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Discurso
de Elisa Carrió en la apertura del Encuentro
Nacional de Alternativa por una República de Iguales
en La Emilia, partido de San Nicolás
25 de Noviembre de 2001
Es
un gusto estar sentada al lado de un senador como Alfredo Bravo, que además
ha saludado a todas las maestras de CTERA.
En
primer lugar agradecerles la presencia y decirles porque nos encontramos y
por que queremos encontrarnos. Primero para festejar porque ya nacimos:
peronistas, radicales, socialistas, independientes, gente del PI, de la
democracia cristiana, gente de tanta militancia de origen social y político
distinto.
Claro
nos podían mucho más. Pero pelear por los principios no es fácil y
para tener muchos más votos eran necesarios muchos más medios y tener más
medios implicaba renunciar a los principios. Preferimos esto, sabiendo que
cada uno de esos votos no fueron comprados con el dinero de ningún
empresario o financista de la Argentina.
La
segunda, ¿por qué estamos juntos?. Aparte de festejar este nacimiento,
porque pudimos hacerlo desde la soledad y la pobreza franciscana. Porque
queremos estar todos juntos discutiendo la matriz que le vamos a proponer
al país.
Nosotros
no venimos a discutir acá, y yo le pido a cada uno la generosidad que sus
convicciones, sus principios y sus conciencias le exigen en esta hora tan
dramática para el país, que no vengamos a discutir las pequeñas
diferencias que nos desunen y las miserias personales que a veces nos atan
al pasado.
Venimos
a discutir como construimos el futuro.
Por eso le pido a cada uno de los militantes, de
cada uno de los lugares de este país que esta discusión de base sea por
la nueva matriz de la Argentina que nace y no por la viejas prácticas que
todavía nos desunen.
Eso será lo que le vamos a mostrar al país: o le
mostramos las viejas prácticas o les mostramos los nuevos principios. Si
le mostramos las viejas prácticas morimos al nacer. Si le mostramos los
nuevos principios empezamos a caminar recién nacidos.
Esto
debe salir del corazón de cada uno de nosotros.
Venimos
a discutir el movimiento. Somos un movimiento, más allá de las
organizaciones particulares que después tengamos cada uno y que son
absolutamente respetables, pero venimos a discutir un movimiento que nos
permita abrir aún más esto. La gran misión de los que estamos es seguir
abriendo el juego y no cerrarlo apenas nacimos. La gran misión de cada
uno es juntar al compañero y seguir juntando sobre la base de algunos
principios, que sí son irrenunciables. No se junta de cualquier manera,
porque cuando se junta de cualquier manera también viene el
amontonamiento.
Hemos
logrado cosas muy importantes. Miren de dónde parte esto. Todos venimos
de traiciones: el que es independiente y no ha militado en política viene
de la traición a su voto, el que ha militado amando profundamente -ese
amor que nunca se debe perder- a cada una de nuestras historias; venimos
de traiciones. Venimos de ver a nuestros compañeros, venimos de ver a
nuestros gobernantes. Venimos de ver a todo ese quiebre de muchos. Venimos
de ese dolor. Es importante nacer con dolor, porque sino uno se acostumbra
a la felicidad y después viene el éxito y ahí nos perdemos todo. Pero
cada uno viene trayendo esto.
Hoy
más que nunca está justificada nuestra existencia: lo que pasó el
martes, más allá de este señor que han liberado y su esposa
maravillosa, puso el punto donde está. Cada uno de un ochenta por ciento
de los argentinos, sintió que estaba suspendido en el aire y que todo lo
que estaba abajo se desmoronaba. Yo lo sentí al lado mío, con los chicos
que habían trabajado en la Comisión de Lavado, con la hormiguita que
juntaba pruebas por todo el mundo. Era como que frente a la lucha de
muchos nos decían: señores contra el poder no se puede, al poder no se
lo juzga. No podemos. Y sin embargo, miren que momento maravilloso para
la militancia, quizás es la prueba mayor de la militancia de los
principios, cuando todo se cae abajo lo único que sostiene a los hombres
son las convicciones. Y ahí uno entiende que en realidad, lo que nos dio
la vida es la posibilidad de pelear, no nos dio ni la derrota, ni la
victoria. No nos dio ni el éxito, ni el fracaso. Nos dio la vocación
humana, espectacular, de militar en las peores condiciones, por los
mejores sueños y aunque todo se caiga abajo. Y esa es siempre la
posibilidad de la victoria. Yo nunca tuve mayor convicción de que esta
batalla la ganábamos, inexorablemente, el día martes.
Pero
también supe que nosotros teníamos que lograr con testimonios personales
dentro de nuestro propio movimiento, empezar a cambiar la identidad de un
pueblo que no siempre acompaña con la perseverancia en todas las
batallas. En cada uno
de nosotros, cada uno de los militantes, pero también cada uno como
sociedad, no de los que perdieron todo, sino de aquellos a los que la vida
les dio muchas cosas tenemos que saber que sin perseverancia no se ganan
las batallas. La lucha por la libertad, la lucha por la justicia y la
lucha por la parición de un nuevo país no es una batalla para débiles,
no es una batalla para banales, no es una batalla para estar mirando la
imagen todos los días a ver si sube o baja. Es sólo y simplemente una
batalla diaria por las convicciones en cualquier condición y este es el
Movimiento del ARI.
Nosotros
no vamos a ser críticas a la corrupción de fulano o de mengano, no es
fulano o mengano. Es un régimen el que es corrupto. Es un régimen que
coopta y ha tomado todas las instituciones de la República. No basta con
que alguien este preso. Es necesario cambiar un régimen que devuelva
las instituciones democráticas a los hombres y mujeres de este país y
las ponga al servicio del pueblo. Y esto no es fácil. Este es
el primer punto que queremos empezar a discutir a la tarde, todos sabemos
el diagnóstico, por lo menos los que estamos acá y creo que en la
intuición colectiva también, que es lo que nos ha pasado.
Y,
creo, que todos sabemos cual es la medida de nuestra borrachera en las
distintas instancias. Es decir, en qué medida nos compramos el voto
cuota, en qué medida nos compramos el microonda, en qué medida no
quisimos ver, en qué medida quisimos saltar para adelante. Cada uno esto
lo sabe. Pero hoy debemos discutir entre todos qué matriz de nuevo país
queremos los militantes del ARI para
ofrecer a las argentinas y los argentinos. Este es nuestro deber.
Y no discutir en base a una cosa armada, sino decir vamos a discutir
cuatro o cinco matrices, vamos a discutir cuatro o cinco principios y
vamos a ver como discutimos concretamente cada una de las cosas, no desde
organismos técnicos, no desde un grupo de iluminados, sino desde las
bases sociales de este país. Tenemos que poder discutir la educación con
todos, con los maestros, con los padres, con los ciudadanos, con los filósofos,
con los políticos. Nadie tiene un saber superior al otro, todos
tenemos saberes distintos. Y de esos saberes distintos democráticamente
expresados tiene que venir nuestra propuesta en educación, en salud, en
economías regionales.
Muchos
pensaron por nosotros muchos años y miren donde estamos. En general
pensaron por ellos.
No
se preocupen cuando no dicen si no tenemos propuestas. Las propuestas
tienen que salir de la base y en segundo lugar la discusión debe ser de
la periferia al centro y no del centro a la periferia. En este Movimiento
debe valer la opinión de todos. Valiendo incluso más la de aquellos
compañeros militantes que viven en los lugares de extrema pobreza, donde
se ve quién padece el hambre realmente. Tenemos que poder cambiar la
historia de la discusión política en este país. Tenemos que poder
juntarnos entre todos.
El
otro punto que tenemos que discutir es: qué requiere de nosotros hoy el
país. Tenemos que discutir qué quiere de nosotros, no sólo ese millón
doscientos cincuenta mil argentinos que nos votaron, sino porque no fuimos
más. Qué nos está pidiendo. Y creo que nos está pidiendo que estemos
con ellos, que estemos en la calle, que estemos construyendo -no poder
interno- sino poder social.
Esto
tenemos que someterlo a discusión: si lo que va a ser nuestro horizonte
es construir poder social hacia fuera y fuerza militante hacia fuera que
contenga y lleve a la ciudadanía a la construcción de una nueva Nación,
de una nueva fundación republicana o si vamos a quedarnos enganchados en
la vieja historia de quien tiene más representatividad interna.
Yo quisiera que cada uno pudiera discutir esto diciendo: las legitimidades
se ganan en la calle y no en los comités, en las unidades básicas o en
los locales del ARI.
El
cuarto punto que tenemos que discutir es esta cuestión de que somos o
testimoniales o denunciantes. Es decir cuáles son los dos verbos, cuáles
son las dos acciones que tenemos que definir como parte del movimiento.
Ocurre que si uno no resiste y no combate, en realidad la salida para el
proyecto, no es discutir en el escenario cínico de los que hicieron
propuestas y campaña en contra de Cavallo hasta el día después de las
elecciones y hoy apoyan de nuevo a Cavallo en el Parlamento es una
mentira.
No
se sale sin memoria. No se sale sin demoler lo más perverso del régimen
que construyó el genocidio social de los noventa. Por eso hay dos verbos
que debemos analizar: resistir y construir.
Sin que ninguno de los dos tenga prevalencia sobre el otro. En la
resistencia, en la lucha por la demolición y en la construcción paralela
por un nuevo país, en estos dos verbos tenemos que discutir. Cómo
resistimos, cómo construimos y cómo hacemos las dos cosas al mismo
tiempo sin desfallecer.
La
otra cuestión es con quién construimos. Porque hoy en la Argentina todo
el mundo convoca a todo el mundo, es una cosa maravillosa. Creo que ahí
debemos establecer, el mantener nuestras identidades históricas. El ARI
debe ser un Movimiento dónde cada uno respete y ame profundamente la
identidad histórica del otro.
No somos nacidos de un repollo, no somos una nueva fuerza política,
somos, en todo caso, una fuerza política y social que viene desde la
intransigencia en la reivindicación social de Eva, desde la
intransigencia en la lucha por la República de Alem, que viene de la
intransigencia en la lucha por la defensa de los principios de Palacios,
que viene, no de los discursos del pasado, porque los discursos son
maravillosos todos -sólo basta escuchar a Moreau- .
Hay
que poder decir que lo que debemos ser es una acción, pero una acción
donde se defina la ética de esa intransigencia. Y debemos discutir entre
todos: ¿qué es ser intransigente? Porque algunos pueden creer que ser
intransigente es ser sectario, y algunos pueden creer que ser
intransigente es pedirle certificado a cada uno que ingrese al ARI. Hay
que ser intransigente en la acción compartida, pero no hay que usar la
intransigencia para excluir a los mejores del ARI.
De
modo tal que hay que poder conciliar una enorme intransigencia en la acción,
ese respeto histórico, y una enorme generosidad en la acumulación. Pero
saber, que no podemos aceptar convocatorias a escenarios cínicos de
gatopardismo naciente. Que si cada uno sintió el dolor y el duelo de irse
de algún lado, no es para volver a juntarse con los que nos expulsaron
moralmente, porque sólo somos progresistas.
Si
todos hubiéramos votado en forma progresista, quizás hubiera habido un
gran acuerdo nacional para sacar la miseria de este país, y lo que hubo
fue un pacto con Cavallo y con el régimen.
Y
en esto tenemos que definirnos. Tenemos que definirnos con una enorme
generosidad en la convocatoria y en el diálogo, pero guarda con meternos
en el gatorpardismo que nos lleva inevitablemente al pasado.
Y
en esto también tenemos que definir si sólo vamos a ser un mero proyecto
de poder para acceder a los cargos o si tenemos que ser un proyectos de
principios que busque el poder que es una cosa distinta.
Porque
definir esto es también definir que, a lo mejor, no lleguemos al poder
nunca. Y si esto nos importa o no nos importa. Es también poder
definir que la lucha puede ser más corta o más larga, pero que no
debemos dejar ningún principio en la marcha, sólo por llegar a una
presidencia.
Esto
se los digo de todo corazón, y les agradezco cuando hablan de mí, pero
puedo ser yo o puede ser otro; si cambia el régimen no importa quién
sea Presidente, pero si no cambia, no vale la pena ser Presidente de este
país.
Pero todos tenemos que tener claro, que nuestra
pelea puede ser más larga que lo esperado, todos tenemos que tener claro
que todos van a apuntar contra nosotros o por fundamentalistas, o por místicos
o por sectarios. Porque en realidad lo mejor que les puede pasar a muchos
es que el régimen continúe, no importa quien gobierna si los negocios
son compartidos.
Creo que esto tenemos que definirlo para que surja
una fuerza de resistencia que sea capaz de tomar el éxito sin desmesura,
pero que también pueda tomar la derrota sin decepcionarse. Porque va a
haber muchas derrotas y muchos éxitos en el camino, de esto tenemos que
estar absolutamente concientes. Más de uno lo único que le puede
importar es ser diputado, de que sirve ser diputado sino podés cambiar la
historia.
Tenemos
que hablar, en quinto lugar, de la matriz. Es decir cómo pensamos y cómo
le mostramos a la Argentina, una Argentina que se piense ella misma desde
un lugar diferente. Es
obvio que no la podemos pensar más desde ninguno de los lugares desde
donde hoy se la piensa.
Pensarnos
desde distinto lugar, que ya nos empezamos a pensar al juntarnos y al
deponer nuestras diferencias e incluso los privilegios que cada uno de
nosotros podía tener en el seno de nuestros respectivos partidos, implica
analizar como tenemos que empezar a analizar como empezamos a trabajar con
el testimonio una nueva identidad colectiva.
Porque
todo lo que nos ha pasado no es sólo por usurpación, si pudimos ser
traicionados tantas veces es porque algo en nosotros mismos, en todos los
argentinos permitió la desmemoria. Algo de nuestra propia identidad,
permitió la desmemoria, que el gobierno de José Alfredo Martínez de Hoz
se reiterara en los ´90 y que Cavallo sea aplaudido en Marzo de este año,
aunque hoy sea vilipendiado.
Algo de nuestra propia identidad colectiva como
argentinos debemos cambiar, y debemos cambiarla con el testimonio. Esta
cuestión vaga de que el pueblo nunca se equivoca, en realidad todos nos
equivocamos todos los días, porque el pueblo no se va a equivocar. Que
quiero decir: lo que tenemos que analizar como pueblo son tres cosas que,
me parece tendríamos que discutirlas y que me gustaría que salga de la
discusión de hoy: qué nos pasa con la memoria, qué nos pasa con la
perseverancia y qué nos pasa con la solidaridad. Ni tenemos memoria, ni
perseveramos en la lucha ni somos solidarios con el otro. Y sin memoria no
hay justicia porque no hay verdad, y sin solidaridad con el otro, sin
duda, lo que prima es este individualismo cínico que tantas veces se
expresa.
Tenemos
que poder discutir la nueva matriz institucional. Todos creemos
profundamente en la República y en la democracia, pero tenemos que ver
como liberamos las instituciones de la República de la cooptación oligárquica
a la que esta expuesta vía el bipartidismo, el financiamiento espúreo de
la política, los sobornos. Hay que hacer una tarea de rescate de las
instituciones democráticas. ¿Hoy la Corte expresa la República? ¿Hoy
el Parlamento expresa la República? ¿Hoy De la Rúa expresa la República?
En realidad expresa un Estado cooptado por los intereses particulares de
los que se robaron el país.
La
cuestión es como liberamos instituciones cautivas, y liberar
instituciones cautivas se liberan por la práctica y también se libera
con la reforma. No hay que tener miedo: hay que empezar a decir las
cosas que hay que hacer. Si hay que ir a un nuevo contrato social, si hay
que ir a una nueva Reforma Constitucional que ponga en comisión a los
Jueces de la Corte Suprema de Justicia de la Nación y a muchos jueces,
hay que hacerlo.
Si
hay enclaves corruptos hay que liberarlos. Porque el día que liberemos
las instituciones cautivas, vamos a liberar a un pueblo cautivo de las
instituciones. Hoy tenemos un pueblo cautivo de aquellos acuerdos, de
aquellos pactos y el aire se está haciendo irrespirable. Pero tenemos que
empezar a decir concretamente a qué contrato vamos, a qué comportamiento
vamos y a qué liberación que es para más República y para más
instituciones, pero como vamos.
Y si hay que ser duros, hay que ser duros. Se terminó ese reformismo en
el que yo misma creía, de que los hombres se auto-purifican. Los hombres
son como los maridos, no cambian.
Tenemos
que poder discutir la matriz federal. Acá somos muchos los
provincianos. La cuestión federal hay que resolverla no alabando
solamente a las provincias, hay que poder entender, y lo sabemos muy bien
los provincianos, que los regímenes de corrupción e impunidad se
reiteran al infinito en las provincias y la batalla que ustedes tienen que
dar en cada una de sus provincias es como liberar sus propias
instituciones provinciales cautivas de los intereses de las empresas
constructoras y de los gobernadores, para desde ahí reformular un
país. No es el país y el interior. Todos somos el país o los
provincianos no somos el país. No hay Capital e interior, hay un país
que debe ser fundamentalmente unido, pero donde el criterio oligárquico
de aquel que vive más lejos piensa menos debe ser desterrado para
siempre. Cuando yo llegué a la Convención Constituyente del ´94, un
convencional de la provincia de Buenos Aires me dijo: yo no sabía que en
el Chaco había libros. Y no es para reírse, porque la persona no lo dijo
para herirme, lo dijo para alabarme y en el fondo hay ahí un enorme
prejuicio de que las neuronas nacen distintas según el territorio geográfico.
Una cuestión que también tenemos los argentinos con el resto de Latinoamérica.
Los argentinos creemos que haber nacido en la Argentina no otorga neuronas
diferentes que a los que nacen en Paraguay o Bolivia y en el fondo creemos
que nuestras neuronas están muy cerca de los mejores barrios de París,
salvo este cambio que se hizo a partir de Cavallo y Roque Fernández dónde
las mejores neuronas están en Chicago.
Tenemos
que ir a la cuestión federal haciendo una gran autocrítica de cómo
funcionaron muchísimas de nuestras instituciones en las provincias,
porque si los pactos funcionan en la Nación, ustedes no saben como
funcionan en las provincias.
Es
decir, no hay cuestión federal que no sea la gran cuestión nacional.
Tenemos
que discutir la matriz socioeconómica. Esa matriz en la que ya están
trabajando. No hay compatibilidad entre este régimen económico,
social y político y una salida.
Hay
una salida, pero es una nueva matriz de identidad, una nueva matriz
institucional y una nueva matriz económica. No es gatopardismo.
No es como hago alguna cuestión en materia de reintegro de las
exportaciones, es como modificamos sustancialmente la distribución del
ingreso en la Argentina y el modo de acumulación. Y esta no es una cuestión
de dos o tres resoluciones.
Tenemos
que hablar de la reforma política. Tiene que haber un compromiso: señores
si esta matriz económica y social fue posible –hay que decirlo
claramente- fue porque la complicidad del sector privado y público vino
de la mano del financiamiento espúreo de la política.
Hoy hay un Macri con licuación de pasivos. De lo que nadie habla, porque
el silencio a que nos someten tiene que ver con la estatización de la
deuda privada que se ha cometido de nuevo en los últimos decretos. Pero
como no le van perdonar a Macri con lo que ha financiado.
En
este punto tenemos que ser muy duros y el camino puede ser muy lento.
Saben porque podemos estar todos juntos y les podemos decir a todos lo que
les seguimos diciendo, porque uno puede ser de izquierda o de derecha
en este país, lo que uno nunca puede dejar de hacer es de hociquear a los
grandes empresarios y financistas treinta días antes de las campañas. Si
no lo haces son enemigo en serio. Mientras tanto podés jugar, si les
pedís y hociqueas podes jugar con ellos, hasta podés criticarlos, pero
cuando no pedís, entonces sos enemigo en serio y todos nosotros tenemos
que tener conciencia que esta pelea es muy dura porque los tipos quieren
que hociqueemos y nosotros no vamos a hociquear.
Por
último, tenemos que poder darle un mínimo de organización a este
movimiento y esa organización tiene que ser absolutamente abierta,
absolutamente democrática y absolutamente federal. Acá nadie tiene que
poder decidir desde un bloque de diputados nacionales, por más bien
representado que esté, solos porque sería oligárquico.
Acá
tiene que haber una Junta Promotora Nacional donde estén representados
todas las provincias y las organizaciones sociales, para que las
decisiones más importantes sean tomadas fácilmente, sean evaluadas, pero
sean tomadas democráticamente por todos.
La
existencia de liderazgos, no pueden significar la existencia de oligarquías.
Los liderazgos sirven en la democracia, si sirven para abrir el juego y no
para cerrarlo. Ojalá que podamos constituir esa Junta Promotora Nacional,
pero tampoco vamos a tomar la decisión acá, si no que cada uno debe
volver a las provincias, para que democráticamente se elijan a los
representantes.
En esta Junta Promotora, donde nosotros queremos
poner en discusión la presencia de los diputados nacionales, porque son
los que finalmente instrumentamos desde las bancas las distintas
propuestas. También tenemos que ver cómo se van armando estas Juntas en
las distintas provincias, pero sobre esto cada uno de nosotros va a bajar
a cada una de las provincias, va a recorrer las provincias, para que
aquellas cuestiones que deben resolverse en los marcos locales se
resuelvan de la mejor manera allí.
Hoy
es tiempo de decir a dónde vamos, con qué intransigencia vamos y con
quienes hablamos. No es tiempo de decir cómo nos peleamos nosotros en
cada una de las provincias. No tengan miedo, nosotros con los problemas
que tenemos, tenemos los típicos problemas de crecimiento, entonces a uno
le duele la pierna, a otro la cabeza; no tengamos miedo a eso, pero yo
–para terminar- hago una apelación a cada uno de ustedes, y pido que lo
transmitan a cada militante en cada provincia, de nuestra generosidad, de
nuestro propio renunciamiento, de nuestra hombría de bien depende nuestro
futuro. Yo les pido en nombre de todos nosotros, los que integramos el
Bloque de Diputados Nacionales, les pido que interpreten algo, yo nunca
hablo del mal, pero me parece que el mal es la mezquindad, si cada uno de
nosotros puede sacar de adentro aquello que torna al otro en un potencial
enemigo o competidor va a haber lugar para todos y de sobra.
Si
cada uno de ustedes sale a la calle, no a pelearse con un compañero del
ARI, sino a pelear por la suspensión de las ejecuciones de las mujeres y
hombres del campo, todos vamos a estar. Si por el contrario, en esta
decisión que es democrática y es de todos, prevalecen nuestros propios
rencores contra los otros, nosotros seremos los únicos responsables de
haber traicionado la voluntad popular que quiere una Argentina distinta,
sin mezquindades, con verdad, con justicia y con República.
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