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ELISA LILITA CARRIÓ, EL NUEVO FENÓMENO DE LA
POLÍTICA
UN HURACÁN
Medio: Revista
3 puntos
22/02/01
Cómo
es y qué piensa la diputada que tiene en jaque a la dirigencia política
argentina. Su intimidad. La religión. Los enemigos. Por qué le cree la
gente. Sus próximos pasos. Un reportaje sin concesiones y una encuesta
reveladora. Habla su madre. Escriben Enrique Zuleta Puceiro y Mempo
Giardinelli.
El
palier del departamento se asemeja al del consultorio de una vidente. Un
cuadro de la Virgen Desatanudos y unas medallitas colgadas forman un pequeño
altar. La puerta se abre. Sentada en un sillón blanco, Elisa Carrió mira
los edificios a través del ventanal que da a la avenida Santa Fe. Tiene
los ojos húmedos y en sus manos se enrosca y desenrosca un rosario
nacarado. El silencio se hace más profundo en el inmenso living. Y cuando
todo indica que comenzará a hablar de uno de sus temas preferidos, el
misticismo, su rostro se trastoca y parece transformarse en un huracán.
De repente, la persona que llora al hablar de religión o de su familia,
grita y putea opinando sobre el poder, los banqueros y algunos políticos.
Destila ira sobre los lavadores de dinero y sus presuntos cómplices,
contra quienes desató una batalla mediática en las últimas semanas. A
lo largo de dos horas, su rostro muta un sinnúmero de veces. A una cara
le presta las palabras de la Biblia y de San Pablo, a la otra le hace
recitar a Giovanni Sartori, Jean Paul Sartre, Norberto Bobbio o Sören
Kierkegaard. Lilita -como la llaman- parece dispuesta a unir, por lo menos
en lo intelectual, el agua y el aceite.
Casi con la misma devoción con que habla de Dios, Carrió pondera a Hipólito
Yrigoyen y Leandro N. Alem. Y aunque sólo deja de juguetear con su
rosario para golpearse el pecho y afirmar que es radical, muestra su
desprecio por el gobierno de Fernando de la Rúa y, sin temor a la opinión
de sus correligionarios, dice amar al peronismo como movimiento popular.
Pero no son las únicas paradojas: pese a sobreactuar el descuido de su
imagen física, hoy es la política que goza de mejor recepción en la
opinión pública. Todo eso en un momento en el cual muchos creen que el
parecer es más importante que el ser. Ella lo sabe, y hace de esa
contracultura una herramienta.
En su juventud, usted ganó un concurso de belleza. ¿Es muy distinto el
trabajo que hay que hacer para triunfar en una elección que en un
concurso de belleza?
Yo era linda porque era linda y delgada. Pero en ese momento en que yo era
tan linda, también se me murieron mis seis íntimos amigos y mi novio.
Todos me decían "si sos linda e inteligente, ¿qué te puede
faltar?". Y a mí me faltaba la vida. Desde muy chica supe que la
belleza estaba adentro y no afuera, ésa es la única que tiene que
cultivarse. Por eso yo me río cuando me dicen que no me cuido; es cierto
que soy descuidada, pero si uno se cuida el alma no tiene ningún
problema.
¿Nunca le preocupó su estética?
No, le preocupó a los demás. Porque yo me convertí en un ser distinto
del que era. ¿Está? De pesar 55 kilos a los 35 años, tengo este peso.
En realidad el horror es de mi madre, que es muy elegante y muy cheta.
Pero, teniendo en cuenta que los políticos de hoy rinden culto a la
imagen, ¿cómo hace?
Debo ser la persona de mayor imagen pública del país y nunca me he
peinado. En realidad es una lucha cultural, donde yo he sobreactuado
porque la otra cultura es la de la discriminación. Entonces digo: "Sí,
soy gorda, periférica, provinciana, marginal". He sobreactuado los
atributos que suponen la discriminación, y los he puesto en el lugar de
la autoridad: "Sí, soy, ¿y qué?". Y muchísima gente en este
país se siente identificada conmigo. Yo llego así a la televisión, como
me ves, porque trabajo, porque estoy trabajando de diputada, y así llego
a la televisión... Se imaginan que no me voy a bancar media hora en la
peluquería... Me muero.
Sin embargo, lo primero que contrata un político con aspiraciones es un
asesor de imagen...
Eso da votos cuando no hay política. Rinde en un país donde no hay
hechos ni luchas por los principios, ni mística ni actos heroicos. Los
asesores de imagen quieren transformar a las personas, y ahí es donde
aparecen las malas experiencias, como Bordón o Fernández Meijide.
Construyen imágenes y se caen, porque son cáscaras electorales, entonces
se hacen trizas en muy poco tiempo. Es muy difícil cambiar el poder
cuando una persona llega sólo por su imagen, porque no es lo mismo que
tener liderazgo, que es una relación mucho más fuerte con el pueblo, de
interpretación de su sentir. No se tiene autoridad porque se sea
presidente; la autoridad surge de un liderazgo, de principios y de
conducción, y eso es independiente del cargo formal que uno tenga.
¿De la Rúa tiene autoridad?
No, no tiene autoridad. Es presidente pero no tiene autoridad.
¿Menem la tenía?
Sí, en su estilo. Tenía una autoridad basada en el rostro más oscuro de
los argentinos. Menem es profundamente argentino, con la transgresión del
macho, sin moral. Era cruel, dictaba las medidas y la gente decía:
"Cómo ejerce el poder". Y los analistas políticos liberales de
la Capital se fascinaban de igual manera que con el macho cruel. Además
es un pretotémico, es premoral, lo dice la misma Zulema Yoma. No es
inmoral, no puede serlo, porque no tiene moral.
¿Usted cree que se abandonaron los proyectos colectivos por los
individuales?
La sociedad tiene un proyecto colectivo, pero la dirigencia no lo puede
encarnar. Ese proyecto se va a manifestar en muy poco tiempo. La Alianza
fue un proyecto colectivo, y fue traicionado. Se ganó la batalla en la
conciencia colectiva pero no en el poder.
"El problema de Lilita es que no hay teléfono que la mande",
asegura un amigo que la cree una cruzada principista. Sus enemigos, en
cambio, mascullan: "La Gorda está loca. No entiende nada de real
politik". Lo cierto es que Lilita -como ahora la llama la sociedad-
es tan ingobernable para el poder como popular en las encuestas. La
diputada dice que esa libertad a ultranza es una herencia genética del
padre, un bohemio radical que pasó su vida gastando la plata que habían
ahorrado sus ancestros. Era capaz de ir a tomar un café y tardar cinco días
en volver. Hasta que Coco marcó su impronta, los Carrió eran "una
familia bien" del Chaco.
En contraste, Elisa fue una madre clerical, ordenada y severa. Durante años
fue una anónima empleada pública. Pero recientemente los diarios le
dedicaron tinta y espacio cuando renunció a su cargo de secretaria de
Planificación y Evaluación de Resultados del Chaco como consecuencia del
conflicto que su hija mantiene con el gobernador Ángel Rozas.
Diferencias éticas y de principios la separan hoy del mandatario. Rozas y
Carrió habían sido los primeros dirigentes radicales en diseñar la
alianza con el Frepaso. La implementaron en su provincia y fue el botón
de muestra a nivel nacional. Desde entonces, la diputada le puso el cuerpo
a la Alianza. Recorrió el país haciendo campaña por la fórmula De la Rúa-Álvarez.
Pero una vez que De la Rúa llegó al gobierno, se convirtió en la
primera oficialista rebelde. Casi, casi, más opositora que los
opositores: se enfrentó al impuestazo, a la rebaja salarial de los
empleados públicos y a la Ley del Arrepentido. Fue una de las pocas voces
radicales que denostaron en público el procedimiento de aprobación de la
Reforma Laboral en el Senado. Acusó al Presidente de hacer
"familismo" y a la coalición de haberse
"oligarquizado". Ya hace un año sentenció: "Gobernamos
para los ricos".
¿Por qué es tan fácil para el poder cooptar dirigentes?
Por miles de razones. Creo que una de las principales, donde se quiebra la
dirigencia, es el financiamiento. Porque obliga a un quiebre personal con
los empresarios, con los "fondos", con las estructuras de
violación de la ley. Montan aparatos para llegar y cuando alcanzan el
poder, perdieron todos los principios. Creo que hay que prohibir la
contribución empresaria y sancionar una buena ley de financiamiento público.
Estamos bajo la influencia del capitalismo de consumo. Cuando se empiezan
a consumir los valores, nada existe. Lo primero que deja de existir son
los principios y la gente empieza a ponerse precio a sí misma.
¿No se puede o no se quiere enfrentar a ese poder que consume principios?
Es una opción ética. Hay que vencer el miedo. Mucha gente quiere luchar
contra la pobreza: lo que no se bancan es enfrentarse a los poderosos. La
única manera de dar de comer a los pobres es develar la miseria de los
poderosos. Lo que pasa es que hay un aparato que se monta como algo
invencible. Pero es una construcción simbólica inventada por los
neoconservadores que se llama pensamiento único. Lo describe muy bien
Norberto Bobbio. ¿Cómo deconstruís un aparato simbólico? Con una lucha
cultural. Cada lucha que di en el Congreso fue por una cuestión cultural,
como en el caso Trovato. Yo instalé lo que se llamó "la cultura
menemista", el aparato simbólico donde se apoyó el gobierno de
Menem.
¿Y cuál es la cultura aliancista?
Una cultura no se desmonta por un cambio de gobierno sino por una lucha
cultural genuina, que nosostros no estamos dando. Acá se hizo una cuestión
estética de la transparencia, que en el fondo es una continuidad de la
misma cultura. Es la estética de la ostentación desembozada o la estética
de la austeridad medio burguesa, pero siempre es una apariencia. Desde el
momento en que Darío Lopérfido es secretario de Cultura está todo
definido. Un país que quiere dar la lucha cultural al menemismo no puede
poner a un chico que no tiene la escuela secundaria completa.
Dice que el gobierno traicionó un proyecto colectivo y que no quiere dar
una verdadera lucha cultural. ¿Por qué se queda en la Alianza?
Yo no estoy en la Alianza, yo soy radical.
¿Qué es ser radical? Usted no parece tener mucho en común con
correligionarios como López Murphy o De Santibañes
Soy radical por las causas fundacionales de mi partido. Creo en las luchas
contra el régimen, aunque el régimen sea el de mi partido. Creo en lo
que decía Yrigoyen, que a veces hay que rearmar la voluntad popular. Lo
único imperdonable es traicionar la voluntad de los pueblos. Por eso no
hay nada mejor que un buen peronista que ame a Eva o un buen socialista
que ame a Alfredo Palacios. Creo que en los partidos populares de la
Argentina no hay mayores diferencias si uno busca las causas de sus orígenes.
Así que soy profundamente transversal en lo político. Hay que caminar
juntos hasta que se dé un proceso de síntesis cultural de los distintos
movimientos históricos. Pero nadie reniega de sus orígenes, por eso voy
a ser radical toda la vida, aunque esté en la Agrupación para una República
de Iguales, con socialistas y peronistas que postulamos aniquilar el
Estado mafioso, refundar la República y distribuir el ingreso.
¿Por qué usted está más legitimada fuera que dentro de su partido?
No es fácil para un partido bancarse una mujer con liderazgo. Es
demasiado difícil para ellos, y yo los entiendo. Ellos jugaron a que yo
era invisible. Pero un día dije: "Soy visible. Voy a ser candidata
por Capital". Entonces tuvieron que reconocer que existo.
¿Y ahora que existe va a ser candidata?
Es muy difícil. Y si lo soy, lo seré por la Agrupación para una República
de Iguales. Tengo problemas éticos que no se superan fácilmente. Aunque
resido en Capital con mis hijos desde que me separé, no quisiera que
nadie de mi provincia sienta que lo abandono.
También puede ser candidata por el Chaco.
No voy a hacer concesiones. A mí no me cambia la vida ser diputada o
senadora. La verdad es que la escalera no me fascina.
¿Teme que le pase lo de Fernández Meijide, y todo sea apenas un romance
electoral?
A mí nadie me llevó al Cielo. No soy una construcción mediática, soy
mediática. Mi relación con la sociedad fue subterránea y persistente.
¿Cómo puede ser que tenga el 54 por ciento de imagen positiva en Buenos
Aires sin ser nunca titular de un diario nacional hasta hace dos semanas?
Así como en la vida, la carrera política de Carrió fue vertiginosa.
Lilita se casó a los 15, fue madre por primera vez a los 16, se separó a
los 18, se recibió de abogada a los 20, llegó al Poder Judicial a los 21
y a los 26 fue nombrada titular de cátedra en la carrera de Ciencias Políticas.
Hasta hace siete años, cuando dio su primer paso en la política, era una
ilustre desconocida a nivel nacional. Ahora encabeza las encuestas.
Si hoy se realizaran las elecciones para senadores, según un estudio de
Enrique Zuleta Puceiro, Carrió vencería con el 31,6 por ciento. Duplica
en intención de voto a Chacho Álvarez, triplica a Rodolfo Terragno y
cuatriplica a Domingo Cavallo. Pero no sólo eso: ese mismo estudio dice
que si hoy se eligiera presidente, también dejaría en el camino a Carlos
Ruckauf, José Manuel de la Sota, Carlos Reutemann y al mismísimo
Fernando de la Rúa. No sería la primera vez que Lilita supera al
mandatario radical. En los últimos comicios encabezó en el Chaco la
lista de diputados de la Alianza y ganó con el 58,63 por ciento, cuatro
puntos más de lo que sacó el candidato a presidente.
¿Cómo hace un dirigente para mantener los pies sobre la Tierra cuando su
popularidad sube al Cielo?
La oración, la oración, la oración. Te lleva a tomar conciencia de que
uno sólo puede ser un instrumento pasajero. Y hablo de la oración, no
del ritual. La oración es el camino a la interioridad más profunda del
hombre, y en esa interioridad está Dios.
A veces el paraguas de Dios parece demasiado generoso: lo invocan personas
tan distintas como Videla, Menem, usted...
Una cosa es la apelación y otro el testimonio. No es creyente el que dice
que cree en Dios, sino el que le da de comer a los pobres, el que asila al
forastero, el que lucha por la justicia y se banca la persecución. Yo soy
del Jesucristo de los pobres, las prostitutas y los pecadores. ¿Está? Es
el único Evangelio que tiene sentido.
¿No puede ser peligroso mezclar el discurso religioso con el político?
Lo que es peligroso es el fanatismo, del político ateo o del político
religioso. El fanatismo en religión es antirreligioso. Pero cada persona
es una sola, no puede escindirse, no hay dos campos. No creo en la religión
en el campo privado, como una cuestión de la intimidad. Yo debo
testimoniar determinadas cosas, lo que no puedo hacer es imponerles a
otros mi religión, obligarlos a creer.
¿Cómo se acercó a Dios?
Yo era agnóstica, tenía una visión muy sartreana de la vida, muy de que
cada uno construye su propia existencia. Los dramas personales me
produjeron una conmoción muy fuerte y ahora tengo una visión como de
signos. Cuando murió mi hermano yo ya no podía caminar más y, de
repente, Dios me levantó y me llevó.
El tema de la muerte sobrevuela toda la vida de Carrió. Cada hito de su
historia parece estar ligado emocionalmente a un acontecimiento trágico.
Ya habló -y se conmovió hasta las lágrimas- de la pérdida de un novio
y seis amigos. También de la de su hermano. Ella misma coqueteó con la
muerte tras un ataque de epilepsia: la internaron en estado de coma en la
terapia intensiva del Hospital Italiano. "Muchas veces no entendí la
muerte -dice-, hoy sé que es un tránsito. Mucho tiempo pensé que era el
abandono perpetuo. A veces tenía miedo de querer, por si moría el otro.
Pero ya pasó."
Ahora, hablará de la pérdida de su padre para explicar su llegada a la
política. Soslaya, tal vez, un acontecimiento fulgurante en su carrera pública:
su oposición desde una banca de la Convención Constituyente de 1994 al
Pacto de Olivos, firmado por Menem y Alfonsín, el dirigente radical que más
ama. Fue su primera rebeldía partidaria y también su trampolín.
¿Cómo se acercó a la política?
De casualidad. Siempre pensé que la política me había robado a mi
padre. Él amaba profundamente al radicalismo de Alem e Yrigoyen, que podría
emparentarse con otra fuerza moral de la República, el socialismo. Por mi
casa vi pasar a Frondizi y Balbín; Alfonsín estuvo en mi casamiento.
Pero hasta la Convención Constituyente, yo trabajaba en la carrera de
Ciencias Políticas, una docente que miraba la política como espectadora,
no militaba. Como era una profesora de Derecho Constitucional muy
respetada en mi provincia salió lo de la Constituyente, en el 94. Pensé
que iba tres meses y me volvía a casa. Pero cuando regresé a Chaco, se
hizo una encuesta de imagen, salí primera y distintos sectores de la
interna empezaron a presionar. Me resistí mucho, pero mi padre se enfermó
de cáncer y murió. Finalmente me convencieron mi mamá y mi hermano,
diciéndome que ése era el sueño de mi papá. Con todo ese cuento terminé
donde estoy. Tardé mucho en elaborar ese proceso y saber para qué
estaba, porque mi vida había sido el aula.
¿Y para qué está?
Lo entendí hace un año. Me parece que la gente me fue poniendo en
distintos lugares. Empecé como diputada, haciendo lo que sabía. Como mi
especialidad era el Derecho Constitucional, estuve en la Comisión de
Juicio Político, la de Asuntos Constitucionales, y ahí me fui metiendo
en los temas de lucha contra la corrupción. Pero siempre pensé que en
cuatro años me volvía a mi casa. Ahí se generó lo que se llama presión
del otro lado, donde vos ya no podés disponer mucho de vos mismo porque
si no el otro entiende que lo abandonás.
Pasó de ser profesora a política de nivel nacional, ¿cambió su visión
del escenario?
Absolutamente. Como académica era una espectadora de la política, hacía
análisis de procesos a la distancia. En cambio, la política como práctica
me trajo enormes conmociones personales. Me costó mucho adaptarme al
ambiente, al trato, a los climas.
¿Cómo son esos climas?
De mucho conflicto interno. A mí las conversaciones acerca de estrategias
electorales y políticas me aburren enormemente. A mí me gusta decir:
"Peleemos por esto, peleemos por la causa Trovato, la causa
Alderete". Me gustan las causas, no si fulano va de esto o de lo
otro. No es que no tenga ambiciones, pero si me llega, me llega...
¿Cómo se imagina como presidente, si le llega?
Como soy ahora. Suprimiría muchísimas cosas, como el protocolo.
¿Qué le hubiera dicho a Eduardo Escassany cuando le aconsejó al
presidente sostener a Pedro Pou al frente del Banco Central?
Yo no lo hubiera recibido y menos en Olivos. En todo caso, lo tendría que
recibir en la Presidencia.
Pero ser presidente implica consensuar...
Sí, pero hay que recibirlos en público. No en la intimidad. ¿De la Rúa
recibe a Moyano?
Usted le echa la culpa a la política de haberle robado a su padre, ¿no
teme que sus hijos le hagan el mismo reproche?
Seguramente sí. Pero yo después amé a mi padre como a nadie. El amor
salva todo. Uno tiene derecho a testimoniar la vida como cree: eso en mi
familia está permitido, cada uno debe hacer lo que quiere y el otro debe
bancar lo que el otro quiere.
¿Y Elisa Carrió qué quiere?
No sé. Hay días en que estoy obsesionada en demostrar quién se robó el
país. Pero, la verdad, mi sueño era vivir en una casa frente al mar, ser
profesora de Instrucción Cívica en un pueblo y ahí conocer a Dios.
Ahora estoy en esto y me fascina lo que hago. Dios sabrá por qué lo
hace. Mi destino debe estar en la política. Asumiré la responsabilidad
que me mande la sociedad, qué sé yo, diez años más, y después veré.
No soy ese hombre político que va a estar en esto a los 80 años.
ENCUESTA. FUENTE: IBOPE. CAPITAL FEDERAL. 400 CASOS.
FEBRERO DE 2001
¿A quién votaría hoy para presidente?
-Carrió 14,3 %
-Ruckauf 10,7 %
-De la Rúa 10,1 %
-Álvarez 7,7 %
¿A quién votaría para senador?
-Carrió 31,6 %
-Álvarez 17,7 %
-Terragno 10,9 %
-Cavallo 9,9 %
¿Cuál es el mejor candidato a senador para la
Alianza?
-Carrió 29,5 %
-Álvarez 23,5 %
-Terragno 14,0 %
-Felgueras 3,1 %
NUEVO LIDERAZGO
Por Enrique Zuleta Puceiro. Politólogo
El ascenso vertiginoso de Elisa Carrió al primer plano
de las expectativas colectivas no reconoce casi precedentes. Desde el día
en que Ángel Rozas la convocó para participar, en su carácter de catedrática
de Derecho Constitucional, en la lista de convencionales por el Chaco,
transcurrieron más de seis años, signados por exigencias y éxitos
formidables, muy por encima de sus propias expectativas.
A diferencia de las referencias obligadas de Álvarez y Fernández
Meijide, su figura no divide las aguas ideológicas. Tanto por pertenencia
social como por formación intelectual, Carrió se inserta en el espacio
cada vez más amplio de la Argentina moderada e independiente, con
posibilidades casi ilimitadas de expansión hacia derecha e izquierda. Las
encuestas evidencian un arco de apoyos sociales que atraviesa
transversalmente sectores de edad, niveles económico-sociales y
pertenencias ideológicas. Salvo un puñado reducido de adversarios políticos
recientes, casi no registra resistencias ni prejuicios como los que en su
día afectaron a Alfonsín, Menem, Álvarez o Fernández Meijide.
Lectora omnívora, transita con familiaridad por un espectro amplio que va
de Santa Teresa de Ávila, Kierkegaard o Camus a Sartre, Habermas o
Luhmann. Sus años de docencia, administración de justicia y el ejercicio
de la abogacía la convierten en una figura de consistencia casi
inigualable en el Congreso.
Su mayor fuerza es la que recibe del movimiento de profunda bronca
colectiva que desde hace tiempo embarga al país. Lilita aborda con
familiaridad casi todos los puntos centrales de la agenda social y sus
riesgos mayores son acaso los que plantea una sociedad todavía poco
dispuesta a afrontar los compromisos y costos que impone la construcción
cabal de una República.
LA QUE YO CONOZCO
Por Mempo Giardinelli. Escritor
Encuestas porteñas colocan a Lilita Carrió en el
primer lugar como candidata a presidenta. Y en el Chaco su buena imagen
supera incluso a la de Ángel Rozas, gobernador y otrora su amigo y
correligionario. Por su talento y firmeza de convicciones; su coherencia y
seriedad; y sobre todo por su presencia mediática, es una política
fenomenal y constituye, a la vez, un fenómeno político.
Puedo decir que la conozco de toda la vida porque mis padres fueron amigos
de sus abuelos maternos, don Plácido Rodríguez y doña María Pérez.
Los cuatro hijos de esa familia (Gallego, Pequeño, Lela y Nenucha) eran
como primos en mi casa. Y cuando Lela se casó en 1954 con Coco Carrió
-un fogoso dirigente de la Juventud Radical, hijo de inmigrantes radicados
en Quitilipi en los años 20- aquella boda fue un acontecimiento político
y familiar también para nosotros.
Tanto los Carrió como los Rodríguez fueron siempre lo que en las
provincias se suele llamar "gente conocida", es decir, familias
cuya genealogía se sigue y se aprecia o se critica. Además, en
Resistencia, Lilita siempre llamó la atención: fue la chica más linda
de su generación (por ella suspiraron decenas de chaqueños ahora
cincuentones). Hoy hay que celebrar que aquella chica preciosa se haya
convertido en una figura respetada y querida en todo el país por sus
ideas y su vehemencia.
Yo no sé si la siempre incierta, casquivana política nacional la
conducirá al codiciado sillón de Rivadavia. Pero sé que, aunque a veces
tengo diferencias de criterio con ella, siempre que nos encontramos el
cariño y la confianza nos acercan. Por eso creo que voy a seguir acompañándola
como hasta ahora: su presencia es refrescante para la política argentina
y yo confío, espero y deseo que Lilita nunca nos defraude.
LA PALABRA DE MAMÁ: "CUANDO ERA FLACA,
MATABA"
Por Gonzalo Álvarez Guerrero
Ella se llama María Elisa. Al revés de su hija
famosa, que es Elisa María. Le dicen Lela y a su hija Lilita. Su apellido
de soltera: Rodríguez. Pero usa el de casada: Carrió. Son distintas:
"Yo soy más flaca y más conservadora", dice la señora de risa
fácil, histórica dirigente de la UCR chaqueña. "No sé cómo hace
para vivir en Buenos Aires, sin dormir la siesta. Tendría que descansar
un poco la nena", recomienda, en su papel de madraza. Pero está
orgullosa: Lela también tiene carácter fuerte, independiente,
profesional, que desde hace cuarenta años trabaja en la función pública.
En solidaridad con su hija, acaba de renunciar como funcionaria,
"cuando el gobernador Ángel Rozas se peleó con Lilita". Y es
cierto que discuten de política.
¿Cómo ve a la Lilita política?
Muy temeraria y convencida de lo que hace. A veces se transforma en
obstinación. Es como que siente que tiene una misión. Tiene objetivos
claros y la formación precisa para cumplirlos.
¿Qué le critica?
La estética. Es una pena. Es muy linda y la gordura la deforma. Cuando
era más flaca, rompía corazones. Y ya se sabe: la buena presencia es
como un don que les damos a los demás. Se lo digo, pero no me hace caso.
Emocionalmente la noto vulnerable, es demasiado sensible.
¿Y espiritualmente?
Dice que no tiene formación católica, pero eso no es cierto. Ésta es
una familia católica. Lo que pasa es que ahora está inesperadamente
cerca de Dios. Yo creo que esto es un refugio, donde busca la fuerza para
emprender todo aquello que no parece natural. Es una de esas etapas de búsqueda
que tenemos todos.
¿Es cierto que discuten mucho de política?
Discutimos de todo (ríe)... y siempre, pero nos queremos mucho. Tenemos
personalidades muy definidas. Cuando hablamos en confianza nos llevamos bárbaro,
pero cuando una quiere avanzar sobre la otra ponemos un muro entre
nosotras. El arreglo es: yo no puedo ser una madre metida ni ella una hija
absorbente. Y ése es un punto de coincidencia, no de discordancia.
¿Heredó de usted el amor por la política?
Más bien me aboqué a la función pública, desde que me recibí a los 20
de maestra. Pero pertenezco a familia radical. Mi abuelo fue comisionado
municipal en Resistencia. Tengo un busto de Yrigoyen acá en el living, de
cuando era presidente. Lilita me lo quiere robar, pero va a quedar acá
hasta que me muera; después lo va a heredar.
¿Le da miedo que arremeta contra todos?
Hasta hace poco no tenía miedo. Pero últimamente noté que ella está más
temerosa, así que me preocupé. Lilita acarrea un irreflexivo valor.
¿Dejó su cargo en Chaco en solidaridad con ella?
Sí, en cierta forma. Rozas se portó muy mal. Sentí como una ofensa.
Pero yo aprendí a perdonar.
¿Lilita también sabe perdonar?
Ella todavía es más terminante con las rupturas.
¿Le gustaría verla con la banda presidencial?
Es contradictorio. Sería un gran orgullo, por ser mi hija y por ser
mujer. Pero estaría demasiado preocupada. Gobernar es dificilísimo. Creo
que para llegar a ese tipo de cúspides, tiene que estar rodeada de muy
buena estrella. Y no hablo sólo en términos de suerte.
¿QUÉ OPINAN DE ELLA?
Jorge Yoma. Senador PJ
Lilita es una gran legisladora. Para mí, es una de las mejores
parlamentarias que he conocido. Siempre tiene argumentaciones y
fundamentos maravillosos. Sus dictámenes son irreprochables. Siempre fue
medio agrandada, pero en el mejor sentido de la palabra. No se achica ante
nada.
Carlos Reutemann. Gobernador PJ
Más allá de nuestras diferencias ideológicas, es una mujer muy
luchadora y valiente, que además sabe de lo que habla. Es joven todavía,
no debería apurarse a definir su carrera política. Además sé que ha
dicho que soy buen mozo; eso también suma.
Irma Roy. Legisladora PJ
A mí me gusta, sobre todo porque es mujer y me gusta que las mujeres
trabajen y asuman el poder. Es una buena diputada, pero a veces exagera en
la exposición pública. Además, no entiendo cómo tiene tiempo de ir a
la iglesia y rezar todos los días, y encima dedicarse a las tareas para
las que fue votada.
Rosendo Fraga. Politólogo
Ha logrado llegar a la opinión pública porque la ve como la figura del
"antipolítico": asume posiciones comprometidas y dice lo que
los demás temen decir. En la Capital tiene condiciones para reeditar un
fenómeno político como fue Chacho Álvarez a mediados de los noventa y
Fernández Meijide a fines de la década.
Iván Noble. Músico
Desde hace un tiempo, como gimnasia personal, aprendí a desconfiar casi
absolutamente de los políticos. La única persona que me siento a
escuchar cuando habla es Elisa Carrió. Me parece creíble. Es el último
ejemplar de una especie en extinción, una política con la cual uno se
sentaría a comer.
Liliana Herrero. Cantante
Está muy ligada al modelo actual de hacer política a través de la
televisión. Y ella se atreve a hacer su denuncia a través de los medios,
para hablarle al pueblo salteando a la justicia. En estos momentos, Carrió
es la política más audaz.
Pepe Soriano. Actor
Se ha convertido en fiscal de la situación política y económica del país.
No la conozco en persona. Jamás hablé con ella. Ha tomado un compromiso
fuerte con la política. Yo le creo.
Mónica Gutiérrez. Periodista
Me impacta su enorme capacidad mediática. Tiene la capacidad de
"atravesar" pantallas, una gran capacidad conceptual y de síntesis.
Le creo cuando habla. Creo en su honestidad. Está jugando muy fuerte y
debe tener elementos. Lo que dice y hace en público siempre coincidió
con lo que dice y hace en privado.
CARRIÓ Y ELLOS
Fernando de la Rúa
"Lo respeté y le tuve un gran afecto. Pero eso ya terminó."
Raúl Alfonsín
"Voy a poder tener miles de discusiones e incluso podré estar
separada de Alfonsín. Pero mi amor entrañable por él no va a cambiar
nunca."
Chacho Álvarez
"Me parece una muy buena persona, pero creo que es espasmódico, que
no tiene perseverancia, que es gestual. Su renuncia fue irresponsable. La
política profunda no se hace de gestos. Toda esta corriente gestual de
los últimos tiempos fue una especie de menemización."
Graciela Fernández Meijide
"La critiqué mucho. Pero ahora la defiendo. Era un enorme error lo
que hacían con ella: la usaban y ella se dejaba. Yo decía que tenía que
crear un liderazgo más consistente. Ahora la defiendo porque es una mujer
a la que todos llevaron al cielo y después la tiraron."
Patricia Bullrich
"No deseo hablar de Patricia Bullrich. A esa señora la conocí
menemista y sigue siéndolo."
Zulema Yoma
"Quiero mucho a Zulema Yoma. Tengo un gran respeto por esa mujer, por
su dolor. Porque fue tratada como loca cuando en el país regía la
banalización y ella gritaba contra las mafias. Rezo por ella."
Rafael Pascual
"A él lo quiero reconocer públicamente. A pesar de que nunca voté
por él, no sólo me respetó sino que me protegió en momentos clave,
cosa que no hicieron mis amigos progresistas."
Carlos Ruckauf
"Ruckauf es un cínico."
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