Carta de renuncia de Elisa Carrió a la Junta Nacional del ARI

Buenos Aires, 14 de marzo de 2007.

Queridos compañeros de la Junta Nacional del ARI

Ha llegado un tiempo que aunque anunciado en el Plenario Nacional de la Ciudad de La Pampa en agosto de 2006, exige una explicación que deseo se haga llegar a cada uno de los militantes y a toda la Ciudadanía.

En noviembre del 2001, decidimos fundar el partido como uno de los instrumentos, especialmente electoral, de una causa que excedía en mucho la disputa de cargos o roles de gobierno. Nuestra causa podría sintetizarse como la lucha por tres matrices o contratos:

a) una nueva matriz moral que avance hacia un cambio cultural y político profundo de nuestras conductas en relación a la vida pública y privada: no usar al otro, no mentir, no robar y no votar contra los pobres.

b) La matriz republicana como arquitectura institucional y los derechos humanos y la justicia independiente como garantía de ciudadanía plena.

c) La matriz de distribución del ingreso de la palabra con políticas sociales igualitarias y un nuevo sistema educativo, que permita liberar a gran parte de esta sociedad de la esclavitud de la pobreza y la miseria.

Un mes después enfrentábamos la caída de un gobierno, la devaluación asimétrica y el empobrecimiento súbito de vastos sectores sociales. Nos vimos en la necesidad de asumir una responsabilidad transferida por la sociedad que me señalaba como la candidata más votada a Presidenta de la Nación. Frente a tales circunstancias excepcionales tomamos una cuádruple responsabilidad:

a) Constituir al partido en todo el país. Lo que se logró en septiembre de 2002.

b) Asumir nuestro rol parlamentario en la crisis.

c) Recorrer toda la Nación.

d) Constituir una plataforma y equipos de gobierno.

Estaba claro que un sistema de partidos aún deteriorado, no podía tolerar que un pequeño partido reemplazara como expresión de una coalición cívica más amplia al viejo sistema corporativo.

Rechazamos todos los convites, acuerdos o pactos que implicaban la garantía de nuestro triunfo presidencial y la entrega del manejo del poder a la corporación económica y política tradicional. En este proceso de incorporaron muchas personas, mujeres y hombres que proviniendo de pensamientos diferentes y hasta opuestos compartían y se comprometían con este paso cívico. Es el caso de Marta Maffei desde el sindicalismo y la CTA, diputada nacional por la provincia de Buenos Aires, también Gustavo Gutiérrez del Partido Demócrata de Mendoza, de pensamiento clara e inequívocamente liberal, candidato a vicepresidente de la Nación y luego a Gobernador de Mendoza.

Desde el principio, entonces, no podía haber equívoco alguno, la honestidad pública y el compromiso con los tres contratos eran la condición, la apertura hacia todos los sectores y clases sociales la premisa.

En agosto de 2002 escribí el documento conocido como el Contrato Moral, donde expresaba con claridad que el mal de la Argentina era la violencia y que la única salida era la construcción de la Paz. Allí también se planteo la enorme necesidad de hacernos cargo de nuestra historia, de arrepentirnos como único medio de nacer de nuevo conjuntamente con el imperativo de justicia y juzgamiento de los delitos de lesa humanidad. Justicia y reconciliación fueron planteados allí como complementarios para la consecución de la paz. Este documento fue aprobado como parte fundacional del partido.

Con sólo el dinero del Estado para las boletas electorales obtuvimos dos millones ochocientos mil votos y nos presentamos a las candidaturas electorales en la mayoría de los distritos.

El 2004 nos traería cuatro desafíos:

a) Demostrar que se puede hacer política sin cargos. Tanto la Secretaria General, Elsa Quiroz como yo no tuvimos cargos parlamentarios, para enseñar con el ejemplo al partido naciente que lo más importante es la causa y no la mera disputa de cargos o privilegios políticos.

b) El segundo desafío fue crear el Instituto Hannah Arendt, como institución independiente del partido y como centro de discusión filosófica y política, con la dirección académica de Diana Mafia.

c) Creamos también el centro de investigación Lisandro de la Torre, para la elaboración de trabajos de campo, de investigación y control de gestión, presidido por Paula Olivetto.

d) Afrontamos, por último, la institucionalización definitiva del partido nacional, creando un órgano colegiado y negándome en todo momento a presidir la Mesa Nacional como primer paso de una estrategia destinada a separar el liderazgo de la institucionalidad del partido. Siempre y en todo momento les reiteré a los miembros de la Junta que mi presencia era transitoria y que sólo estaba destinada a ir consolidando una autoridad institucional autónoma.

A comienzos del 2005, fundamos la Escuela de Gobierno destinada a la formación de cuadros dirigentes en todo el país. En ese mismo año tomé la decisión mas dura de mi vida política: ser candidata a diputada Nacional por la Capital Federal, ciudad que amo, habito y en la que me siento una vecina más, pero que implicaba no volver a mi provincia de nacimiento a disputar candidatura alguna. Esa decisión tenía una razón mayor que era sostener desde Buenos Aires a todo el partido nacional para hacer avanzar la causa que nos habíamos impuesto en el año 2001. Tenía un precio personal que era no acceder nunca a la tentación real de ser Jefa de Gobierno de la Ciudad, porque lo que me alejo del Chaco fue la necesidad de luchar contra la pobreza y por la República en todo el país y no la de disputar poder personal o político en la Ciudad de Buenos Aires.

Hicimos campaña en toda la Nación para poder sostener al ARI en cada una de las provincias y especialmente en la provincia de Buenos Aires.

Salimos segundos y terceros en los principales distritos del país pese a la operación demencial orquestada desde el Gobierno contra Enrique Olivera.

Asumí como diputada Nacional hace un año y me negué a presidir el Bloque de Diputados Nacionales para consolidar la independencia y autonomía del Bloque institucional respecto del liderazgo. Sólo hable en escasas oportunidades para dar lugar al crecimiento de todos los compañeros del Bloque.

En mayo del 2006 se fijó la estrategia electoral de cara al 2007, acordándose en distintos plenarios nacionales:

1) Fijar mi candidatura a Presidente en forma inamovible para dar certeza a la ciudadanía de una candidatura opositora y despejar toda especulación y presión sobre la doble candidatura Capital-Nación. Al mismo tiempo el anticipo de la candidatura tenía como objetivo que los otros candidatos manifestaran su volunta, especialmente Roberto Lavagna, para evitar candidaturas sorpresivas en el 2007 como nos sucedió en el 2003.

2) Mantener la intransigencia en relación a alianzas y coaliciones hasta diciembre, para evitar el manoseo y la especulación típicos de la política argentina.

3) Ir conversando en forma reservada con aquellos dirigentes honestos, que más allá de sus ideas políticas resistieran la cooptación tanto del Gobierno, como de la derecha de negocios con el Gobierno.

4) Instalar a partir de diciembre la necesidad de una coalición Cívica, política e interreligiosa e intercultural con todos los partidos y personas que hayan resistido en este largo y duro proceso de cooptación. No sabíamos en ese entonces quienes resistirían y debe tenerse claro que no los elegimos nosotros, se eligen por la propia dignidad de su resistencia. En este sentido basta recordar que en la Francia de la resistencia estuvo Charles de Gaulle, pero también estuvieron socialistas y comunistas. Tenían distintas ideas y distintas historias pero pudieron resistir. En este período fue clara la actitud de resistencia del Presidente del Socialismo, Rubén Giustiniani, en la línea de Alfredo Palacios, resistieron algunos radicales en distintas provincias y entre los partidos de centro, Unión por Todos de Patricia Bullrich. Resisten también muchísimas mujeres y hombres que no quieren quedar presos del autoritarismo y la barbarie.

Entre julio y agosto de 2006 tomé la decisión de alejarme de la Mesa de conducción de la Junta Nacional, decisión difícil pero que era parte de la estrategia destinada a liderar en el futuro esa coalición cívica. En diciembre del 2006 lanzamos en el Instituto Hannah Arendt el embrión de esta Coalición Cívica, cultural, política e interreligiosa y se creaba, también, Mujeres por la Paz.

Es preciso entender que la decisión tomada de construir una Coalición Cívica más amplia que exceda a los partidos y que de cabida a personas que quieran comprometerse desde otros lugares de lucha de la sociedad implica que quién lidere ese proceso no pertenezca o represente a una de las partes, aunque provenga de ella, porque de otra manera se desequilibra la coalición. Es preciso que el liderazgo sea árbitro y garantía de los acuerdos de la coalición. En este sentido el ejemplo más claro fue la figura de Liber Seregni en el Frente Amplio uruguayo, La ausencia de un liderazgo de reunión y de arbitraje fue una de las causas del fracaso de la construcción de la Alianza en 1997.

Las coaliciones cívicas en la Argentina desde la generación del ‘37 en adelante pecaron de este defecto y tuvieron como consecuencia quiebres y cooptaciones. Pero las coaliciones cívicas están enraizadas en nuestra historia como único modo de enfrentar procesos autoritarios y de liquidación de la República.

Mi actuación a partir de ahora sólo tiene significación si somos lo suficientemente generosos para abrirnos a una coalición más amplia. Por ello es un imperativo, pero también una necesidad práctica y política que el liderazgo no pertenezca formal y realmente a algunos de los grupos que integran la coalición aunque provenga de él.

Por estas razones, como parte inescindible de una estrategia nacional y local es mi decisión política desafiliarme al partido que funde para asumir el liderazgo de una coalición Cívica más amplia que como primer paso en la Capital Federal y después en toda la Nación enfrente a las dos partes del mismo sistema: el gobierno autoritario de Néstor Kirchner y la oposición satélite de negocios que lo convalida.

Estoy convencida que un ancho margen de esta sociedad criada en los valores de criollos e inmigrantes no quiere ser esclava de ninguna forma de autoritarismo o de plutocracia de negocios. Creo profundamente en la necesidad de que encarnemos socialmente la necesidad colectiva de la Paz, la no violencia, la igualdad, la libertad y la justicia.

Mantengo, en consecuencia, mi absoluto compromiso de ser candidata a la Presidencia de la República si así lo decide el Partido al que amo profundamente y que lo vi nacer. Está claro que esa decisión debe enmarcarse en la irrevocable voluntad colectiva de una Coalición Cívica amplia, generosa, no excluyente cuyo corte sea la honestidad y el compromiso con la libertad y con la lucha contra la pobreza.

El contrato moral no lo puede celebrar sólo un partido, el republicano tampoco, menos aún un solo partido tiene la fuerza suficiente para llevar a cabo la distribución del ingreso, de la palabra y de la cultura a toda la sociedad argentina.

Con el amor y el compromiso de siempre,

Lilita