Restituye la genealogía, la pluralidad de los saberes sin jerarquía que permiten algunas obras como Historia de la locura de la época clásica. Si las categorías emancipatorias no nos sirven porque no dan cuenta del sentido, tenemos que dar cuenta de otras categorías que puedan verse desde el devenir, es decir cuáles van a ser las categorías con las que van a razonar nuestros hijos y que nosotros deberíamos conducir como modelo de emancipación.

No hay que renunciar a la emancipación, porque eso es renunciar a la condición humana. Cuando las categorías de emancipación que nos constituyeron ya no sirven, es preciso hacer como Einstein, es preciso cuestionarlas, y si es necesario ponerlas en la basura para cuestionar, porque lo importante no es la categoría donde me construí como sujeto, sino como logro la emancipación mía y de mis hijos.

No se debe pensar desde el lugar donde me siento más seguro, sino desde la incerteza de la providencia de la historia para poder deambular en el futuro buscando la emancipación. Acá hay un interés profundamente egoísta en muchos que es no querer desnudarse de su propia historia para construir otra historia y querer trasladarle su propia historia a las generaciones venideras. Eso es individualismo, es egoísmo aunque tenga ropaje socialista. ¿Cuáles son esas categorías? Primero la moral es, en una definición de un nuevo paradigma, no una moralina de prejuicios, sino una moral y una ética sustantivas basadas en lo más valioso que tiene la humanidad que es la diferencia. Somos humanos porque cada uno de nosotros es diferente. Abrazar, cuidar y alimentar esa diferencia en la pluralidad y la tolerancia es el desafío de la humanidad. Es cuidar al otro, es hacerlo crecer en lo que está llamado a ser y no en la disciplina de lo que nosotros queremos que sea. Ya bastante tuvimos nosotros con nuestros padres diciéndonos serás contador, abogado, médico y no podrás ser artista, para que nosotros le traslademos a nuestros hijos y a nuestros nietos la vieja historia de proyectarme a mí mismo en los otros. En consecuencia esta moral sustantiva debe dar cuenta de una permanente proyección del otro en su diferencia, con un límite moral muy explícito: buscá tu diferencia, se lo que estás llamado a ser. Lo que no podés estar llamado a ser es un arcaico y un bárbaro. Estar llamado a ser implica la obligación moral de no mentir, de no usar, de no robar, de ayudar al extranjero y de tener opción por los pobres.

La libertad del ser se funda en la ley, no se funda en el azar ni en el derroche ilimitado de las pasiones confusas que surgen de lo arcaico en cada uno de nosotros, por eso el pueblo judío fue construido en un doble movimiento de liberación que fue caos, pero de coraje que fue ley para poner la Torá en el desierto. Todas las revoluciones en la humanidad que ustedes vieron no son otra cosa que una liberación y una ley. Cuando esa ley no se pudo implantar hubo contrarrevolución. El ejemplo de la revolución francesa es el modo más exacto en que una liberación, que es la Bastilla, queda presa de la tentación mayoritaria en la asamblea y en vez de construir una ley basada en la declaración universal de los derechos del hombre, apropiada por la tesis mayoritaria, termina en el terror y produce, por falta de ley para todos, la contrarrevolución y el imperio napoleónico.

Los movimientos emancipatorios suponen un doble juego, de liberación y de ley. Es el trabajo por esa ley, no represiva sino que permite la diferencia y que permite a un país transitar el camino del desarrollo y la liberación. No hay liberación sin ley. La vanguardia cree lo contrario. Muchísimos de nosotros y algunos otros, han creído lo contrario en los 60 y en los 70. Han peleado por la liberación pero no han creído que la ley era importante y fueron presos de la contrarrevolución, o sea, de la represión posterior. La primera cuestión del nuevo paradigma es la razón sustantiva que funde la libertad y la diferencia y en segundo lugar, liberación y ley como doble juego.

El segundo paradigma es que el sujeto no debe ser visto en función de la relación que tiene con los medios de producción, sino que se debe percibir claramente que la esclavitud del hombre está en relación a qué hace con su tiempo y que los regímenes políticos son los que ordenan el tiempo de la mayoría en beneficio de las minorías.

El tiempo capitalista contemporáneo aliena hasta a los ricos porque ocupa el tiempo de un trabajo vacío de sentido y usa el entretenimiento como ocupación del otro tiempo para que el sujeto no pueda ingresar a sí mismo y pensar. No hay mayor esclavitud del tiempo del sujeto y en consecuencia de la alienación que en el capitalismo en todas sus formas contemporáneas, vacío de sentido, ocupación del tiempo, imposibilidad de pensar y reflexionar del sujeto y aniquilamiento del lenguaje como matriz de una humanidad sin lenguaje. Cuando la humanidad no tiene lenguaje, ni palabra, no puede construir universos simbólicos de emancipación. No ha sido casual el aniquilamiento del lenguaje, ni de la poesía, la literatura y la historia.

La matriz más perversa de la comunicación contemporánea es quitarle la palabra a todos para dársela a una élite, que piensa como entretener a la mayoría, pero que nada cuenta de estas reflexiones. Por eso, la nueva educación debe fundarse en una matriz que otorgue palabras, porque la palabra y la historia pueden constituir universos simbólicos. En esa discusión va mi propuesta de ley de educación, centrándose en esta cuestión. Tiempo y lenguaje definen el sujeto, ¿qué vas a hacer de tu vida que es sólo tiempo? El tiempo es materia deleznable, dice Borges en Heráclito. ¿Cómo vas a resolver para que este tiempo sea vida y no entretenimiento, consumo o trabajo en el vacío? La gran cuestión del nuevo paradigma es poner la cuestión de la enajenación del tiempo y de la liberación del sujeto como liberación de su tiempo al servicio de una nueva humanidad que pueda pensar mundos distintos. Esa es la clave, es el segundo paradigma. Entender la liberación, no en términos de titularidad o propiedad de los medios de producción, sino entender en términos de regulación política del tiempo del sujeto.

El tercer paradigma: si hay un tiempo del sujeto que se desprendió de la naturaleza, es el reloj, la fábrica y la ciudad, pero al desprenderse del tiempo de la naturaleza empezó a aniquilarla. Esta discusión del tiempo nos lleva a un nuevo paradigma. La gran discusión no es entre estado-naciones. Voy a poner el ejemplo de las papeleras. La gran discusión que viene es qué hacemos con el tiempo de la naturaleza, qué hacemos con la naturaleza misma en ese tiempo. Parar el reloj es parar la tecnología para pensar que ahí hay otro tiempo que debe ser respetado. Esta es la tercera discusión. No nos tiene que dividir derecha e izquierda, sino una concepción ambientalista, ecológica y holística del tiempo, del espacio y del sujeto, versus la tesis productivista. Las papeleras no pueden dividir a uruguayos y argentinos, no pueden ser nuestros hermanos uruguayos los enemigos. Es un disparate histórico. La verdadera discusión debe ser entre uruguayos y argentinos que defienden el ambiente, el tiempo y el sujeto frente a uruguayos y argentinos productivistas que quieren aniquilar el tiempo, el sujeto y el espacio.

Tenemos que plantear la discusión ahí, como hizo la declaración de ley, aún desprendiéndose de que da más votos ir al acto de Gualeguaychú a enfrentar a nuestros pobres hermanos uruguayos. Es un disparate de guerra simbólica que aniquila el sujeto, que es prepotente con él.

Cuarto paradigma: se acabaron, en consecuencia, todas aquellas posiciones o paradigmas vinculados al estado-nación y al dominio territorial. Si la cuestión es qué hacemos con los bienes de la humanidad, que son nuestros, sólo en términos de soberanía nacional, pero que debemos preservar como estado para la humanidad. ¿Qué hacemos con el agua dulce, qué hacemos con las reservas de los esteros del Iberá, qué hacemos con la tierra indígena? Esta es la discusión, una tierra habitada para todos, porque nuestros hijos no sólo van a vivir en la Argentina, sino también en Uruguay, en Francia, en África, de modo tal que la extensión territorial del espacio del paradigma emancipador se amplía, hasta cubrir el espacio propio de la humanidad.

No es renunciar a la identidad, es dejar de hablar estupideces. Tenemos que ver si estamos cortados por la vieja identidad territorial del límite o estamos cortados por la vieja dimensión de la condición humana en cuanto al tiempo, lenguaje, sujeto, igualdad y libertad. El conflicto no cerrado de los mitos del pasado, peleándome con paraguayos, uruguayos, con cada país del mundo sin tener posiciones de justicia, pero llenando de miserias y suciedad el propio territorio en nombre del enemigo externo, es lo que nos condena. Hipocresía fatal de los sujetos sin lenguaje, sin rostro y sin mirada, que presidieron el acto del 25 de mayo en la plaza.

El quinto paradigma. ¿Qué otra discusión viene? Es la discusión de la organización económica y de la condición misma del trabajo. Hoy la sociedad y el mundo se enfrentan a hombres sin trabajo, ligados a una cultura donde el sujeto se definía por el trabajo, que es la de la sociedad industrial, y hombres con trabajo sujetos a la misma alienación, con una liberación que es la paga. Prostitutas de un tiempo y de un trabajo sin antropología, entregamos el cuerpo para tener la paga.

Lo que viene es la dimensión sobre esta noción del tiempo, del sujeto y de la racionalidad moral, de una organización económica y social de la humanidad, donde la moneda vuelva a tener alguna correlación con la producción y no con la producción de cualquier bien, sino que la moneda y el valor de cambio tenga alguna correlación con la producción de bienes necesarios para la sobrevivencia de la humanidad.

Tenemos que trabajar por años y siglos para una organización global, no en lo financiero, sino global en el respeto al espacio, a la naturaleza y en la producción y elección de la reproducción de bienes indispensables para la vida de la humanidad, y no para su entretenimiento. Es cierto que esto es muy difícil pero lo va a hacer la historia, lo va a hacer Wall Street. La burbuja que hoy se ve, donde una chalina vale 5000 dólares, es la que se vio en Japón, no lo vamos a hacer los latinoamericanos.

También está la deuda y el déficit americano. Pero tenemos que pelear por lo que viene, tenemos que determinar un modo de organización económica, política y social. El caso chino es un caso tremendo de una sociedad lanzada a la producción y al consumo, que está teniendo problemas de derechos humanos y de medio ambiente trágicos. Los problemas de medio ambiente en el mediano plazo en China no son los de la Argentina. Con mil y pico de millones de personas, el medio ambiente produce una dramaticidad sin precedentes, no para los chinos, sino para toda la humanidad.

El tema del ambiente está siempre ligado a la violación de los derechos humanos, a la explotación y a la subexplotación. Hay que volver a trabajar, no en relación sólo a que todos tengan trabajo, sino a qué trabajo es antropológicamente libre para el sujeto y poder acordar un modo de organización política y social que de libertad al sujeto trabajando y que no lo oprima trabajando. En esto tenemos que tener esta posición de debate y discusión. La gente tiene que trabajar, no necesariamente por ingresos, sino para ser libres.

Tienen que trabajar para un modo de organización donde haya ingresos garantizados y trabajo libre. Es cierto que esto no se va a dar ahora, pero es cierto que hay que mirar el mundo desde el porvenir, porque cuando se mira desde el pasado se otorgan planes sociales clientelísticos para ver como ato a los pobres y los condeno al plan social. En consecuencia, yo puedo hacer en la Argentina y en otros países, una política de ingresos ligada a un trabajo libre que generalmente va a construir universos simbólicos y trabajos más libres y más igualitarios. Es la discusión de ingreso garantizado, como ingreso de ciudadanía, que nosotros lo tenemos resuelto en niñez y en vejez, pero es preciso, con el tiempo, avanzar en el debate hacia el ingreso universal de tipo social. No es una discusión de hoy, pero es una discusión de un universo plantado en el porvenir.

Nosotros tenemos que poder anticipar eso, aunque algunas cosas no se entiendan por las categorías conceptuales del presente. No estamos acá para ocupar cargos, sino para plantar el porvenir en el entendimiento colectivo de los argentinos. No tengo la más mínima preocupación por una victoria o por una derrota. La única preocupación que deberíamos tener es que estemos en condiciones de poder dar estos debates y esta organización con este modelo. Esto es el sustento de un contrato moral, que parece anodino, pero que es fundante. Es el sustento de un contrato republicano que permita redefinir la democracia y la república, no desde el lugar de la república aristocrática ni de la democracia mayoritaria. Este es el lugar que permite discutir el pacto de distribución del ingreso como ingreso de ciudadanía y la reconsideración del trabajo libre e igual. Este es el ARI, por eso venimos luchando.

La propuesta en cada uno de los temas tiene que tener profundidad de pensamiento atrás. Esta es la estrategia, que es más que política, es cultural, es de natalidad de un nuevo universo simbólico político, cultural y social, que de cuenta del mundo que viene y que no nos deje en la plaza del 73. Esta es la misión. La misión no es para que nosotros saldemos nuestros traumas, es para que nuestros hijos y nietos tengan cabida en un mundo que tenga sentido.

Estrategia, que es cultural, política, filosófica, ecuménica en lo religioso, que es profundamente racional pero de una racionalidad moral, que no se asusta de lo agnóstico ni de lo místico y que recrea la profundidad del ser en todas sus manifestaciones, que une y no separa, pero diferencia, sabiendo que la unidad no somos nosotros. Si la unidad existe, es Dios, no nosotros. Por eso en los planteos dictatoriales, el uno soy yo. La diferencia y la dualidad es el uno, pero el uno, en todo caso, es el nirvana para los budistas y el Dios para los judíos y los cristianos.

En términos de esta estrategia, ahí viene la táctica electoral bajada a un país que se ha resignado históricamente a la prepotencia del poder. Las conductas no son ni buenas ni malas, son sinceramente miserables, pequeñas, menores, donde los sujetos parecen correr a ver quién es más obsecuente en esa historia. Cuanto más obsecuente es, más débil es y si es menos obsecuente se vuelve traidor.

Para poder sostener estas ideas, hay que estar convencido y desprendido. Hay que estar convencido de que este es el devenir, sino para qué pelear, y hay que estar desprendido para defenderte de la realidad que te lleva a un lado y al otro para que pierdas el objetivo. Hay que estar desprendido del deseo por una posición, un cargo o un privilegio, del deseo de tener, durante cuatro años, un ingreso asegurado, desprendido del éxito o del fracaso y seguros de que no es con rejuntados que se construye el nuevo paradigma. No es rejuntándose. La gente se rejunta por espanto, por ambición. La gente se une por futuro, por progreso y por utopía. Por eso, nosotros vamos solos, hasta que puedan darse las condiciones artesanales de praxis que nos vayan diciendo quiénes otros han probado que resisten a la mediocridad de la prepotencia, pero que también resisten a sus propias ambiciones. Porque la tarea no es resistir el afuera, el problema es resistir el adentro.

En los tiempos de la fuerte plaza del 25 de mayo, dicen que para nosotros es una derrota heroica. Dicen que después de la tercera derrota, Lilita ya no será candidata. Si vamos solos, debemos ser mínimamente coherentes. No puede poner la cabeza la Junta Nacional, y la candidatura, para que cada uno en otra provincia esté ligado a la unión del espanto. Si somos permeables a la lógica que nos impone el régimen, nosotros no podemos transitar el camino nacional. No podemos caminar la nación diciendo vamos solos, mientras se transitan las provincias diciendo vamos rejuntados. Porque lo que se cae es la estrategia nacional, con lo cual esta opción significa, lisa y llanamente, la disolución del partido nacional en estrategias provinciales de alianzas de rejuntados. Si esto es así, es preferible rejuntarse y que no haya candidatura nacional. Pero si vamos a hacer así, las alianzas locales tienen que tener, por lo menos, una estrategia de principios coherente. Sino va a ser imposible, esquizofrénico, va a ser el doble discurso y la doble moral.

No quiere decir que en las provincias haya realidades particulares, quiere decir que hay que tener mucho cuidado de cómo artesanalmente se construye eso, para que no implique una contradicción que haga perder el objetivo. En esto hay que ser muy cuidadoso y muy desprendidos. Tenemos que ver si lo que queremos es este cambio cultural, político, de partido o queremos buenos resultados electorales.

No es que nosotros no vamos a seguir, porque así lo concebimos, así nacimos, así hicimos esto maravilloso entre todos. Hoy, vienen investigadores de todo el mundo a preguntarnos cómo construimos un partido de nuevo paradigma, de mujeres, de jóvenes, de hombres, cómo armamos institutos, cómo formamos, cómo capacitamos, cómo peleamos sin recursos y con otras lógicas, cómo hicimos.

Esta causa no nos pertenece a nosotros, en consecuencia esta causa no está para ser negociada en una mayoría circunstancial, aunque sea del partido. Esto es una definición estratégica y táctica, no es que nosotros queremos esto, es que no puede haber dos éticas.

Podría aparecer como la única líder opositora que puede disputar. Los empresarios nos quieren financiar, no es que no lo quieran. Somos el único partido que rechaza financiamiento y piensan que estamos locos. Estarían contentos con una alternativa moderada, ética, indisciplinada a los intereses del poder, que diera cuenta de una Argentina republicana que fuera por otros negocios. Uno no podría estar en eso, no tiene ni cuerpo, ni corazón, ni conciencia, sería una traición violenta, prepotente, inhumana, a una causa que no nos pertenece a ninguno de nosotros. Sería por una sola razón: la conveniencia de poder, que es la razón instrumental y fálica que guía a la constelación del poder y de los partidos en la Argentina.

En aras de esta pelea cultural estamos renunciando a esta táctica perversa de blanqueo, como lo hicimos en el pasado, cuando siendo oficialismo, nos opusimos a las leyes de la Alianza y no blanqueamos ninguna de las votaciones. Esta causa no debe ser entregada por alguno de nosotros en algún lejano o cercano territorio de la nación. Esta causa es de todos los argentinos. Cada uno sabrá lo que debe hacer con su conciencia y con su estrategia.

La verdad no es una relación entre un sujeto cognoscente y un objeto por conocer, es la confianza que a su vez es el camino. Sólo vas a ser libre si en el tránsito de tu vida no usás, no robás, no mentís, no entregás. A veces hay que renunciar hasta que duela. Nosotros, los que estamos acá, tenemos la profunda alegría de no haber tenido táctica, sino estrategia. Los partidos que tuvieron táctica, se cayeron en el camino. Muchos venimos de alguno de esos partidos. El FREPASO es el ejemplo de un partido que luchaba por principios parecidos a los nuestros, pero que optó por la táctica y se perdió en el camino. El PI es un partido que peleaba por algunas cosas como las nuestras, eligió la táctica y se perdió en el camino. La Democracia Cristiana peleó, en su momento, y se perdió en el camino porque eligió una táctica, porque delegó la táctica como si fuera una estrategia.

Muchos que cuestionan posiciones, no tienen idea de las horas que he pasado estos últimos seis años, elaborando una posición, no en función mía, sino en función de saber que muchos de nosotros y de ustedes piensan en posición propia y seguramente razonable, pero que un paso en falso mío se lleva puestos a la causa y a todos ustedes. Tenemos que tener posiciones de justicia, cuatro o cinco tuvimos este año.

Por ejemplo anticipamos el golpe a Santa Cruz, con informes, viendo cómo se llevaban puesto a un amigo personal que creyó que se podía convivir con la corrupción y la barbarie siendo honesto. Condujimos desde un lugar, a veces difícil, la posición de la justicia en el caso Ibarra, sin acompañamiento de muchos. ¿Qué hubiera pasado si garantizábamos la impunidad de Ibarra, como algunos me recomendaron, con qué discurso le íbamos a decir a la nación que 200 chicos y esas muertes quedaban impunes porque nosotros éramos progresistas y entonces teníamos que proteger a los progresistas, como si el delito fuera ideológico?

Es muy difícil transitar en las votaciones cuando te venden estatización y es una privatización patrimonialista corrupta. Si en lugar de anticipar y estudiar, hubiéramos aplaudido la estatización, ¿qué nos hubieran dicho nuestros compatriotas después?, cuando el agua, la luz quedaron en manos de los amigos del presidente, que ni siquiera saben gerenciar. ¿Qué hubiera pasado si en vez de seguir a Repsol y ver cómo los amigos del presidente se quieren quedar con las acciones de Repsol no le anticipábamos la jugada? El 25 de mayo se anunciaba la nacionalización en manos de Cristóbal López, el dueño de los casinos de la Argentina. Qué difícil bisagra decir que no puede entrar a la cámara alguien que ha torturado, cuando quienes sostienen que no se incluya son los mismos que lo llevaron a la banca.

Tenemos que sostener esas posiciones y no nos cuidamos en la imagen, no somos presidentes de un club de fútbol que opinamos de un partido y no estamos sentados en el recinto defendiendo posiciones para la república. Hay un liderazgo que en cada una de las posiciones, por más difícil que sea, está poniendo la cara, aún contra la mayoría de la opinión pública y aún con el cuestionamiento de sectores del propio partido, que prefieren la comodidad de descansar un poquito en el camino, a seguir dando la lucha. ¿Para qué pelearnos con los amigos, si Ibarra es bueno? ¿Para qué pelearnos y discutir posiciones políticas adentro del partido, si mejor es disimular?

Ustedes tienen que entender la dificultad de cada uno de nuestros diputados en las provincias, de una diputada en Neuquen, en Río Negro, en el Chaco, de nuestros compañeros de Catamarca, de San Juan que ni siquiera tienen representación pero que han peleado una posición. Veo a nuestros compañeros de Formosa sacando 5000 votos, perseverando en organizaciones no gubernamentales, ayudando a la gente, veo un solo diputado o diputada en el Chaco trabajando con los aborígenes, por las tierras, en esa absoluta soledad, casi sin asesores.

Este partido se hace y es posible por los compañeros que no tienen bancas, que están solos, que no tienen un solo privilegio y están a lo largo y a lo ancho del país. Los que más tenemos, los que tenemos bancas, asesores y lugares, tenemos que dar cuenta de una generosidad, de un desprendimiento, de una grandeza, porque tenemos el privilegio de tener los lugares sostenidos por los otros compañeros sin lugares. Ellos son nuestras espaldas, no el poder. Ellos permitieron que esto sea un partido nacional. Hubo muchos partidos locales, que ganaron la Capital, que sacaron votos en los grandes centros urbanos, pero muy pocos partidos como éste que se pudo construir nacionalmente. Para ellos mi más profundo reconocimiento.

Hemos podido transitar todo esto y ahora nos queda un paso más, que no va a ser entendido en términos de las culturas tradicionales, que no es una alianza electoral. Nosotros debemos establecer un diálogo en la diferencia con mucha gente que piensa distinto, para que pueda haber acuerdos de conductas, consenso en la distribución del ingreso, el ingreso ciudadano para la niñez y el régimen previsional y para que pueda haber acuerdo republicano. El día que nosotros triunfemos, ese día no llegaremos al poder, es el día que los que están a la izquierda y a la derecha en nuestro país, desde todo el arco político, podamos celebrar un acuerdo de conductas, no con todos, no con los corruptos, sí con los que piensan distinto.

Un acuerdo de conductas, donde todos, la izquierda, la derecha, puedan decir que la distribución del ingreso, el ingreso ciudadano de la niñez y un nuevo sistema previsional a la vejez, es por la república. Nuestra batalla no es ganarle la idea al otro, es convencer a toda la Argentina de que estos son los presupuestos fundacionales de una nueva nación. Ese día triunfamos, salvo que nuestro triunfo sea una banca, una presidencia, en cuyo caso no habremos estado peleando por una causa sino por nosotros mismos.

Toca la difícil tarea, de ir revisando conductas serenamente, de ver quiénes resisten, de ver quiénes van pudiendo resistir al poder, de quiénes son capaces de articular estas políticas, de quiénes se pueden sentar, qué empresarios, qué sindicalistas, qué políticos, en una Moncloa, qué izquierda, qué derecha, hay que elegir. No se elige entre los propios, entre los parecidos, porque sino estaríamos negando los presupuestos morales y filosóficos de nuestra propia idea. O creemos en la diferencia, o la predicamos y no la practicamos. Amar la diferencia es amar al otro que piensa distinto y tratar de convencerlo. No vamos a hacer alianzas electorales, pero no vamos a tener prejuicios. No podemos ser arrastrados por los mitos del pasado. No puede ser que una plaza y el balcón tengan una propiedad, ni las palabras, ni los derechos humanos. ¿Ustedes saben que el 80% de los productores ganaderos tiene entre 300 y 600 cabezas? Es un disparate llamarlos oligarquía, es un disparate histórico. Era un término pertinente en la década de los 40, ¿vamos a volver a los años 20?

Voy a referirme como último punto que me parece importante para debatir a la incorporación a este partido de las alianzas de las fuerzas sociales. Me parece que es una discusión que se tiene que dar. Nosotros trabajamos con las fuerzas sociales que quedaron resistiendo. No hay fuerzas sociales que resistan en muchos lugares donde antes resistían. En los espacios simbólicos que nosotros teníamos antes, no hay nada.

Mi primera recorrida por la nación, no fue como ARI, fue defendiendo al campo de las deudas hipotecarias y de las ejecuciones. Quiero que se recuerde para que nadie crea que son posiciones cambiantes, yo siempre acompañé al campo, vengo del campo y siempre voy a defender al campo. Y el campo no puede ser el enemigo de una fuerza progresista. El campo también funda el progreso de una nación y debe ser conservador para que la ciudad pueda ser dinámica, porque si el que está en el campo es dinámico, se va a la ciudad y no se queda en el campo. Salvo que los que estén en la ciudad estén dispuestos a volverse al campo, con lo cual se vuelven conservadores.

El ARI no va a morir porque es una causa, no es un partido. Pero tengan cuidado que no se los lleven puestos. Hay que hablar, hay que lograr llenar espacios y en eso hay que tener el cuidado artesanal de ir viendo quiénes resisten y abrir esas listas a las personas de las que tengamos la seguridad que van a resistir. A veces no responden a nuestro estereotipo, pero dan cuenta de una persistencia, de una perseverancia, de una adhesión al partido. ¿En qué nos estamos fijando nosotros, la estética o la conducta de las personas? ¿Hay que ser barbudo para ser progre y consecuente? Tenemos que poder dar cuenta de la ruptura de nuestros propios estereotipos.

Si yo no me hubiera desprendido de mis estereotipos, con los que me eduqué, ir a un club de golf, al rugby, etc, hubiera juzgado a la gente por su cartera, que era lo que decía mi abuela. Este estereotipo también está en el otro lugar, que consiste en que si yo no tengo una determinada apariencia no soy setentista. Romper estos estereotipos, entender y profundizar la diversidad, es un deber para con nuestra historia. Nuestros hijos no pueden tener diferencias estéticas.

Hay una cosa que nosotros no logramos tener y es la igualdad metida en el corazón. Una cosa es el discurso. Mi padre me lo enseñó. Cuando yo era chica en la mesa se sentaba el peón del campo y estaba al lado don Arturo Illia. El peón estaba vestido con el traje de mi papá y mi papá estaba en camisa, pero no porque había hecho de eso un espectáculo, sino porque él en ese momento había pensado que los que tenían que estar junto al presidente eran sus amigos, los que habían trabajado por el radicalismo en esas chacras, los que lo amaban. Hubiera podido sentar ahí a los amigos de la ciudad con los que se había criado. Esa igualdad del corazón es entender que esta es nuestra opción irrenunciable, para con el que no tiene casa ni comida. Pero también es pobre el que no tiene quien le hable aunque sea rico y no podemos despreciarlo porque ahí hay una condición humana sola que nos llama y que nos necesita.

El país que deseamos es uno donde la riqueza no sea la diferencia y el basamento del prejuicio, donde haya ingreso ciudadano pero donde sepamos que en cada uno, aún en el peor de todos, hay una humanidad que nos llama. Si pudiéramos desprendernos de todo eso, entender que no vamos a dejar de ser de clase media porque nos hagamos obreristas, que no pasa por una cruz ni por unos anteojos, si cada uno puede hacer lo que quiera con su vida, si tiene límite moral y ley, trabaja por la libertad. La gente puede estar con o sin aro, barbudo o sin barba, gordo, flaco, rico, pobre, construyendo una humanidad distinta. El progresismo tiene que desprenderse de sus estereotipos para construir progreso, porque sino queda circulando en el 3% electoral de los que creen que luchan por todos, y están luchando por sus cargos en el parlamento nacional.

Algunos creen que hablar difícil, con términos sociológicos es ser setentista. Ser setentista es creer en el progreso de una nación, no es hablar difícil. La llaneza del lenguaje es propia de la grandeza de los espíritus. No queramos parecer ser otros de lo que somos, seamos obreros, ganaderos, empresarios, mujeres, hombres, seamos lo que somos, con una clara opción por los pobres, por todos los pobres, por la justicia, por el ambiente, por el sujeto, por el lenguaje. Si nosotros podemos hacer esto y estoy convencida que lo vamos a hacer, y vamos a poder dar sentido a una nación, pero más que a una nación, a una Sudamérica que necesita una revuelta encendida.